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Etnográfica

versão impressa ISSN 0873-6561

Etnográfica vol.29 no.1 Lisboa abr. 2025  Epub 30-Abr-2025

https://doi.org/10.4000/13fpp 

Artigo original

El difícil equilibrio entre trabajo y vida: arreglos para el cuidado de tres generaciones de migrantes caboverdianas

The difficult balance between work and life: care arrangements in three generations of Cape Verdean migrants

Keina Espiñeira González1  , conceptualización, metodología, investigación, análisis, redacción
http://orcid.org/0000-0003-0366-2467

Belén Fernández-Suárez2  , conceptualización, metodología, investigación, análisis, redacción
http://orcid.org/0000-0002-5001-8538

Antía Pérez-Caramés3  , conceptualización, metodología, investigación, análisis, redacción, adquisición de fondos
http://orcid.org/0000-0002-6295-0613

1 Universidade da Coruña e integrante del Equipo de investigación Sociedades en Movimiento (Esomi), España, keina.espineira@udc.gal

2 Universidade da Coruña e integrante del Equipo de investigación Sociedades en Movimiento (Esomi), España, belen.fernandez.suarez@udc.gal

3 Universidade da Coruña e integrante del Equipo de investigación Sociedades en Movimiento (Esomi), España, antia.perez@udc.gal


Resumen

La conciliación de las esferas personal, laboral y familiar de las personas migrantes es un tema emergente en los estudios migratorios de mano de conceptos como el de familia transnacional o las cadenas globales de cuidados. En esta contribución analizamos las estrategias que despliegan varias generaciones de mujeres migrantes caboverdianas residentes en Galicia para hacer frente a sus empleos y a los trabajos domésticos y de cuidados de sus hogares. Se hace una especial consideración al papel que juegan el ciclo migratorio, los nichos laborales y la familia extensa en el tipo de estrategias de conciliación resultante. Esta investigación se sustenta sobre una etnografía multisituada con familias migrantes caboverdianas entre la isla de Santiago en Cabo Verde y la localidad gallega de Burela.

Palabras clave: cuidados; familia transnacional; migración caboverdiana; cadenas globales de cuidados; conciliación

Abstract

The reconciliation of the personal, work and family spheres of migrants is an emerging issue in migration studies, with concepts such as the transnational family and global care chains. In this contribution we analyse the strategies deployed by several generations of Cape Verdean migrant women living in Galicia to cope with their jobs and the domestic and care work in their households. Special consideration is given to the role played by the migratory cycle, labour niches and the extended family in the type of work-life balance strategies that result. This research is based on a multi-situated ethnography with Cape Verdean migrant families between the island of Santiago in Cape Verde and the Galician town of Burela.

Keywords: care; transnational family; Cape Verdean migration; global care chains; reconciliation

Introducción

Los cambios en los patrones migratorios, con más mujeres emigrando en las últimas décadas que en el pasado, provocaron cambios sociales, económicos y en los roles de género que han permitido a las mujeres beneficiarse de oportunidades laborales y educativas tradicionalmente reservadas a los hombres (Challinor 2017). Esta transformación puede observarse con interés, y desde una perspectiva longitudinal, a través de distintas generaciones de la comunidad caboverdiana que se ha asentado en Burela, localidad situada en la costa norte de la provincia de Lugo, en Galicia (España).

Burela, un municipio semirrural, es uno de los asentamientos históricos de la comunidad caboverdiana en España. Este lugar es conocido por su industria pesquera y es uno de los mayores puertos de pesca de atún de Europa. En 2021 contaba con 9428 habitantes (INE 2021), representando la población extranjera más del 20%. La economía local se basa en la pesca, las conservas, los astilleros y la madera, con un sector de servicios relevante en áreas como salud, educación, comercio y hostelería.

La inmigración masculina en los años 70, ligada a la pesca, dio lugar a la posterior reagrupación de sus esposas en los 80 y 90, equilibrando la migración por género. La demanda laboral en sectores feminizados en Galicia atrajo a mujeres inmigrantes para trabajos en hostelería, limpieza y cuidado de niños y ancianos. Inicialmente, enfrentaron dificultades administrativas y recurrían a empleos informales, pero obtener un contrato, con apoyo familiar, facilitó la migración independiente de mujeres. La mejora en las comunicaciones permitió un contacto continuo entre el país de origen y destino, lo que favoreció la gestión de problemas económicos y de cuidados en las familias transnacionales.

La migración caboverdiana en Burela es un caso que nos permite analizar las cadenas globales de cuidado. Las mujeres que dejaron atrás a hijos e hijas, así como a otros miembros de la familia extensa, los pusieron al cuidado de mujeres que formaban parte de su grupo doméstico (Drotbohm 2013). Por otro lado, las migrantes caboverdianas de Burela se ocupan de sus propias familias y trabajan en el cuidado de hogares en el país de destino. Dándose de este modo una organización transnacional de la atención para las familias tanto en el país de destino, como para con las personas que permanecen en origen, principalmente niños y niñas, familiares, personas en situación de dependencia. Cabo Verde no cuenta con un sistema nacional de asistencia que apoye el cuidado de niños y ancianos dependientes (Furtado 2021). Además, los hombres caboverdianos no se responsabilizan del trabajo de cuidados, lo que se ha denominado paternidad ausente (Rodrigues y Cortés Maisonave 2013).

Las mujeres migrantes caboverdianas en Burela son las verdaderas gestoras de las remesas económicas e inmateriales enviadas por las familias. Las exigencias a las madres caboverdianas para mantener económicamente a sus hijos son mucho mayores que las de los hombres (Åkesson 2011). También son las encargadas de organizar las visitas de los familiares del país de origen y de los preparativos cuando la familia regresa de visita a Cabo Verde.

Ante estos procesos de cuidados transnacionales en los que las mujeres tienen un papel totalmente central como proveedoras, la cuestión de la conciliación de las esferas personal, laboral y familiar en el país de destino ha sido relativamente poco abordada. El caso particular de la migración caboverdiana ha sido tratado en la literatura, especialmente en Portugal, no obstante, ha sido explorado en menor medida en otros territorios donde está asentada la diáspora caboverdiana, como es el caso de Burela.

Esta realidad nos ha llevado a examinar los modos en los que las familias se organizan para conciliar empleo y cuidados, poniendo el foco en las madres migrantes. ¿Qué estrategias despliegan para hacer frente al empleo y a los cuidados? ¿Cómo se transmiten estas estrategias de conciliación? ¿Qué concepciones entran en disputa con las generaciones más jóvenes? A través del estudio realizado en esta contribución abordamos estos interrogantes acerca de la conciliación con el objetivo también de concebir desde una perspectiva feminista los procesos a través de los cuales se ponen en tensión estrategias que tienen que ver con concepciones más comunitarias del cuidado, con la delegación de este y su transnacionalización.

El análisis se centra en casos representativos de tres generaciones de mujeres caboverdianas desde una aproximación que tiene un doble carácter longitudinal favorecido por la larga trayectoria de arraigo de la comunidad caboverdiana en este municipio, aspecto que nos permitirá considerar los cambios en los patrones de cuidados en las distintas generaciones, pero también cómo estos se han transformado a lo largo del tiempo y del ciclo vital de las familias migrantes.

La metodología que sustenta esta investigación consiste en una etnografía multisituada con cinco familias migrantes caboverdianas entre la isla de Santiago y la localidad de Burela. La investigación empírica se basó en la realización de entrevistas en profundidad en diferentes destinos, así como en el espacio de origen, con la inquietud de trazar cómo los grupos domésticos se extienden y conectan diversos países.1 Las mujeres entrevistadas pertenecen a distintas generaciones y están vinculadas por lazos de parentesco, lo cual proporciona también el enfoque longitudinal.

El trabajo de campo se realizó entre los años 2021 y 2022, contando con el conocimiento previo del trabajo de largo recorrido realizado por Luzia Oca (2013) con la comunidad caboverdiana en Burela. El proceso de trabajo etnográfico se llevó a cabo seleccionando inicialmente un grupo familiar por cada generación migrante en Burela, realizando entrevistas semiestructuradas acerca de bloques temáticos como los cuidados, las remesas e inserción laboral en destino. En cada uno de los grupos familiares se entrevistó a varias de sus integrantes, de diversas generaciones, tanto en la comunidad de destino, Burela (Galicia, España), como en origen, la isla de Santiago en Cabo Verde. De los casos abordados, se han seleccionado tres familias para el análisis específico de los resultados que se presentan en este artículo, centrando el análisis en las estrategias de conciliación de las mujeres de diferentes generaciones asentadas en Burela.

El presente artículo cuenta tres apartados además de la presente introducción, una presentación de la literatura sobre cuidados transnacionales e inmigración femenina, y más concretamente sobre el papel de las mujeres caboverdianas y sus estrategias de conciliación para afrontar estas tareas reproductivas. En segundo lugar, se presentarán los resultados de la investigación que señalan las estrategias de conciliación y cuidados de las distintas generaciones de mujeres residentes en Burela. Para finalizar, se realizarán unas breves conclusiones sobre los principales hallazgos encontrados.

La vida familiar de las mujeres migrantes: un estado de la cuestión

La preocupación por las implicaciones de la división sexual del trabajo en las vidas de mujeres y hombres emerge de manos del feminismo de la tercera ola en los años 70, que indaga especialmente en lo que sucede en el espacio privado-doméstico y sus consecuencias para las mujeres. De esta inquietud inicial, la problemática deviene poco a poco central en los estudios en ciencias sociales y, especialmente, como área de intervención desde la política pública, la conciliación de las esferas personal, laboral y familiar. A partir de aquí, el abordaje de la cuestión relativa al equilibrio trabajo-vida se realiza frecuentemente desde una perspectiva práctica, más centrada en disolver las barreras que dificultan la compatibilización de los trabajos productivos y reproductivos por parte de las mujeres que en la erosión de los ejes de desigualdad genéricos, pero también raciales, que están detrás de este conflicto capital-vida (Pérez Orozco 2014). Es quizás ésta la razón que explica que las investigaciones sobre conciliación personal, laboral y familiar hayan abordado poco las particularidades a este respecto de las familias migrantes, y también que ésta no haya sido una cuestión central en los estudios migratorios (Santero y Naldini 2020). De hecho, en este ámbito las investigaciones se han centrado más en el papel del trabajo de las mujeres migrantes como una estrategia facilitadora de la conciliación para los hogares nativos (ver Bettio, Simonazzi y Villa 2006; Agrela Romero 2012), o también en la particularidad que para la organización de los cuidados supone la formación de familias transnacionales (Wilding y Baldassar 2014). Escasean, pues, los estudios que indagan en cómo se organizan aquellas familias migrantes que se instalan en el país de destino y despliegan aquí sus estrategias para compatibilizar el trabajo remunerado con el doméstico y de cuidados en el interior de sus hogares.

Esta opacidad en torno a las prácticas de conciliación de esferas por parte de las familias migrantes también puede deberse al hecho de que, al emigrar, muchas personas dejan a sus criaturas y familiares en situación de dependencia en el país de origen al cargo, habitualmente, de otras mujeres, reforzándose así los ejes de desigualdad de género a través del desarrollo de cadenas globales de cuidados (Hochschild 2014). Esto conlleva que la conciliación se resuelva a través de una especialización de espacios: el lugar de destino es donde se realiza el trabajo productivo, confinándose lo reproductivo al lugar de origen. No obstante, no todas las familias migrantes se organizan igual. Y, además, muchas personas migrantes han optado por instalarse en el país de acogida y desarrollar sus proyectos familiares en éste, ya sea a través de la reagrupación familiar, o bien teniendo descendencia allí. En estos casos, la pregunta acerca de la conciliación resulta especialmente relevante. De hecho, a juicio de Peterson (2011), sólo es cuando las familias migrantes se asientan en el país de destino y las generaciones se desarrollan que se evidencia que tanto las políticas públicas en materia de conciliación, como los discursos al respecto privilegian a las mujeres blancas, heterosexuales y de clase media frente a otras mujeres (de clase trabajadora, migrantes, madres solas…). En efecto, y como señala la autora, los estados de bienestar como el español asumen que la forma de organización social mayoritaria consiste en un hombre ganapán y una mujer cuidadora, y sobre ella regulan los derechos sociales, excluyendo, de este modo, a quien se sale de este molde. A esto se suma que tanto el marco regulatorio derivado de la condición de extranjería, como los nichos de empleo de las mujeres migrantes dificultan el acceso a servicios que tienen unos horarios restringidos, por lo que ya muchas mujeres migrantes recurren a estrategias múltiples que, en ocasiones, limitan su participación laboral (Bonizzoni 2014; Sánchez-Domínguez y Guirola Albenza 2021) y suponen un ajuste de sus expectativas de movilidad social en este ámbito (Doyle y Timonen 2010).

De hecho, uno de los sesgos que tienen los trabajos sobre la vida familiar de las personas migrantes es su concentración en el análisis de las prácticas que llevan a cabo las mujeres migrantes, siendo mucho más escasos aquellos que incluyen a hombres o se centran en estos. Habiéndose constatado en numerosas investigaciones la existencia de una distribución desequilibrada de los trabajos domésticos y de cuidados en el seno de las parejas de migrantes (ver Fendel y Kosyakova 2023), el interés se desplaza entonces hacia las estrategias que ponen en marcha las mujeres para hacer frente al empleo y a los cuidados y, en este marco, se presta una especial atención a las madres migrantes.

Así, en el análisis de Bonizzoni (2014) sobre las estrategias de conciliación de las madres latinas en Italia, la autora apunta a varios elementos que la hacen especialmente complicada. En primer lugar, el estatus administrativo irregular de algunas de estas mujeres limita en ocasiones su acceso a prestaciones sociales como escuelas infantiles. Además, los horarios laborales de los empleos en los que se ocupan estas mujeres (trabajando de interna, con turnos de noche, con una elevada intensidad horaria, etc.) hacen imposible atender a una criatura. De hecho, en el ámbito de los estudios migratorios predominan aquellas investigaciones que se han centrado en cómo se puede llevar una vida familiar en empleos como el de trabajadora doméstica, en ocasiones haciendo uso del enfoque del derecho a la vida familiar (ver Kontos y Bonifacio 2015).

No obstante, algunas investigaciones apuntan a que precisamente estos empleos pueden ofrecer una mayor flexibilidad horaria (Peterson 2011). Sin embargo, en general, la segregación laboral a la que se enfrentan las mujeres migrantes en los países de destino, enclaustradas en sectores como la limpieza y los cuidados o la hostelería, es uno de los principales escollos a la conciliación, lo que nos remite a “la necesidad de examinar con más detalle la interconexión de la migración con las políticas de cuidados, la regulación de la reunificación familiar y las políticas laborales” (Doyle y Timonen 2010: 48). Maria Kontos (2012) apunta precisamente a que la demanda de trabajadoras migrantes para los cuidados en el seno de la familia se articula a través de su desfamiliarización, con vistas a hacerlas trabajadoras más disponibles temporal y emocionalmente.

Las madres migrantes caboverdianas enfrentan limitaciones en su red de apoyo en el país de destino, lo que restringe su acceso al cuidado informal. Una estrategia que emplean es fomentar la madurez y emancipación tempranas de sus hijos/as, para que puedan quedarse solos/as y cuidar de sus hermanos o incluso contribuir económicamente desde una edad temprana. Según Sánchez-Domínguez y Guirola Albenza (2021), esta falta de recursos informales y la incapacidad de pagar cuidados coloca a las mujeres migrantes en una situación de mayor vulnerabilidad laboral en comparación con las nativas. Además, la dimensión temporal de la migración muestra que las primeras generaciones tienen redes de apoyo más limitadas, a diferencia de las siguientes, que cuentan con redes más sólidas, lo que también puede influir en los cambios de valores sobre el cuidado (Wall y São José 2004; Challinor 2015b).

La estructura familiar en Cabo Verde es diversa y dinámica, con una fuerte presencia de sistemas matrifocales, donde las mujeres, especialmente las madres, asumen roles centrales en la organización y sustento de los hogares debido a la emigración masculina y la precariedad económica (Martins y Fortes 2011; Lobo 2012, 2014; Fortes 2015, 2016). Laurent (2020) describe este modelo familiar como un sistema machi-matricentrado, donde los hombres mantienen libertad sexual sin reproche social, dejando a muchas mujeres sin apoyo masculino en la crianza de sus hijos. Estas familias, a menudo lideradas por mujeres, son calificadas como “desestructuradas” por ciertos discursos institucionales (Fortes 2016). Desde una perspectiva feminista, Lobo (2012) y Fortes (2015, 2016) critican el modelo patriarcal binario, destacando la participación activa de las mujeres en la construcción identitaria y en la educación de sus hijas, lo que impulsa la movilidad social y el empoderamiento de futuras generaciones. Sin embargo, esta situación refleja tensiones entre la dedicación materna y el deseo de autonomía (Fortes 2016). Además, Lobo (2022) y Silva (2021) subrayan que las expectativas de género y los juicios morales afectan especialmente a las mujeres jóvenes.

En el caso concreto de las migraciones caboverdianas, la cuestión de la organización de los cuidados ha sido estudiada principalmente para el caso de la corriente que se dirige a la antigua metrópolis, Portugal (Wall 2008; Neves 2022), y analizando específicamente la experiencia de la maternidad transnacional (Challinor 2011, 2015a; Åkesson, Carling y Drotbohm 2012 para el caso estadounidense; Drotbohm 2015). Esta cuestión ha recibido menos atención académica en otros contextos de asentamiento de la diáspora caboverdiana como Estados Unidos, Francia o, en el caso de esta contribución, España.

En una de las investigaciones del ámbito portugués, Peixoto et al. (2006) identifican estrategias diversas entre las mujeres migrantes caboverdianas: aquellas que recurren a sus familiares ya asentadas en el territorio, las que establecen y participan en redes de entreayuda, o incluso las que pagan porque otra mujer se haga cargo de sus criaturas, a menudo, de manera informal. Estos hallazgos son apuntalados por Silva (2014), quien destaca, además, a que las migrantes caboverdianas reducen su tiempo propio y de ocio para poder hacer frente a la intensa demanda horaria que supone la conjunción de sus empleos con el trabajo doméstico y de cuidados en sus hogares. También Wall (2008) ha establecido una tipología de estrategias de conciliación, que resume en aquellas que intentan compaginar trabajo y cuidados mediante la externalización (ya sea a servicios formales, a los/as abuelos/as, o a cuidadoras contratadas) y aquellas en las que este equilibrio implica cierta negligencia en el cuidado de las criaturas (cuidados a cargo de otros/as niños/as y autocuidados). Lobo (2021) ha señalado la relevancia de las criaturas en las narrativas de superación y sacrificio que acompañan a los procesos de movilidad, al sustentarse muchos proyectos migratorios en conseguir un mejor porvenir para los/as hijos/as.

En las investigaciones llevadas a cabo por Drotbohm para el contexto estadounidense (2009, 2018) se incide en una concepción profundamente dinámica y cambiante del parentesco, en el que el mantenimiento del contacto transnacional transforma los lazos y vínculos de parentesco y asienta nuevas solidaridades transnacionales.

En síntesis, el abordaje de cuestión de la vida familiar en las personas migrantes ha estado atravesado por la preocupación feminista por la división sexual del trabajo; si bien la asignación social de estos trabajos, domésticos y de cuidados, a las mujeres ha hecho que la mayor parte de los trabajos que se han producido en el marco de los estudios migratorios hayan estado enfocados al análisis de cómo las mujeres migrantes han logrado compatibilizar las esferas laboral y familiar. El caso de las madres migrantes ha recibido una particular atención, tanto en su forma transnacional como cuando se produce en el país de destino. El caso particular de la migración caboverdiana ha sido tratado en la literatura, especialmente en lo relativo a las estrategias desarrolladas por las mujeres migrantes en Portugal, así como en cuestiones relativas a la moralidad y el choque de culturas de cuidado a raíz del proceso migratorio.

No obstante, quedan todavía preguntas relevantes que hacerse en esta temática. La dimensión generacional ha sido poco abordada por estudios, pero sí se ha probado relevante a la hora de ver incrementada la red de apoyos informales para el cuidado y también para facilitar una cierta asimilación a la cultura del cuidado existente en la sociedad de acogida. Por otra parte, el caso singular de la migración caboverdiana en Galicia, en que los hombres están prácticamente ausentes de los hogares por su trabajo en alta mar (Oca 2013), ha podido favorecer en mayor medida el desarrollo de estrategias horizontales de apoyo mutuo entre las mujeres. Estas y otras cuestiones al respecto del equilibrio trabajo-vida serán abordadas en los siguientes apartados.

Prácticas, estrategias y arreglos de conciliación de las migrantes caboverdianas en Galicia

La primera generación de mujeres caboverdianas que llegó a Burela (Galicia) se caracteriza por ser pareja de marineros caboverdianos embarcados que emigraron previamente, y que posteriormente a su inserción laboral y residencial reagrupan a sus compañeras para hacer una vida familiar en el país de destino (Oca 2017). Este es el caso de la familia de Albertina, Deolinda e Idalina. Llegaron a finales de los años 70, cuentan con niveles educativos primarios, edades en torno a los 60 años y tienen descendencia en la localidad de acogida.

En la investigación nos encontramos con que las mujeres caboverdianas pueden emigrar con sus hijos para reunirse con sus parejas; aunque, en otras ocasiones, es la mujer la que emigra para estar con su pareja y deja a sus hijos en Cabo Verde al cuidado de un familiar, por lo que la llegada de descendientes se va realizando paulatinamente; y, en otros casos, la pareja no cuenta con hijos de la relación en Cabo Verde, y empiezan a tener hijos en España. Este es el caso de Deolinda, que se casó con su marido antes de que él emigrase hacia España, y ella se reúne con él dos años después, en 1975, donde tiene a sus tres hijos que residen en Burela cerca de sus padres. Estos hijos tuvieron nietos y bisnietos, y Deolinda ayuda en su cuidado.

No obstante, aunque este es el patrón mayoritario, también nos encontramos con mujeres caboverdianas cuya pareja decide crear una familia con otra mujer, y desentenderse de su hija y de la otra relación. Este es el caso de la madre de Nanda que la trajo a Burela cuando ella era un bebé, y que tiene que trabajar muy duro para sacar adelante sus vidas.

“Mi madre trabajaba mucho, muchísimo, porque era ella sola, me cuidaba ella sola porque mi padre no le ayudaba económicamente. O sea, no nos tratábamos prácticamente hasta que tuve 12 años o así… No, porque él se casó con Txuka, con otra mujer en… en Cabo Verde y la trajo para aquí y aquí tuvieron dos, porque Linda nació en Cabo Verde. Entonces mi madre siempre trabajó mucho en hostelería, pero tuvo un accidente y tenía una prótesis en una rodilla, entonces después le dijeron que no podía trabajar en un restaurante y trabajaba limpiando casas.” [Nanda, mujer caboverdiana criada en Burela, segunda generación]

Las estrategias más habituales de cuidados y conciliación de estas mujeres caboverdianas de primera generación en Burela son diversas. Una de las más comunes es la transnacionalización de los cuidados, que implica delegar las tareas reproductivas en una mujer de la familia en Cabo Verde. Este es el caso de Idalina, que al marcharse a Burela dejó a sus hijos al cuidado de su hermana, y resalta que esto le ocasionó una enorme tristeza, que sólo cesó en el momento en que tuvo a sus cuatro hijos viviendo con ella en Galicia. En la actualidad, la madre de Idalina es cuidada por su hermana, que vive con ella en casa, y en cuyos cuidados también colabora su otra hermana que vive en una localidad cercana, para lo que cuenta también con apoyos de la red comunitaria vecinal. En este caso, la transnacionalización de los cuidados de los/as hijos/as por parte de la familia fue fundamental en la fase inicial del proyecto migratorio, y en una etapa de asentamiento de este proyecto migratorio de nuevo es necesario el recurso a la familia y a las redes comunitarias para el cuidado de su madre octogenaria. Idalina, para hacer frente al cuidado de su madre y de los/as hijos/as de su hermana emigrada en Burela, cuenta con la ayuda de una sobrina que vive en una zona del interior y que la apoyó en estas tareas residiendo con ellos en la ciudad. Idalina intenta compensar este apoyo en los cuidados de su familia facilitando y ayudándola a emigrar a Burela.

“Lu es una sobrina de mi tía que estaba en otra zona. Después mi tía la fue a buscar porque allí había menos condiciones y vino con ella para [nombre de localidad]. Entonces lo que hacía era cocinar, se ocupaba de nosotros para que no hiciésemos travesuras, para que comiésemos. El pago era el favor de traerla de donde estaba, que estaba en peor situación y venir para aquí. Le daban de comer, cama. Ella vino a hacer el trabajo de la casa; yo conozco su casa, pero ella se fue para allí. Mi tía habló con mi madre porque después de que nos ayudase tanto, cuando la casa se quedó casi completamente sin niños, lo que hicimos fue ayudarla a venir para que ella también tuviese una vida mejor aquí en Europa.” [Zenaida, mujer caboverdiana de segunda generación]

No siempre los cuidados de las personas mayores son realizados en Cabo Verde, sino que a veces es necesario que la persona que demanda cuidados se desplace a Europa, cerca de su familia. Esta movilidad puede derivarse de un proceso de emigración masivo de los miembros de la familia, que implica la ausencia de mujeres para cuidar en el país de origen. Este es el caso de la abuela materna de Ilda que se quedó ciega de joven, y que vio como sus hijos se fueron marchando de Cabo Verde rumbo a Francia y a España. La estrategia de cuidados diseñada por su familia fue la de atenderla de forma temporal y compartir estas tareas entre sus hijos/as, lo que provocaba el movimiento constante de su abuela por los distintos hogares. En este caso, la abuela transnacional se mueve para ser cuidada por su familia, y no para cuidar ella a sus familiares.

“Mi abuela se quedó ciega y entonces se quedó con el más pequeño y los demás pues se fueron viniendo, teniendo sus mujeres, sus hijos, y después cuando se quedó ciega, después ella se vino para Francia. Y entonces cada seis meses estaba con unos de sus hijos. Haciendo tratamientos y todo eso.” [Ilda, mujer caboverdiana criada en Burela, segunda generación]

Rosalina llegó a Burela en 2006 a los 42 años, emigrando con una prima gracias a un contrato de trabajo obtenido por su hermana. Era madre soltera de tres hijos a quienes cuidaba en Cabo Verde, donde vivía cerca de sus padres. Al emigrar, sus padres se mudaron a la ciudad para ser ayudados por sus nietos. Para reestructurar los cuidados, contrataron a una mujer externa para la limpieza. En sus primeros trabajos, Rosalina enviaba dinero a su familia en Cabo Verde y trabajó en hostelería y cuidado de personas mayores, comenzando con contratos a media jornada. Actualmente es cocinera a tiempo completo. Vive sola cerca de su hermana, y su madre, Antonia, también actúa como abuela transnacional al quedarse viuda, viajando entre países según la disponibilidad de sus hijos para cuidarla. Son en total nueve hermanos repartidos entre Portugal, España, Francia y Cabo Verde. Organizan los viajes de su madre en función de su disponibilidad laboral o haciéndolos coincidir con periodos vacacionales. El/la hijo/a al que va a visitar asume los gastos del viaje y las hijas con las que convive más tiempo se encargan del resto. Cuando su madre está en Burela, para conciliar los cuidados con su trabajo, Rosalina recurre a la ayuda de su hermana y entre ambas se organizan y reparten conforme a los horarios laborales de cada una.

“[Habla de su madre] No da para ir y estar allí, ahora ya tiene una edad y quieres que esté cerca de alguien, allí en Cabo Verde mis hermanas trabajan todas, salen y llegan por la noche. Aquí por lo menos voy a trabajar y Luana está en casa, cuando Luana viene, yo voy, así.” [Rosalina, mujer caboverdiana emigrada a Burela, primera generación]

Dentro de la transnacionalización de los cuidados, se observan también estrategias en las que los hijos e hijas son enviados para vivir y ser cuidados por otro familiar en la emigración. Luana llegó a Burela en 1989, a través de la reagrupación familiar. Su marido era marinero y ella se quedó en Cabo Verde, en casa de su suegro, al cuidado de este, y de más familiares. Ya en Burela, Luana recibe a sobrinas que van a pasar temporadas con ella o se quedan a vivir en su casa, como es el caso de Neusa. Neusa nació en Portugal, es la hija de su hermano Edson que había emigrado a Oporto. Llegó a Burela cuando tenía 10 años. Fue criada por su padre, pero cuando este decide reemigrar a Francia, a Neusa le ofrecen la opción de quedarse al cuidado de su tía.

“Edson tuvo a Neusa y después se separó de su madre y Edson tiene la tutela, como Edson trabajaba no podía tener la tutela de ella, entonces allí a donde Edson iba, iba con ella, y cuando Edson se iba para Francia le preguntó para quedarse con Rosalina o conmigo y quedó conmigo, entonces quedó conmigo.” [Luana, mujer caboverdiana en Burela, primera generación]

La tercera estrategia que está presente en todas las familias caboverdianas es hacer que los hijos, especialmente las hijas, maduren y se emancipen desde edades muy tempranas. De esta forma, las familias consiguen reducir la carga de trabajo al incorporar un miembro más a esta cadena reproductiva y logran también que las hijas mayores - habitualmente - cuiden normalmente de hermanos varones más pequeños o de personas mayores. Este el caso de la hija de Ilda, Elisabete, que con 12 años ayuda a su abuela a cuidar a sus sobrinos pequeños realizando tareas de aseo y alimentando a los niños, para que su tía pueda ir a trabajar en el sector de la hostelería. Esta emancipación temprana de las niñas caboverdianas también la podemos ver en el testimonio de Nanda, cuya madre la cuidaba en solitario al no contar con redes familiares, y que además de enseñarle a autocuidarse y a preparar la comida, buscó una vivienda cerca del colegio para que su hija fuese autónoma y pudiese ir sola a la escuela.

“Vivíamos en San Ciprián, y el colegio estaba casi en las afueras, entonces mi madre buscó un piso cerquita […], no tenía que cruzar la carretera, era bajar y ya estaba en el colegio. Se compró allí un piso […] A veces comía con mi madre y a veces comía sola. Yo con 7 años, 8 años sabía hacerme mi comida. Claro, mi madre me enseñó porque ella tenía que trabajar, porque ella, era ella sola.” [Nanda, mujer caboverdiana criada en Burela, segunda generación]

La siguiente estrategia de conciliación es la de renunciar a expectativas laborales, reducir la jornada de trabajo, o intentar lograr empleos con horarios y condiciones flexibles. Aquí vemos cómo la primera generación de mujeres caboverdianas asentada en Burela se caracteriza por una participación laboral escasa y centra sus esfuerzos en cuidar de hijos/as y nietos/as. Es el caso de Idalina y de Deolinda, mujeres caboverdianas emparejadas con marineros, con una amplia descendencia, y con una participación escasa en el mercado laboral, y muy focalizada en el sector de la hostelería, la limpieza y los cuidados de personas mayores. Estas mujeres se responsabilizan en solitario de todas las facetas del trabajo reproductivo, e incluso ejercen la jefatura del hogar familiar. Deolinda nos habla de la pesada carga reproductiva y emocional que supone esta situación.

“Nosotros somos sólo mujeres en tierra y los hombres en el mar, entonces hacemos nuestros quehaceres con los niños y acabamos, nos sentamos y pensamos en nuestro marido, sentadas con los pies extendidos.” [Deolinda, mujer caboverdiana emigrada en Burela]

Luana, también de la primera generación, enfatiza la importancia que tenían en este tiempo las redes comunitarias de ayuda. Sin embargo, señala que ese compartir y esa sensación de colectividad se fue diluyendo con los años hacia modelos más individualistas en el presente.

“Sí, esto era pequeño, pero siempre éramos agrupados los unos con los otros, no es como ahora que todos están ricos, esto y lo otro […] Es verdad, todos están ricos y pasamos de los demás.” [Luana, mujer caboverdiana, primera generación]

Las mujeres caboverdianas de segunda y tercera generación en Burela participan en el trabajo productivo, especialmente en hostelería, cuidados de personas mayores y limpieza. Algunas han cambiado de empleo para lograr horarios más compatibles con el cuidado de sus hijos, mientras que la mayoría recibe apoyo de las abuelas. Así, la segunda generación emplea estrategias de conciliación similares a las de las trabajadoras españolas, dejando a sus hijos al cuidado de sus abuelas. Un ejemplo es Nanda, cuya madre jubilada se queda a dormir en su casa durante la semana para ayudar con el cuidado de sus criaturas.

“[Me ayuda] muchísimo, cuando yo trabajo ella está aquí conmigo, sólo se va los días que yo libro o los fines de semana, sino está aquí conmigo todos los días. [Se queda a dormir]. Mi madre está jubilada.” [Nanda, mujer caboverdiana criada en Burela, segunda generación]

Además, las mujeres caboverdianas de segunda generación que cuentan con mejores posiciones socioeconómicas piensan en contratar a alguna trabajadora de manera formal y puntual para cuidar a sus hijos, y así compatibilizar el trabajo con los cuidados, aunque el principal recurso de cuidados sea la propia familia. Este es el caso de Zenaida que tiene un local de hostelería junto con su pareja, con la que tiene dos hijos. La entrevistada destaca también que es más fácil la conciliación cuando puedes marcar tus propios horarios de trabajo.

“Yo continuaré trabajando cuando tenga al hijo y tendré a una persona para cuidar al niño sólo esos tiempos puntuales, de esas horas que voy a necesitar para dar las comidas, y después con la ayuda de las abuelas, como siempre.” [Zenaida, mujer caboverdiana de segunda generación]

En Neusa, tercera generación, observamos un cambio de valores en torno al significado y las prácticas de cuidado que tienen sus tías, y que entra en contradicción con los patrones de cuidado intrafamiliar en lo relativo a estrategias como el cuidado delegado y el transnacionalismo en la crianza. Las diferentes estrategias de conciliación analizadas anteriormente han intervenido en su cuidado, también la maduración temprana ayudando a atender a su familia y, aunque Neusa no tiene hijos/as en la actualidad, cuando reflexiona sobre estas estrategias de conciliación, se muestra algo crítica.

“Con los niños compartidos, pues ahora mismo tengo la mentalidad de ‘los tuviste tú’. Tú los tuviste, son tuyos. No son míos. Te ayudo un día si tienes que hacer algo, no puedes, etcétera. ¿Estás buscando desesperadamente? Me lo quedo, no pasa nada, si estoy libre que más me da, pero… hasta cierto punto.” [Neusa, nacida en Portugal, tercera generación]

La sobrecarga que esta concepción del cuidado genera en el seno de la familia, cuya responsabilidad recae casi exclusivamente en las mujeres, es el principal motivo de desacuerdo. Se observa que este cambio en la manera de concebir los cuidados, poniendo en cuestión algunas de las estrategias de conciliación que se aplicaron hasta ahora, es compartido entre los miembros de su familia nacidos en Europa, como algunos de sus primos y primas.

“Mi primo nació aquí… Si, como que estamos más en contacto con la cultura española, europea, como que… no tienes la responsabilidad de cuidarlo. Es mío, es mi responsabilidad, y a lo mejor les parece mal.” [Neusa, nacida en Portugal, tercera generación]

Frente al cuidado colectivo, extenso, compartido de generaciones anteriores, en la generación actual ya nacida en Europa la concepción de los cuidados cambia y comienza a ser percibida como una responsabilidad más de la familia nuclear, o incluso individual de la madre.

Conclusiones

Las estrategias desplegadas por las mujeres caboverdianas emigradas pasan por implicar a la familia transnacional mediante el establecimiento de cadenas globales de cuidados, el recurso a la familia extensa y a las redes de apoyo mutuo, el ajuste de las expectativas laborales y la búsqueda de una madurez rápida en las criaturas que reduzca la carga y el tiempo destinado a sus cuidados. Estas estrategias identificadas son compartidas por distintas generaciones, si bien hemos observado un cambio generacional en los valores y prácticas de cuidado, que se refleja en la aceptación de externalizar este trabajo a personas remuneradas fuera de la familia y en la percepción de que la responsabilidad principal del cuidado de los hijos recae más en las madres que en la familia extensa.

Estas estrategias coinciden con las apuntadas en la literatura al respecto, si bien resulta paradójico como la existencia de una mayor red de apoyo familiar y social por parte de las generaciones posteriores discurre en paralelo con un proceso de cambio de la cultura de los cuidados en dirección a una cierta asimilación con la de la sociedad de acogida, al entenderlos como una cuestión más individual y menos colectiva.

Por otra parte, la incorporación de los hombres al trabajo de cuidados y reproductivo sigue siendo una asignatura pendiente. Sus parejas masculinas, gallegos o caboverdianos, dedican poco tiempo a cuidar bien por sus horarios de trabajo o bien por asumir los roles masculinos tradicionales. En el plano del apoyo económico también algunas de las entrevistadas comentan que no reciben la ayuda necesaria por los padres de sus hijos/as. Es la doble ausencia, ni están por ser marineros, ni se corresponsabilizan de las tareas de cuidados por ser hombres.

La inserción laboral de las mujeres caboverdianas en Burela se caracteriza por una fuerte segregación en sectores de cuidados, como la hostelería, limpieza y atención a personas dependientes, incluso entre las generaciones jóvenes con formación universitaria. A menudo, combinan empleos temporales en su área de estudios con trabajos en hostelería o cuidados. Además, trabajan en sectores relacionados con la pesca, como la limpieza y envasado de pescado, tradicionalmente feminizados en Galicia. La incorporación laboral es posible gracias a madres y abuelas. En ausencia de redes de apoyo familiares, las mujeres recurren a redes comunitarias y estrategias como vivir cerca de centros educativos o escolarizar a sus hijos en colegios privados con horarios extendidos, dada la falta de políticas públicas de conciliación.

En definitiva, por el momento las mujeres migrantes caboverdianas logran escapar a la crisis de cuidados en la que están inmersas las sociedades occidentales, pero los peajes a pagar por estas estrategias de conciliación implican una sobrecarga de trabajo de cuidados y reproductivos en las mujeres mayores y más jóvenes de la estructura familiar, y también el mantener intacto el privilegio de los varones de desentenderse de las tareas de cuidados de sus descendientes y ascendientes.

Agradecimientos

A todas las mujeres que han participado en la investigación con sus testimonios.

Financiación

Proyecto de investigación en materia de cooperación al desarrollo titulado “Familias caboverdianas en Galicia. Impacto para el desarrollo de la transnacionalización de los cuidados y las remesas” (PR815A 2021/10), financiado por la Xunta de Galicia.

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1El trabajo de campo forma parte del proyecto de investigación “Familias caboverdianas en Galicia: Impacto para el desarrollo de la transnacionalización de los cuidados y de las remesas”, financiado por la Xunta de Galicia (PR815A 2021/10). Para más información sobre la investigación puede consultarse Díaz et al. (2022).

Recibido: 15 de Mayo de 2023; Aprobado: 05 de Noviembre de 2024

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