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<journal-title><![CDATA[Tékhne - Revista de Estudos Politécnicos]]></journal-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This articles examines the evolution of industrial organizations from the Industrial Revolution to the present, understanding that the relationship between work and organization is not an isolated fact but one closely related to the historical moment and social context. The article's main purpose is to show that our social behavior is determined by the type of society in which we live.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p align="center"><b>Evolución de las Organizaciones: Un mundo en cambio</b></P>     <p align="center">Carlos Livacic Rojas</P>     <p align="center"><a href="mailto:clivacicr@ucentral.cl">clivacicr@ucentral.cl</a></P>     <p align="center">(recebido em 7 de Maio de 2009; aceite em 16 de Setembro de    2009)</P>     <p align="center">&nbsp;</P>     <p><B>Resumen. </B>La historia es el  registro de los cambios experimentados por las sociedades humanas y las  instituciones que la constituyen, entre ellas las organizaciones. Con este  nombre (organizaciones) se suele entender aquellas entidades que se integran y  estructuran para el logro de una o más metas y cuyos miembros desarrollan  vínculos recíprocos a partir de las tareas que desempeñan, si bien se ha  discutido cuán racionales pueden ser en su constitución y estructura, cuán  comunes sean siempre sus metas y cuán expuestas estén a ser vistas como amplias  redes de gentes con intereses divergentes que se reúnen por conveniencia.  </P>     <p><B>Palavras-clave:</B> organizaciones, trabajador, comportamiento, cambios,    evolución, administración, historia.</P>     <p>&nbsp;</P>     <p><B>Abstract. </B>This articles  examines the evolution of industrial organizations from the Industrial  Revolution to the present, understanding that the relationship between work and  organization is not an isolated fact but one closely related to the historical  moment and social context. The article's main purpose is to show that our social  behavior is determined by the type of society in which we live.</P>     <p><B>Keywords:</B> organizations, worker, behavior, changes, evolution, administration,    history.</P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</P>     <p>&nbsp;</P>     <p><b>Las Organizaciones</b></P>     <p>La  apreciación de los cambios en el mundo del trabajo requiere remontarse al pasado  para disponer de una perspectiva histórica que permita mirar críticamente su  evolución y realizar un análisis más profundo sobre su sentido; además de  considerar el contexto en el cual surgen y entender que las organizaciones son,  en gran medida, representaciones del momento histórico y de la cultura en la que  nacen y que están inmersas.</P>     <p>Los cambios  se han dado siempre, pero son particularmente generalizados, profundos,  acelerados e interdependientes en los tiempos modernos, es decir, desde el siglo  XVIII; durante el cual se configuran y toman fuerza las monarquías absolutas y  colonialistas (en un contexto político) y la revolución industrial (en un  contexto económico).</P>     <p>En ese  marco, los Estados se constituyen en centro de poder, el cual era ejercido en  forma centralizada y vertical, y abarcaba desde las áreas políticas (soberanía,  defensa, relaciones internacionales y justicia); culturales, justificando esta  amplitud por el supuesto propósito de búsqueda del bienestar de sus súbditos  (Estado paternalista y benefactor); económicas, donde los Estados empresariales  se afianzan a nivel primario (extracción de recursos naturales), secundario  (manufactura), y terciario (servicios), con un gradual predominio de estos  últimos.</P>     <p>Para la  administración de este vasto y variado ámbito de actividades, se crean y  mantienen numerosas organizaciones estrechamente dependientes del poder central,  cuyo conjunto podemos denominar “administración pública”, y que son reflejo e  instrumentos de la política estatal global (Estado autocrático). Por lo que se  las dota de normativas rígidas, son dirigidas por funcionarios de confianza del  gobierno central y se les delega la toma de decisiones bajo la premisa de que el  resto del personal carece de atribuciones e iniciativa, y se debe respetar el  “conducto regular”, con la consecuente centralidad de las resoluciones e  inevitable lentitud de la atención.</P>     <p>Así se va  configurando la “idea difundida (de) considerar el Estado o la nación como  organismo en un nivel superordinado. Semejante teoría constituiría el fundamento  de un Estado totalitario, dentro del cual el individuo humano aparece como  célula insignificante de un organismo o como obrera intrascendente en una  colmena” (Von Bertalanffy, 1976: 35); lo que hace que en los países y  conglomerados nacionales regidos por un determinado Estado, éste no encuentre  competidores de su acción, generando una tendencia a la estabilidad de dichas  organizaciones dentro de tales características.</P>     <p>Dentro de  este marco, la actividad económica se concentró como quehacer privado, no  estatal; que, durante siglos fue bastante elemental –no más allá de los niveles  primarios y secundarios- y se llevó a cabo con características que requerían  primordialmente resistencia física o habilidad artesanal; esta última cultivada  inicialmente a nivel familiar y luego gremial; con fines de subsistencia y en  respuesta a la satisfacción de necesidades sociales, y solo en casos  excepcionales producía lucros significativos; situación que cambió radicalmente  con la revolución industrial, que trajo consigo la mecanización de los medios de  producción, el aumento de tamaño de las empresas, la fabricación en serie -  directamente asociada con la reducción de los costos y con las posibilidades de  competir favorablemente con otros productores - y, un cambio en la relación de  capital y trabajo, donde el tradicional esquema de maestros, operarios y  aprendices fue reemplazado por la contratación de mano de obra; constituyéndose  las empresas como “estructuras simples, con conducción unipersonal e intuitiva,  que muchas veces devino en arbitraria para sus trabajadores. Entre sus rasgos  destacan el empirismo y la improvisación” (Chiavenato, 2000: 85)</P>     <p>Diversos  factores –creciente complejización de las unidades productivas, desafíos de la  competencia, defensa de los derechos de los operarios y los aportes de la  naciente ciencia de la administración- llevaron gradualmente a crear en el  sector privado, sobre la base del modelo estatal, nuevas estructuras  organizacionales, más racionales, formalizadas y socialmente más justas;  surgiendo el concepto de “burocracia”, que en aquellos tiempos ofrece, según  puede apreciarse, connotaciones más bien positivas como lo refleja la definición  de De Gournay (1745), quien la define como “el gobierno de los funcionarios y se  aplica sólo a los de las administraciones públicas”  (Olmedo, 1994: 63).</P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Este  concepto al ser extendido al ámbito privado, adquiere las características de un  sistema que “se rige por el principio de las atribuciones fijas, ordenadas, por  lo general, mediante reglas, leyes o disposiciones del reglamento  administrativo, es decir existe una firme distribución de las actividades  metódicas –consideradas como deberes oficiales- necesarios para cumplir con los  fines de la organización. Los poderes de mando necesarios para el cumplimiento  de estos deberes se hallan igualmente determinados de un modo fijo, estando bien  delimitados los medios coactivos que le son asignados. Para el cumplimiento  regular y continuo de los deberes así distribuidos y para el ejercicio de los  derechos correspondientes, se toman medidas necesarias con vistas al  nombramiento de personas con aptitudes determinadas” (Weber, 1995:  716).</P>     <p>Desde esta  perspectiva, el autor daba a esta instancia (Estado) potestades que le permitían  entenderlo como una gran estructura racional, que recluta&nbsp; a buenos  profesionales que harán funcionar esta gran estructura como un Estado que juzga  y que se administra a sí mismo, conforme a un derecho estatuido y a reglamentos  concebidos racionalmente, siendo ésta la conexión más íntima con el desarrollo  capitalista moderno. La empresa capitalista moderna descansa internamente ante  todo en cálculo. Necesita para su existencia una justicia y una administración  cuyo funcionamiento pueda calcularse racionalmente, por lo menos en principio,  por normas fijas generales, con tanta exactitud como puede calcularse el  rendimiento de sus máquinas.</P>     <p>Llama la  atención en todo momento la contraposición entre las empresas y su capital,  frente a las organizaciones estatales; ya que en el fondo, su concepción de la  burocracia procura, y en alguna medida implica, una justa compensación social de  los derechos de los trabajadores frente a los abusos de que eran víctimas en las  precedentes estructuras simples, intuitivas e improvisadas.</P>     <p>Con todo,  en las organizaciones privadas, si bien conservando los rasgos formales que  aparentemente garantizan tal justo equilibrio, la burocracia logró  paradójicamente consolidarse, de modo progresivo, como instrumento de la  explotación de sus operarios, sujetos en su trabajo a normas impuestas y a  controles directos. Ello permitió a Mintzberg (1998:34) afirmar “así pues,  durante casi la mitad de este siglo, la estructura de la organización  significaba una serie de relaciones de trabajo oficiales y normalizadas,  concebidas en torno a un rígido sistema de autoridad formal”. Las escuelas de  Taylor (movimiento de la “gestión científica”, 1947) y de Fayol (escuela de los  “principios de la gestión o clásica”, 1949) reforzaron tal estado de cosas, con  sus planteamientos a favor de la programación laboral y de la autoridad formal,  respectivamente.</P>     <p>Empero, ya  en 1939, con los experimentos realizados en la Central Western Electric  Hawthorne, comenzó a cimentarse una nueva visión, que, en los años 1950 y 1960  adquiriría forma en la llamada escuela de las relaciones humanas, desarrollada  por Elton Mayo y sus colaboradores: se pasaría a procurar nuevas maneras de  relación, adaptación y coordinación dentro de las organizaciones de trabajo,  considerando más adecuadamente la importancia del factor humano en ellas y su  incidencia en el propio rendimiento de la operación de las mismas, abriendo paso  a un enfoque humanista, el cual deja de lado los dos anteriores modelos; a la  vez, la preocupación por la máquina y por el método de trabajo, como asimismo  los principios de administración aplicables a los aspectos organizacionales, y  cede paso a la prioridad o preocupación por el hombre y por su grupo social  (entorno). Dicho de otra manera, de los aspectos formales se pasa a los aspectos  psicológicos y sociológicos.</P>     <p>Este  proceso evolutivo se orientó principalmente hacia dos aspectos básicos que  ocuparon otras tantas etapas de su desarrollo:</P>     <p>·&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Análisis del trabajador y su  adaptación a la organización: donde domina el aspecto productivo. El objetivo de  la psicología del trabajo –o psicología industrial- era la verificación de las  características humanas que exigía cada tarea por parte de su ejecutante, y la  selección científica de los empleados, basada en esas características. Esta  selección científica se fundamenta en pruebas. Durante esta etapa los temas  predominantes en la psicología industrial eran la selección del personal, la  orientación profesional, los métodos de aprendizaje y de trabajo, la fisiología  del trabajo y el estudio de los accidentes y la fatiga. </P>     <p>·&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Adaptación del trabajo al  trabajador: etapa que se caracterizó por la creciente atención dirigida hacia  los aspectos individuales y sociales del trabajo, con cierto predominio de estos  aspectos sobre lo productivo, por lo menos en la teoría. Los temas predominantes  en esta segunda etapa eran el estudio de la personalidad del trabajador y del  jefe, el estudio de la motivación y de los incentivos de trabajo, del liderazgo  de las comunicaciones, de las relaciones interpersonales y sociales dentro de la  organización (Chiavenato, 2000: 113-114).</P>     <p>Las  primeras expresiones concretas de cambios a partir de la experiencia de  Hawthorne consistieron en flexibilizaciones informales de las normas.  Inevitablemente, con el tiempo se llegaría a la revisión de éstas a la luz de  nuevos criterios; en 1993 Robert Reich postuló la sustitución de las estructuras  piramidales propias de la burocracia por organizaciones según un “modelo de  telaraña”, en cuyo modelo las organizaciones deben entenderse y estructurarse  como entidades con procedimientos o acciones más definidas, donde las personas  que intervienen en cada parte de las mismas, consiguen un mejor rendimiento  personal, lo que incide positivamente en la entrega de un mejor servicio y en  mejores resultados para la empresa. Dicho en otras palabras, en la medida en que  los trabajadores se desarrollen, la organización podrá crecer y consolidarse  dentro de cualquier nivel o área de trabajo. Para que todo este proceso sea  eficiente la comunicación dentro de la organización cumple un papel fundamental,  y debe ser sobre todo fluida y clara para encontrar entre todos las soluciones  adecuadas a los problemas planteados o detectados por parte de los  responsables.</P>     <p>La  estructura organizativa de Robert Reich aparece como una estructura menos  compleja, donde los niveles de relación y coordinación son más horizontales que  verticales. Así, las relaciones al interior de las mismas resultan efectivas y  personalizadas. Esta manera de relacionarse, con estilos más directos e  inclusivos entre la dirección y los diferentes niveles de empleados, si bien no  logra eliminar por completo los posibles problemas en las tareas que se dan  dentro de la organización, permite a sus integrantes anticiparse de mejor manera  a una situación complicada.</P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Aunque los problemas y soluciones no se pueden definir por adelantado, tampoco    se consideran agendas y reuniones formales de trabajo. En cambio, se mantiene    una comunicación&nbsp; frecuente sobre las diferentes situaciones que competen    a la estructura, favoreciendo el aprendizaje mutuo de cada grupo, así como el    intercambio de experiencias y opiniones –a menudo aleatorio- sobre todo lo que    se pretende dentro de la organización. Con este planteamiento de funcionamiento,    la organización asegura que cada participante está comprometido en la búsqueda    de ideas que pueden contribuir al progreso del grupo.</P>     <p>&nbsp;</P>     <P class=tit3><b>Una nueva idea de funcionamiento en las Organizaciones</b></P>     <p>Más  recientemente es el modelo de gestión de calidad total (GCT) desarrollado en la  última década del siglo XX, que persigue una síntesis integradora de eficacia en  la generación de productos y servicios, y de eficiencia en cuanto al logro de  utilidad y satisfacción para sus usuarios, revisando en profundidad, para ambos  propósitos, la participación del factor humano en el diseño y la operación  organizacionales.</P>     <p>Inicialmente (1991), se trató de reemplazar la supervisión directa por procedimientos    tecnológicos en la comprobación de la “conformidad al estándar” de producción,    lo que se entendió como “gestión de calidad”. De allí se pasó&nbsp; al concepto    de “calidad total”, al “dar cada vez mayor importancia a la satisfacción de    las expectativas de los clientes como eje central y principio básico de la calidad”(Moreno-Luzón,    Peris y González, 2001: 9).</P>     <p>En esta  perspectiva se consideraron elementos tan significativos en el mercado como los  costes de producción y los correlativos precios para los usuarios, y no tardó en  surgir la evidencia de que propósitos sólo parcialmente mensurables en su logro,  como la satisfacción de los usuarios, implicaban mayores alcances que la mera  evaluación de la eficacia del producto o servicio. Construyéndose, más  afinadamente, la noción de la calidad total, impulsada por los desafíos&nbsp;  que actualmente deben enfrentar las organizaciones. Estos retos pueden  sintetizarse en los siguientes puntos:</P>     <p>·&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Globalización de los mercados, que  ha supuesto un aumento de la competencia al añadir a ésta la dimensión  internacional, con una amplitud no conocida anteriormente.</P>     <p>·&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Clientes exigentes, con expectativas  y necesidades cambiantes y cada vez más elevadas.</P>     <p>·&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Aceleración del proceso tecnológico,  que implica ciclos de vida del producto cada vez más corto.</P>     <p>·&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Éxito de las formas pioneras, más  globales y participativas de gestión de la calidad (Moreno-Luzón, Peris y  González, 2001: 29).</P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Para todo  ello, “se facilitan o establecen condiciones más apropiadas para la  participación, el compromiso y la cooperación de los directivos y empleados ...  hacia una disciplina de carácter más estratégico y global para la empresa”  (Moreno-Luzón, Peris y González, 2001: 30). En esta dirección se reconocen y  formulan ocho principios genéricos y doce principios específicos de la CGT,  destacando entre los primeros la visión compartida de los miembros de la  organización, el clima organizativo y el aprendizaje organizativo, y entre los  segundos el liderazgo y compromiso de la dirección con la calidad, el cambio  cultural, la cooperación en el ámbito interno de la empresa, el trabajo en  equipo y la formación.</P>     <p>En esta  noción de liderazgo es necesario que los directivos se transformen en verdaderos  impulsores del proyecto. Si el compromiso y liderazgo del director general y sus  colaboradores es insuficiente, los cambios organizativos que debe producir la  implantación del sistema de calidad no tendrán el impacto suficiente, y las  prioridades que se deben orientar a la organización no serán suficientemente  difundidas y percibidas por sus miembros.&nbsp; </P>     <p>Puede  afirmarse, por tanto, “que el liderazgo y el compromiso de la dirección es un  principio motor (o causal), de cuyo nivel de cumplimiento se derivarán  consecuencias para el desarrollo de otros principios” (Moreno-Luzón, Peris y  González, 2001: 35). En el mismo sentido han insistido, acertadamente, otros  autores, con aplicabilidad para todo tipo de organizaciones Lucas Marín&nbsp; y  García Ruiz,&nbsp; con énfasis particular en los procesos de modernización del  aparato estatal (Rodríguez, Cereceda y Worlmad, 2001). Y colateralmente, esta  concepción implica un nuevo enfoque de la precisión de las diferencias entre  poder y autoridad, tema de vieja discusión.</P>     <p>Se  enfatiza, ahora, que el directivo no es tanto quien ejerce el poder inherente a  su cargo, sino que es reconocido como conductor de un proceso en el que suscita  el compromiso de otros, acepción cercana al origen del término autoridad (del  Latín augere, promover, suscitar). Donde el aspecto esencial de la visión es que  ésta, al constituir una concepción sobre lo que la empresa es y lo que será en  el futuro, se convierte en el sustrato de ideas más básico de la organización,  desde la cual se sustentan la misión, el propósito estratégico, y los grandes  objetivos de la empresa.</P>     <p>Sobre este  sustrato, “una organización podrá existir en la medida que haya personas que  estén dispuestas a aportar su esfuerzo o un sistema común de cooperación,  compartiendo un mismo objetivo o finalidad” (Moreno-Luzón, Peris y González,  2001: 135).</P>     <p>Consecuentemente, se respetan las responsabilidades específicas de  cada cual, se auspicia y reconoce su iniciativa y, como resultado de ello, se  introduce en la operación organizacional un saludable grado de flexibilidad  dentro de su visión y estrategia compartida. En este marco, será previsible  encontrar un alto grado de&nbsp; descentralización y control sobre el propio  trabajo. Puede tratarse, en suma,&nbsp; del colapso de la “artritis  organizativa” de instituciones con alta resistencia al cambio, y del “rigor  mortis” que afecta –por exceso de normas- la autonomía de pensamiento y acción  de las personas que trabajan en ellas (Aramayo, 2002).</P>     <p>Estas  patologías son características de las concepciones formalistas: la autoridad  burocrática o racional-legal surge cuando la gente insiste en que el ejercicio  del poder depende de la correcta aplicación de las reglas y procedimientos  formales. Aquellos que ejercen la autoridad burocrática deben ganarse sus  derechos de poder a través de medios proceduales, por ejemplo, demostrando  posesión o derechos de propiedad de una corporación, a través de la elección en  sistemas democráticos, o demostrando la cualificación profesional o técnica  apropiada en una meritocracia (Morgan, 1998: 146)</P>     <p>El tipo más  evidente de autoridad formal en la mayoría de las organizaciones es burocrático  y generalmente asociado a la posición que se tiene dentro de la  misma.</P>     <p>La  administración de la calidad total requiere de un proceso constante, que será  llamado Mejoramiento Continuo, donde la perfección nunca se logra pero siempre  se busca. El mejoramiento continuo es un proceso que describe muy bien lo que es  la esencia de la calidad y refleja lo que las empresas necesitan hacer si  quieren ser competitivas a lo largo del tiempo.</P>     <p>Es  comprensible que la GCT haya iniciado y consolidado su desarrollo en empresas  privadas, pero los principios&nbsp; que lo sustentan son igualmente válidos para  las organizaciones estatales, que crecientemente los han adaptado y los asumen  como propios. Ello se ha manifestado de modo particularmente visible en Europa,  donde la European Foundation for Quality Management desarrolló y difundió el  modelo conocido por su sigla EFQM (1991-99), actualmente mejorado por el EFQM de  excelencia.</P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Concibiendo, “la Administración (Pública) como un conjunto de órganos  e instituciones prestatarias de servicios requeridos por la sociedad, que  atienda la capacidad de elegir que tienen ciudadanos y usuarios, y que sepa  adaptarse continuamente a la evolución de sus exigencias de calidad en los  servicios” (Acebes, 1999: 7), en ella se ha asumido la gestión de calidad total,  fundamentada “en principios como la vocación humanista, el respeto de los  usuarios, la búsqueda de resultados y la implantación de la mejora continua, a  partir de la utilización del conocimiento y las nuevas tecnologías de la  información y las comunicaciones, en todas las partes de la organización”  (Acebes, 1999: 8). Esta nueva Administración sitúa a los ciudadanos y usuarios  en un lugar central, y a los funcionarios y empleados públicos como verdaderos  protagonistas del cambio.</P>     <p>De forma  sintética, aquello que da sentido al Modelo y su aplicación en la Administración  Pública queda resumido a la satisfacción de los clientes y usuarios de las  unidades administrativas, de su personal, y su impacto positivo en la sociedad  se consigue mediante un liderazgo que impulse permanentemente su planificación y  estrategia, la gestión de su personal, de sus recursos y de sus procesos hacia  la consecuencia de la mejora continua de sus resultados (Ministerio de  Administración Públicas, 1999: 15).</P>     <p>Desde  Europa, por sus efectos demostrativos, el modelo ha ejercido indudable atracción  sobre países del hemisferio cuyos Estados se interesan en modernizar su  Administración Pública. Es importante resaltar que este último propósito se  vincula estrechamente con la concepción y los éxitos de la Gestión de Calidad  Total, lo cual representa un giro trascendental, resultado de la sensibilidad  frente a la evolución organizativa de las empresas privadas. Y hasta entonces,  los grandes Estados habían mantenido sus estructuras organizativas  tradicionales, donde los Estados se sienten todopoderosos y en palabras de Max  Weber (1995:1074) “toda lucha por el poder con una burocracia&nbsp; estatal es  inútil”.</P>     <p>A lo más  asumen expresiones de la concepción original de burocracia, a la que - por su  génesis, status y poder-&nbsp; puede ser un honor y un motivo de prestigio  social pertenecer y formar parte. Quien así lo siente, es obviamente renuente al  cambio. Con todo, por su inmovilidad frente a entornos que van complejizándose,  y por la crisis en que entra la tensión entre autocracia y paternalismo, se hará  evidente –aunque mucho más tarde- el desgaste de aquella fórmula, y la  burocracia pasará a entenderse con connotaciones peyorativas, expresamente  referidas al ámbito estatal. Se marcarán, pues, considerables diferencias entre  la flexibilidad y experiencia de la estructura de las organizaciones  privadas,&nbsp;&nbsp; de un lado, y la rigidez e ineficacia de las estatales, de  otro.</P>     <p>El cambio  en estas últimas sólo aparecerá como necesidad ineludible cuando la exitosa  iniciativa privada incursione en terrenos hasta entonces reservados de hecho a  los grandes Estados, y cuando éstos progresivamente vayan perdiendo sus  posiciones coloniales –fuente principal de sus ingresos- y vean seriamente  mermados sus recursos en un mundo en que lo económico adquiere cada vez mayor  gravitación. Sobre este punto, vale la pena considerar la glosa que formulan  Bañón y Carrillo, que plantean la búsqueda de la eficiencia, donde la naturaleza  del Estado y su función social se revisan. La acción pública tiene que  justificar su utilidad en términos económicos y de apoyo social. Ya no basta con  el mero hecho de la existencia, el ser público, para justificar la bondad,  tampoco basta la producción y prestación de servicios. La legitimidad  administrativa no reside en el qué o en el cuánto, sino en el cómo (Banón y  Carrillo, 1997: 37). En efecto, la justificación de la administración es de  eficiencia y de necesidad social. La administración pública se contempla desde  fuera, desde el mercado, para exigirle que justifique su utilidad social.  Situación que ocurre principalmente en el mundo políticamente “consolidado” y  económicamente “desarrollado”, geográficamente concentrado en el hemisferio  norte del planeta.</P>     <p>Los nuevos  países que van surgiendo como naciones independientes a lo largo de los siglos  XIX y XX enfrentan una situación muy diferente: políticamente, tienden a  reproducir el modelo heredado de las grandes y antiguas monarquías de las cuales  se desgajaron con - sus notas de centralismo, verticalidad y estabilidad -, y  económicamente prosiguen siendo productores primarios - tal como habitual y  limitadamente durante su situación de dependencia; Y durante períodos de  considerable prolongación, organizan frondosas administraciones públicas de  corte tradicional y despliegan muy tardía y escasamente sus organizaciones  productivas privadas; ubicándose dentro de los países “subdesarrollados” o  –denominación posterior- “en vías de desarrollo”, situación que, según los  casos, aún mantienen o de la que muy incipientemente procuran salir; sobre todo  a partir del término de la Segunda Guerra Mundial, desde los países  desarrollados se impulsan programas de ayuda económica y técnica en su favor,  los que muchas veces no pasan de ser engañosos paliativos, cuando no hábiles  inversiones que aquellos realizan en su propio interés y beneficio.</P>     <p>Cuando el  esquema de relativo equilibrio entre los bloques de dos grandes potencias se  desmorona en la década de los 80, los ejes de la tendencia histórica se  desplazan en gran medida desde lo político hacia lo económico, tecnológico y  comunicacional; y las relaciones internacionales entran a plantearse  fundamentalmente en términos de globalización. La cual, propende manifiestamente  a significar una visión no sólo más unitaria sino también más uniforme del  mundo, y dentro de ella los países más pequeños y jóvenes o de menor desarrollo  ven condicionadas sus posibilidades de participación y aun de sobrevivencia a su  incorporación a modos de actuar medidos por determinados parámetros que,  impulsados por las naciones más gravitantes en el concierto mundial, se  transforman en indisimulables focos de presión sobre ellos.</P>     <p>Entre esos modos de actuar, está la capacitación más exigible de los recursos    humanos, competitividad económica dentro del sistema de mercado (crecientemente    liberalizado) y la nueva orientación conceptual de la función pública, con su    concomitante tecnificación (modernización del Estado).</P>     <p>&nbsp;</P>     <p><b>Organizaciones y desarrollo de la sociedad chilena</b></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Paulatinamente no solo se registran nuevas visiones que implican  avances en las técnicas y en la ciencia específica de la administración, sino  que se propone la inserción de éstas dentro de síntesis de mayor envergadura en  sus alcances. Y de algún modo, además de ser observable en el mundo de hoy la  globalización de los fenómenos, no menos lo es el intento de globalizar sus  interpretaciones epistemológicas en términos de generalidad e  interdependencia.</P>     <p>Mención  particular merece la aportación de Ludwig Von Bertalanffy (1976), quien plantea,  en su obra del mismo título, una “Teoría General de los Sistemas” que ha pasado  a adquirir el reconocimiento de clásica, y en la cual se abre un espacio de  interrelación entro todos los elementos y constituyentes de la sociedad, que  mueve a considerarlos y evaluarlos como interdependientes en un sistema total.  Ello lleva a “otro modo esencial de ver el mundo: el mundo como organización”  (Von Bertanlanffy, 1976: 196). </P>     <p>Se trata,  por lo general, de concepciones generadas en el hemisferio norte, y que acaso  son correlativos a la necesidad de recuperar una cosmovisión unitaria frente a  la superespecialización que allí se ha alcanzado.</P>     <p>América  Latina no se ha caracterizado –salvo contadas excepciones- por hacer  contribuciones señeras a estos impulsos meliorativos o, más específicamente, a  su sustento conceptual. Como en muchos otros campos, en ella más bien se han  acogido el eco de innovaciones y teorías provenientes del mundo  desarrollado.</P>     <p>La más  comentada aportación original, donde esta región del planeta tiene su expresión,  es la teoría autopoiética propuesta por dos biólogos chilenos, Humberto Maturana  y Francisco Varela (1998), inicialmente referida a su campo disciplinario  específico y luego extendida –en parte por ellos mismos, en parte por otros  pensadores- a más amplios ámbitos, entre los cuales encontramos el sistema  social, diferente a pesar de que vive de los sistemas vivos que le dan orígen. Y  lo que confunde es la intersección estructural de los sistemas, la realización  de dos o más sistemas distinto por medio de la misma estructura o de los mismos  componentes estructurales. En la intersección estructural las distintas  organizaciones de los sistemas que se intersectan, no se intersectan, y  permanecen distintas dando origen a sistemas que existen como totalidades  diferentes en espacios distintos. No hay intersección de organizaciones, ni  puede haberlas, porque la distinción implica la organización, y al distinguir  sólo surge la organización implicada por la operación de distinción. Esto es,  las distintas organizaciones que implicamos con las diferentes palabras que  usamos, permanecen independientes y distinguibles entre sí, a pesar de la  intersección de sus distintas realizaciones estructurales. La identidad del  sistema queda especificada sólo en su organización, no en su estructura  (Maturana, 1998: 20).&nbsp;&nbsp; </P>     <p>En lo  fundamental, tenemos mucho escepticismo sobre la extensión del concepto más allá  del área para la que fue pensado, es decir la caracterización de organización de  los sistemas vivos en su expresión mínima. Aunque no hay una razón a priori,  después de todos estos años la conclusión es que una extensión a niveles  “superiores” no es fructífera y que debe ser dejada de lado, aun para  caracterizar un organismo multicelular. Por el contrario, el ligar la autopiesis  como una opción epistemológica más allá de la vida celular, al operar del  sistema nervioso y los fundamentos de la comunicación humana, es claramente  fructífero (Varela, 1998, 52).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </P>     <p>Intentaremos, por a su abstrusa formulación,&nbsp; sintetizar los  aspectos nucleares de la teoría en comento.</P>     <p> Maturana y Varela basan sus argumentos en la idea de que los sistemas vivos    se distinguen por tres características: autonomía, circularidad y auto-referencia.    Estas dirigen la capacidad de auto-crear o auto-conservarse. Maturana y Varela    han acuñado el término de autopoiesis (del griego “poiesis”, capacidad de producir)    para referirse a la capacidad de la auto-producción a través de un sistema de    relaciones cerradas. Contienden que el objetivo final de tales sistemas es producirse    a sí mismos: su propia organización e identidad es su producto más importante.</P>     <p>El  contenido constitutivo de su propuesta se enmarca, pues, en el concepto de  autorreferencia, que proviene de la cibernética y tiene evidentes aplicaciones  en las neurociencias. De acuerdo con el mismo, un sistema es diferente de su  entorno y sólo puede entenderse desde esa diferencia, incluida en su  constitución. </P>     <p>A partir de  ello, Maturana y Varela construyen su teoría, según la cual un sistema (llamado  autopoiético) “puede crear su propia estructura y los elementos de que se  compone”. “El modelo esencial de estos sistemas son los seres vivos, y la  autopoiesis o autocreación, es para Maturana, el rasgo característico de todo  sistema vivo”(Izuzquiza, 1990: 19).&nbsp; Actualmente, el ámbito de aplicación  de la teoría de la autopoiesis se ha extendido a áreas más amplias; y entre  quienes –en la línea de Maturana y Varela- han intentado una visión más  comprehensiva de los fenómenos, destaca Luhumann (1997), con su diseño de una  teoría general de la sociedad, en diálogo con la teoría de sistemas, la  cibernética, la teoría de la comunicación, la teoría de la organización y otras  de diferentes ámbitos. </P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Lo  acicatea, para ello, la complejidad de los fenómenos entendida, en sentido  positivo, como “conjunto de referencias dinámicas a la realidad” y,  consecuentemente, como “posibilidad de combinar diferentes y variados contenidos  de acuerdo con una determinada conexión”<SUP>  </SUP>(Izuzquiza, 1990: 57). Dichos diferentes contenidos corresponden a  las teorías con las cuales entabla diálogo. Sobre esa base, avanza hacia su  teoría de sistemas.</P>     <p>Luhumann no  sólo admite los conceptos de autorreferencia y autopoiesis, aunque&nbsp; en  algunos aspectos diverge de las teorías iniciales al respecto, sino que las  combina. “De este modo, al unir la autorreferencia –que hace al sistema incluir  en sí mismo el concepto de entorno- y la autopoiesis - que posibilita al sistema  elaborar, desde sí mismo, su estructura y los elementos de que se compone -,  Luhmann posee una base teórica que aplicará universalmente a su propia teoría”  (Izuzquiza, 1990: 19).</P>     <p>Al  vincularlas a la teoría de sistemas, entiende que la autopoiesis supone una  organización cerrada de diferentes procesos de producción que generan la  organización del organismo que la posee y producen un límite que permite  identificar a tal organismo como unidad particular. Si unimos este aspecto a la  teoría de sistemas – y ello es lo que interesa a Luhmann -, podremos considerar  que la autopoiesis es la operación de un sistema, mediante la cual el sistema  crea sus propias unidades y su propia estructura (Izuzquiza, 1990:  110-111).</P>     <p>Esta  concepción del autor alemán puede enfocarse como un fuerte fundamento teórico  para el proceso de mejoramiento continuo – y, por ende, el ingrediente de  flexibilidad- que ha de caracterizar a los proyectos de modernización, según  oportunamente destacaremos.</P>     <p>En efecto,  “toda unidad tiene una organización especificable en términos de relaciones  estáticas o dinámicas, relaciones entre elementos o relaciones entre procesos o  ambos. Entre estos casos posibles, las máquinas autopoiéticas son unidades cuya  organización queda definida por una concatenación particular de procesos  (relaciones) de producción de componentes mismos o sus relaciones estáticas”  (Maturana y Varela, 1998: 69).&nbsp; </P>     <p>“Es por  esta razón que podemos decir que cada vez que esta organización se concreta en  un sistema real, el dominio de deformaciones que este sistema puede compensar  sin perder su identidad deviene en dominio de cambios en el cual el sistema,  mientras existe, mantiene constante su organización” (Maturana y Varela, 1998:  70) </P>     <p>Las  máquinas autopoiéticas no tienen entradas ni salidas. Pueden ser perturbadas por  hechos externos, y experimentar cambios internos que compensan esas  perturbaciones. Si éstas se repiten, la máquina puede pasar por series  reiteradas de cambios internos, que pueden ser o no los mismos. Sin embargo,  cualquier serie de cambios internos que se produzca está siempre subordinada a  la conservación de la organización de la máquina, siendo esta condición  definitoria de las máquinas autopoiéticas (Maturana y Varela, 1998: 71).&nbsp;  </P>     <p>“Una  organización puede permanecer constante siendo estática, o manteniendo  constantes sus componentes, o bien manteniendo constantes las relaciones entre  componentes que por otra parte están en continuo flujo o cambio” (Maturana y  Varela, 1998: 72).</P>     <p>En análogo  sentido se explayan las consideraciones de Morgan (1998), otro de los pensadores  que muestran la aplicabilidad de la teoría de la autopoiesis al campo  organizacional. En relación con la dinámica del mejoramiento continuo, estimamos  capitales las siguientes aseveraciones suyas:</P>     <p>Estas ideas  teóricas tienen implicaciones muy importantes. Si los sistemas están gobernados  para mantener su propia identidad y si las relaciones con el entorno se  determinan internamente, entonces los sistemas pueden envolver y cambiar  solamente con cambios auto-generados en identidad. ¿Cómo puede ocurrir esto?  Cuando se reconoce que la identidad conlleva el mantenimiento de un conjunto  recurrente de relaciones, se ve rápidamente que el problema del cambio depende  del modo en que los sistemas tratan las variaciones que influyen su forma  corriente de funcionar. Nuestra atención se dirige al proceso que intenta  mantener su identidad ignorando o contrarrestando fluctuaciones amenazadoras y  del modo que las variaciones pueden conducir al nacimiento de nuevos modos de  organización. Su trabajo recalca que los sistemas pueden mantener identidades  estables sostenidos por procesos de retroacciones negativas que les permitan  detectar y corregir desviaciones de las normas de actuación y puedan envolver  desarrollando capacidades de aprendizaje que les permita modificar esas normas  teniendo en cuenta las nuevas circunstancias (Morgan, 1998: 226-227).  </P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Empero, los  autores mismos de la teoría de la autopoiesis son cautos ante las  extrapolaciones, con lo cual nos invitan a serlo “amenos que se cometan  equivocaciones, si se toman correctamente todas las relaciones que definen el  contexto particular en que se hace la predicción, ésta es válida. Los errores de  interpretación sólo pueden surgir por aplicación errónea, pretendiendo que uno  hace una predicción en un contexto, en circunstancias que está haciéndola en  otro” (Maturana y Varela, 1998: 118).&nbsp; </P>     <p>Por otra  parte, la forma esencial de operación que permite a Luhumann calificar como  autopoiético el sistema social, es la comunicación, cuya importancia en las  organizaciones también ponemos de relieve en el lugar correspondiente de este  trabajo.</P>     <p>No  obstante, resulta prudente entender que, en la situación actual, estas  concepciones todavía constituyen, más bien, horizontes iluminadores que se  presentan como estímulos y desafíos, más que estar traducidos en caminos  operativos, dentro de los cuales puedan ofrecer parámetros de análisis de  procesos específicos en curso; y parece razonable aguardar su incorporación  aplicada al campo propio del análisis organizacional dentro de un contexto más  general, si ella efectivamente llega a ocurrir.</P>     <p>Reconociendo su potencialidad como aportación epistemológica, parece  equitativo acoger el buen criterio de la referencia de R. Farson a las modas  .....los administradores van de un programa de capacitación de moda a otro, a  medida que sus organizaciones siguen dejándose llevar por las nuevas tendencias,  nuevas definiciones de administración, nuevas frases que motivan. Hace años,  hablábamos acerca de “liderazgo”, después la palabra clave era “moral”, más  tarde fue “motivación”, luego “comunicación”, después “cultura”, luego  “calidad”, “caos”, para luego volver a “liderazgo”. A lo largo del camino nos  sacudieron palabras de moda como “cero defecto”, “administración por objetivos”,  “círculos de calidad”, “administración de calidad total (TQM)”, “giro  paradigmático” y “reingeniería” (Johansen, 2000: 240).&nbsp; </P>     <p>Por ello, junto con valorar como orientaciones sus aspectos positivos, a la    hora del análisis hay que seguir más de cerca a autores clásicos, de probada    vigencia a través del tiempo. Y recordar que las Organizaciones son el reflejo    de nuestra vida como sociedad. Donde la representación de los individuos, se    materializa en la eficiencia y la funcionalidad de las instituciones que los    agrupan y pone en contacto con otros seres iguales. Desconocer la evolución    y modificación de las organizaciones en su historia, sería como olvidar la evolución    del hombre en la misma medida.</P>     <p>&nbsp;</P>     <p><b>Referencias</b></P>     <p>Acebes, Ángel (1999) Presentación. Ministerio de  Administración Pública, 1999. Guía de autoevaluación para la administración  pública. España: Boletín oficial del Estado.</P>     <p>Aramayo, Raúl (2002) Por qué fracasan la mayoría de los  programas de calidad total. Cuality Consultant. Extraído el 20 de enero, 2004,  de <A href="http://www.cuality-consultin/" target="_blank">http://www.cuality-consultin</A>.</P>     <p>Bañón, Ramón y Carrillo, Eduardo (1997) La nueva  administración pública. España: Universidad.</P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Chiavenato, Idalverto (2000) Introducción a la Teoría  General de la Administración. México: McGRAW-HILL.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S1645-9911200900020001000001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p>Izuzquiza, Ignacio (1990) La sociedad sin hombres: Niklas  Luhmann o la teoría como escándalo. España: Anthropos.</P>     <p>Johansen, Oscar (2000) Las modas en administración.  Chile: Gestión.</P>     <p>Maturana, Humberto y Varela, Francisco (1998) De máquinas  y seres vivos. Autopoiesis: la organización de lo vivo. Chile:  Universitaria.</P>     <p>Mintzberg, Henry (1970/1988) La estructura de las  organizaciones. España: Ariel.</P>     <p>Moreno-Luzón, Pérez y González (2001) Gestión de la  calidad y diseño de organizaciones. Teoría y estudio de casos. Madrid: Prentice  Hall.</P>     <p>Morgan, Garrette (1998) Imágenes de la organización.  México: Alfaomega.</P>     <p>Olmedo, José (1994) Ciencias de la administración.  España: Addenda.</P>     <p>Rodríguez, Cereceda y Worlmad (2001) La participación en  el proceso de modernización de reparticiones estatales en Chile. En Antonio  Lucas y Andrés García (Eds), Formación para la participación ciudadana. Las  organizaciones en el siglo XXI (pp 159-176). Buenos Aires: Lumen.</P>     <p>Von  Bertanlanffy, Ludwing (1968/1976) Teoría General de los Sistemas. México: Fondo  de Cultura Económica.</P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Weber, Max (1922/1995) Economía y sociedad. España: Fondo de Cultura Económica.</P>     <p>&nbsp;</P>     <p><b>Notas Curriculares</b></P>     <p><B>Carlos  Livacic Rojas</B>,  Doctor en Sociología, Profesor de la Universidad Central de Chile, es miembro de  la Asociación Iberoameircana de Sociología de las Organizaciones y de la  Asociación Internacional de Sociología. Su trayectoría académica, está centrada  en áreas relativas a la Modernización del Estado, Capital Humano y Transparencia  de la Gestión. Además, ya tiene tres libros como Compilador, y acaba de terminar  este año 2009, una investigación en Chile, acerca de Educación y Empleabilidad  en Mujeres.</P>      ]]></body><back>
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<surname><![CDATA[Chiavenato]]></surname>
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<source><![CDATA[Introducción a la Teoría General de la Administración]]></source>
<year>2000</year>
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