1. Introducción
Hay una creciente apropiación de plataformas y herramientas digitales por parte de los adultos mayores, a pesar de no ser parte del mayor número de usuarios de Internet, como lo son los nativos digitales. La democratización del acceso a Internet y el incremento de dispositivos digitales han reducido la brecha digital y su inclusión paulatina.
Sin embargo, este crecimiento no es sinónimo de alfabetización digital plena. Muchos adultos mayores utilizan las TIC de forma instrumental; por ejemplo, para enviar mensajes de texto o voz, tomar fotografías, ver contenidos, etc., pero carecen de habilidades para evaluar la veracidad de la información que consumen, proteger sus datos personales, etc. (Newtral, 2024).
Huguet, et al. (2024) sostienen que los temas políticos y sociales son los que más llaman la atención de los adultos mayores en la Red, y que consideran como fuentes confiables a familiares y amigos por encima de medios de comunicación o figuras públicas que hablan en redes sociales, ello implica que hay una necesidad de formación sobre la identificación de información de valor y fuentes confiables.
La brecha digital afecta significativamente la interacción de los adultos mayores con las TIC, no solo barreras para el dominio técnico, sino también para el dominio cognitivo y social que les permita integrarse en el entorno digital, lo que puede traducirse en exclusión social, aislamiento, pérdida de autonomía (Fuerte, 2020).
En esta investigación se busca conocer la relación de los adultos mayores con las plataformas digitales, la forma cómo se han vinculado a ellas, las actividades que realizan y las oportunidades latentes de alfabetización mediática.
Investigaciones previas como las de Huge et al. (2024) y Fuerte (2020) evidencian que la escasa alfabetización mediática de adultos mayores se refleja en el acceso limitado a dispositivos tecnológicos o a internet, pero especialmente en la ausencia de habilidades para utilizarlos de forma adecuada, situación que se acentuó principalmente desde la pandemia de COVID-19. Al respecto, Arellano-Rojas (2022) destaca que más allá del entretenimiento y la información, para los adultos mayores, el desarrollo de trámites y transacciones comerciales se volvió clave en los últimos años y sobre los cuales tienen escasa formación, situación matizada por la desconfianza que tienen frente a la difusión masiva de engaños en la Red. Al respecto, investigaciones como las de Casado Muñoz y Lezcano Barbero (2018) y Quan-Haase et al. (2018) destacan que a mayor participación de adultos mayores en la Red mayor inclusión social; sin embargo, son escasas las políticas públicas dedicadas a promover una alfabetización adaptada a este grupo.
Por su parte Garro-Rojas (2020) enfatiza en que las mayores dificultares para los adultos mayores radican en la falta de comprensión sobre lenguajes y contenidos mediáticos, y uso instrumental de herramientas digitales, lo cual ha dejado a muchos en condiciones de exclusión frente a las transformaciones tecnológicas aceleradas.
Lo antes mencionado pone en evidencia que los adultos mayores son una población vulnerable, al igual que los jóvenes; sin embargo, estos últimos tienen acceso a formación sobre estos temas, en mayor o en menor medida, a través de espacios de educación formal (colegio, escuela, universidad). Adicionalmente, jóvenes y niños forman parte de estrategias de alfabetización mediática con más frecuencia que adultos y adultos mayores.
Según Unesco (2021) el ejercicio de la ciudadanía en los adultos mayores suele estar mediado por otras personas como: hijos/as o familiares escolarizados y de referentes de su comunidad; esto quiere decir que dependen de quienes actúen como mediadores entre ellos y las TIC, y consecuentemente los derechos, habilidades y competencias que les permita participar en el entorno digital.
Este artículo se ha estructurado en seis secciones principales que abordan de forma progresiva y sistemática, la problemática de la AMI en adultos mayores de Bolivia y Ecuador. Comienza con una introducción que contextualiza el tema y plantea los objetivos del estudio. Posteriormente, se desarrollan los apartados teóricos sobre las redes sociales, la inclusión social y las competencias mediáticas, con especial énfasis en su relevancia para este grupo etario. En la tercera sección se detalla el enfoque metodológico, basado en un estudio cuantitativo. La cuarta y quinta sección presentan los resultados del análisis, destacando cuestiones clave sobre acceso a TIC, uso de redes sociales, percepciones sobre la AMI y oportunidades de capacitación. Finalmente, el artículo concluye con un apartado de conclusiones, que sintetiza los hallazgos del estudio, sus limitaciones y oportunidades de investigación a futuro.
2.Redes sociales y alfabetización mediática
El uso de las redes sociales por parte de los adultos mayores representa la oportunidad de incluirlos en la vida digital, y con acceder a herramientas que más allá de interactuar con otros, les permitan conocer el entorno sus ventajas y desafíos. Ello demanda la adaptación a las nuevas herramientas que fueron ajenas en otras etapas de su vida (Loaiza-Lima, 2025, p.13).
Más allá de la interacción, las redes sociales incentivan la creación de contenidos (Polanco & Salvo, 2022). A su vez, ofrecen oportunidades para el aprendizaje informal (Greenhow et al., 2019), promoviendo una participación sin discriminación de raza, edad y condición económica (Greenhow & Lewin, 2016) y se adaptan fácilmente al contexto educativo (Nuñez-Naranjo & Chancusig-Toapanta, 2022).
Para Unesco (2024) si bien las tecnologías benefician el aprendizaje, el uso de las redes sociales puede exponer a sus usuarios a riesgos como afectaciones a la intimidad, desinformación, ciberacoso, y en el caso de adultos y adultos mayores, a fraudes.
En ese sentido, la AMI contempla el desarrollo de habilidades y competencias para analizar e identificar la dinámica de las estructuras informacionales, al tiempo de la motivación a participar democráticamente a través de plataformas y redes de forma autónoma y consciente (Rojas-Estrada & Sánchez-Vilela, 2025).
Sin embargo, ha de considerarse que las transformaciones constantes de las redes sociales requieren de un proceso de alfabetización permanente, que, si bien puede ser impulsado por la academia, también puede poner en manos de las personas las herramientas que les permitan aprender de forma autónoma. La problemática gira en torno a cómo empoderar a los adultos mayores en el uso de las redes sociales, para que interactúen de manera crítica con el contenido que se convierte en parte de su vida (Feijoo et al., 2025, p. 24).
Para Marta-Lazo (2025) de eso se trata la alfabetización mediática, de entrenar a la ciudadanía en el uso técnico, pero también crítico de la información, y no solo de aquella que proviene de los medios de comunicación, sino también de los grupos o comunidades que se crean con diversos fines tanto en redes sociales como en sistemas de mensajería instantánea.
2.1. La inclusión social a partir de la interacción en redes
Los adultos mayores tienen la necesidad de participar en las distintas dinámicas sociales, y ello implica ser parte de las redes sociales (Guerrero-Castañeda et al., 2023). Su uso promueve la participación ciudadana y mitiga la exclusión social, un problema urgente para las instituciones y organizaciones que desean reducir las brechas de desigualdad asociadas a los grupos más desfavorecidos (González & Deng, 2023).
Los adultos mayores, usan redes sociales para interrelacionarse con sus amigos, mantenerse en contacto con sus familiares y conocer a nuevas comunidades, todo eso involucra un proceso de reinserción social que mejora los estados emocionales y de salud, que terminan beneficiando la convivencia armónica y el desarrollo comunitario.
En los procesos de inclusión social, las redes sociales son de gran importancia en la actualidad, debido a que ha penetrado en distintos aspectos de la vida humana. De este modo, la participación de los adultos mayores en las plataformas digitales se convierte en una estrategia para luchar contra las brechas y la exclusión social, pues el acceso a tecnologías ya se considera como un derecho humano (Muñoz & Valencia, 2023), así como “una manifestación real de inclusión social” (Casado-Muñoz & Lezcano-Barbero, 2018, p. 119).
2.2. Uso de redes sociales
En Ecuador, TikTok es la red social más popular, con más de 14 millones de usuarios, seguida de Facebook e Instagram con 8,8 y 6,9 millones de usuarios respectivamente (Del Alcázar-Ponce, 2024). Estas últimas se mantienen entre las preferencias del público, no solo para socialización y entretenimiento, sino también en el campo laboral y de producción (Helmond et al., 2019).
Con todos estos datos, es necesario revalorizar la importancia de las redes sociales en los procesos educativos, habida cuenta que estas juegan un papel fundamental en los procesos de interrelación social y en la vida de las personas, debido a que fomentan los vínculos entre los miembros de la comunidad educativa (Berestova et al., 2020).
En lo que respecta a Bolivia, Limanchi (2024) en su informe Situación Digital y Redes Sociales en Bolivia 2024, menciona que el mayor número de interacciones que se generan en la red proviene de Facebook (64.8%). En este sentido, cerca de 7.55 millones de bolivianos tienen perfiles activos en esta red social, que a decir de Marrero-Santana et al., (2017), posibilita la reconstrucción de identidades en escenarios particulares y estimulan la transformación social y la construcción colectiva de criterios.
3. Competencias mediáticas e informacionales en adultos mayores
Las competencias mediáticas permiten contrarrestar los efectos negativos que causa la desinformación, implementando en los adultos mayores una conciencia de consumo (Sánchez-Reina & González-Lara, 2022). A estas se suman las informacionales que les permiten discernir la información beneficiosa de la falsa o perjudicial (Matos-Lluberes, 2024).
Los cambios constantes en las formas en que se produce y difunde información demandan de una alfabetización permanente (Loaiza-Lima et al., 2022). Por ello, las competencias mediáticas e informacionales deben estar inherentes al desarrollo social del ser humano, que a diario debe enfrentar un sinnúmero de retos impuestos por la globalización y el desarrollo tecnológico.
Los adultos mayores, habituados a recibir información proveniente de los medios de comunicación, han establecido relaciones de confianza con estos. Sin embargo, hoy que se han multiplicado las fuentes de información la intervención educativa se vuelve indispensable para el fomento de competencias mediáticas que orienten sobre el uso instrumental y crítico de las redes sociales, considerando que son los nuevos espacios que coadyuvan a la comprensión del entorno y a la participación ciudadana y democrática (Pasitselska, 2024).
4. Metodología
Se plantea un estudio desde un enfoque cuantitativo, con el objetivo de analizar el grado de vinculación de personas adultas mayores con las redes sociales y evaluar su relevancia dentro de los procesos de alfabetización mediática e informacional con este grupo etario.
El estudio busca comprender cómo esta población accede, utiliza y valora las plataformas digitales, considerando su rol y grado de participación en entornos hiperconectados.
Para cumplir con este cometido se aplicó una encuesta estructurada, compuesta por 29 preguntas cerradas, entre ellas ítems de opción múltiple y de escala tipo Likert, centradas en cuatro dimensiones clave: acceso a tecnologías digitales, prácticas vinculadas a la AMI, usos cotidianos de plataformas digitales y valoración crítica de contenidos informativos en redes sociales.
La muestra estuvo compuesta por 400 personas adultas mayores, con edades comprendidas entre los 65 y los 93 años, distribuidas entre Bolivia y Ecuador (ver Tabla 1).
Tabla 1 Características sociodemográficas de la muestra. Elaboración propia.
| Variable | Categorías | Porcentaje |
|---|---|---|
| País | Bolivia | 42.9% |
| Ecuador | 57.1 % | |
| Género | Masculino | 41.5% |
| Femenino | 58.5% | |
| Edad (rango 65-93) | 65-74 años | 65.1% |
| 75-84 años | 32.3% | |
| 85 años o más | 2.6% | |
| Situación laboral | Jubilado/a | 33.6% |
| Laboralmente activo | 10.2% | |
| Inactivo o dependiente | 56.2 |
La selección de los participantes se hizo de forma intencional, incluyendo sujetos vinculados a programas estatales de atención social de ambos países, así como a personas jubiladas y laboralmente activas. Este último grupo se consideró especialmente en Bolivia, en donde el marco legal vigente, establece la jubilación obligatoria a partir de los 65 años, con una extensión máxima de tres años, según criterios del empleador (Ley General de Trabajo de Bolivia, 2023).
5. Resultados
5.1. Adultos mayores y formación académica
Existe una estructura desigual en la educación de adultos mayores en ambos países (ver Figura 3). El mayor porcentaje (49,6%) ha accedido únicamente a la educación primaria, lo cual evidencia una trayectoria formativa limitada y probablemente condicionada por contextos históricos marcados por un menor acceso a la educación formal.
Adicionalmente un 15,6% señala haber llegado hasta la educación secundaria, lo cual refuerza la idea anterior de una brecha educativa generacional.
En contraste, un 24% registra información universitaria y un 10,4% cuenta con formación de cuarto nivel, lo que suma un segmento importante de personas que son potencialmente más abiertas a la adopción de las TIC y a participar activamente en espacios digitales.
Al consultar la autopercepción de los adultos mayores para manejar utilizar medios de comunicación y TIC, el 70,1% señala que no se considera apto, mientras que el 29,9% indica que sí tiene esa capacidad (ver Figura 4), dentro de este porcentaje se encuentran principalmente los participantes que señalaron tener formación académica superior. Esto refleja que no solo hay una limitación en el acceso a las TIC y a conocimientos técnicos relacionados a ellas, sino que además se percibe una deficiente experticia personal.
Esta percepción puede producirse debido a la influencia de factores como trayectorias educativas limitadas que se vieron en la Figura 3, dificultades en el uso de herramientas, contacto con las TIC deficiente o inexistente, entre otras.
En ese sentido, el acceso a Internet se convierte en un factor determinante y relacionado directamente con los niveles de apropiación digital. Solo un 28,3% de los adultos mayores señaló no tener acceso a internet, frente a un 71,7% que sí lo tiene (Figura 5). No es menos cierto que un mayor acceso no garantiza que exista un uso frecuente ni conocimiento. En este caso se trata de una condición habilitante pero no suficiente, por ello la percepción mayoritariamente negativa de la competencia para el uso de medios y TIC.
El 28,3% que señala no tener acceso, sufre además un doble rezago frente al resto de la muestra, tanto en la infraestructura, como en el desarrollo de competencias, lo que conlleva a que se encuentren en una situación de mayor desigualdad y exclusión digital, pero también educativa y comunicativa. Con esta idea concuerda Prince-Torres (2020) al decir que el acceso a Internet es clave no solo para la obtención de información real el momento que se requiera, sino también para inclusión social y posibilitar el derecho a la participación.
5.2 Uso de dispositivos
El smartphone es el dispositivo más utilizado por los adultos mayores (33,8%), seguido del televisor o smart TV (22,6%), computador (15,5%) y en menor medida la tablet (2,8%).
Estos resultados revelan que, en la población de adultos mayores, el smartphone es la vía de acceso principal al mundo digital. Su fácil portabilidad, las herramientas como cámaras, aplicaciones de mensajería, redes sociales e Internet en general, lo convierten en un instrumento idóneo para el contacto social y el consumo de contenidos.
Aunque este estudio no observó variables relacionadas a la actividad física, estudios anteriores como los de Gómez et al. (2022) evidenciaron mejoras motoras con el uso de dispositivos móviles en contextos educativos. En el caso de los adultos mayores, la utilización del smartphone, puede ser coadyuvante en el combate del sedentarismo y motivación motora; aunque su uso en los contextos educativos es menor, su inclusión se plantea como una posibilidad respaldada por la literatura, más que como un hallazgo directo de este estudio.
De la misma forma, a pesar de que no se preguntó a los encuestados para qué utilizan estos dispositivos, estudios como los de Bonilla-del Río (2023) y Molina-Loyola et al. (2020) sostienen están más asociados a prácticas de consumo que de producción en la población de adultos mayores.
En cuanto a las redes sociales, TikTok es la más popular en Ecuador, y Facebook lo es en Bolivia, así lo han referido los estudios de Del Alcazar-Ponce (2024) y Limanchi (2024).
En la encuesta, los adultos mayores señalaron a Facebook como la red social de su preferencia (53,1%). Este hallazgo concuerda con estudios previos que hablan de Facebook como una plataforma más amigable y fácil de manejar para usuarios de mayor edad. Asimismo, se considera como una plataforma de contacto recíproco, en la que los criterios se transmiten con una participación consiente (Molina-Loyola et al., 2020).
Un 15% señala no utilizar ninguna red social, lo cual refuerza la idea de exclusión digital manifestada anteriormente. Mientras que el bajo porcentaje que prefiere TikTok (7,6%), refleja aún una incipiente apropiación de esta plataforma por parte de adultos mayores, y refuerza la idea de que su preferencia se encuentra entre el público juvenil.
Una apropiación todavía menor se observa en plataformas como Instagram (3,3%) y Twitter (hoy X) con porcentajes mucho más bajos que las anteriores.
5.3 Acceso a capacitación
La AMI en los adultos mayores es una clara acción de inclusión social. En la encuesta se preguntó a través de qué medios se capacitan sobre el uso de las TIC (Figura 8). El 29,5% indica que no sabe manejar, lo que refuerza la visión de que existe un sector importante excluido digitalmente, lo que afecta directamente su derecho de acceder a información por medios digitales y participar de forma activa en la sociedad conectada.
Solamente un 6% ha buscado cursos específicos, ello implica que probablemente existe una baja oferta para este grupo objetivo, desconocimiento sobre temas y acceso a la formación, así como una ausencia de políticas educativas enfocadas en AMI para adultos mayores. El mayor porcentaje señala capacitarse en casa con apoyo de hijos o familiares, lo cual pone en evidencia que se reproducen ciclos intergeneracionales de enseñanza-aprendizaje, donde los hijos, principalmente, influyen en el uso de las TIC de sus padres (Unesco, 2021).
Este hallazgo, sugiere que existe una necesidad latente de desarrollar políticas focalizadas en este grupo etario, y adaptadas a los contextos sociales y culturales de cada país.
Un 10,7% adquiere competencias digitales en su lugar de trabajo, posiblemente en el marco de sus propias dinámicas laborales que demandan el uso de dispositivos, herramientas y plataformas digitales.
Un porcentaje importante señala que aprende de forma autónoma (21,7%), lo que destaca el valor de la búsqueda personal y el interés por educarse e insertarse en el entorno digital.
El estudio de Loaiza-Lima y Velásquez-Benavides (2020) señala que las personas mayores están interesadas en utilizar dispositivos electrónicos y redes sociales para comunicarse con sus familiares y amigos, por lo cual una práctica educativa efectiva podría resultar de la gamificación dirigida de forma específica a este grupo poblacional.
En algunos países de nuestra región, el termino AMI, aun es desconocido. Eso se ratifica en la encuesta (Figura 9), el 62,2% de los adultos mayores dice que no conoce nada de AMI, indicativo de una ausencia de contacto con contenidos y prácticas asociadas al tema. Este desconocimiento refuerza la exclusión de esta población en relación a procesos formativos y que hoy constituyen claves para la vida en la sociedad digital.
Por otra parte, el 26,9% precisa que, conoce cosas mínimas o tiene una familiaridad de tipo superficial con herramientas o prácticas relacionadas a los medios y TIC, lo cual no es indicativo de una comprensión y uso crítico, lo más probable es que su relacionamiento se produzca de forma intuitiva o instrumental.
Únicamente un 7,9% dice que ha participado de algún tipo de capacitación, lo que implica que el desarrollo del tema en esta población es aun escaso, como se mencionó antes. Tan solo el 2,9% se considera experto en AMI, una notable minoría en relación con quienes señalaron antes tener acceso a Internet, o provenir de sistemas educativos formales a nivel de grado y posgrado.
En los países de la región, la discusión sobre educación digital se va consolidando a partir de la expansión del trabajo en las redes sociales, que han permitido el establecimiento de líneas y espacios de discusión (Da Porta, & Morabes, 2024).
6. Conclusiones
Los resultados hacen evidente que una parte considerable de adultos mayores en Ecuador y Bolivia enfrentan barreras significativas en el acceso, uso y conocimiento del uso de TICy AMI.
El porcentaje que desconoce el concepto de AMI (62%), sumado a solo un 6% que ha recibido formación sobre el tema, refleja una ausencia de políticas educativas claras dirigidas a este grupo etario.
Es importante indicar que el acceso a internet, aunque relevante (71%) no garantiza el desarrollo de competencias digitales e informacionales, y tampoco es una garantía de inclusión. Si bien el acceso puede ser el punto de partida para paliar la limitada formación educativa, no es garantía para una participación significativa ni para la inclusión.
El uso prioritario de smartphones y la televisión/smartv es representativo (56,4%), mientras que el de computadores y otros dispositivos es significativamente menor, ello implica un mayor interés por el consumo de contenidos que por su creación, limitando la participación activa en entornos digitales únicamente a la recepción, como ya fue documentado también en estudios anteriores (Bonilla del Río, 2023).
La familia cumple un rol relevante en el acercamiento de los adultos mayores a las TIC, el 29,5% reporta que es en el hogar donde han realizado acercamientos a las TIC con apoyo de hijos y familiares. Esto demuestra que los procesos de alfabetización se producen principalmente por vías informales ya que el aprendizaje autónomo es la segunda mayoría en la encuesta (21,7%). Esto plantea que existe un campo para el desarrollo de procesos formales de capacitación dirigidos a este grupo objetivo.
Los resultados demuestran la necesidad de intervenciones específicas, progresivas y adecuadas al contexto social y cultural de los adultos mayores, que vayan de la mano de políticas públicas de acceso a TIC y educación continua. Lo cual permite evidenciar líneas de trabajo futuro enmarcadas en la inclusión digital de la mano de estrategias ajustadas al entorno sociocultural de los adultos mayores.
Finalmente, las limitaciones en el conocimiento de la AMI son un reflejo de las carentes políticas educativas en torno al tema con este grupo de personas que no solo deben conocer el uso instrumental de las TIC, sino también ser incluidos en la vida digital de la sociedad, participar del intercambio informativo, la capacidad crítica y reflexiva frente a los medios, la información y las TIC.
Esta investigación hace énfasis en una población poco investigada, lo que contribuirá a llevar vacíos existentes en la literatura sobre la AMI en adultos mayores, especialmente en el contexto sudamericano. Los resultados ofrecen insumos empíricos de valor para el diseño inicial de intervenciones educativas y políticas de inclusión digital dirigidas a adultos mayores.
Las limitaciones de este estudio se relacionan a la ausencia de un análisis longitudinal que permita observar cambios a lo largo de un periodo de tiempo, lo cual puede ser un tema de investigación a futuro, de cara a evaluar el impacto de procesos educativos, y evolución de competencias digitales de este grupo de personas.






















