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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La configuración invisible del espacio digital: el caso de Facebook]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Neutrality does not exist in the Internet. The digital space can be automatically adapted to each user's profile. Internet companies can access even with no permission to our personal data, and can adapt content to it customizing our news feed silently, thus determining our web experience. This exploratory research, firstly addresses the description of the digital public space. Secondly, it proposes a typology of digital spaces that are defined by the degree of adaptation of content to the user. Finally, it presents a case study of personalized digital social space. Specifically, the study focuses on the Facebook case and uses as main reference the experiment conducted by the social network Facebook, which involved altering the contents of the News Feed of 689.000 people]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p><b>La configuraci&oacute;n invisible del espacio digital: el caso de Facebook<sup><a href="#1">1</a></sup><a name="top1"></a></b></p>     <p><b>The invisible setting of digital space: the Facebook case</b></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b>Lorena Cano-Or&oacute;n*, Germ&aacute;n Llorca-Abad**</b></p>     <p>* Universidad de Valencia, Espa&ntilde;a</p>     <p>** Universidad de Valencia, Espa&ntilde;a</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b>RESUMEN</b></p>     <p>La neutralidad en la red no existe. El espacio digital puede ser adaptado de    forma autom&aacute;tica al perfil de cada usuario. Sin que este tenga que identificarse,    las empresas de gesti&oacute;n de contenidos en Internet disponen de suficientes    datos de cualquier individuo para poder filtrar los resultados de su b&uacute;squeda    y <i>personalizarlos</i>, sin previo aviso, condicionando as&iacute; su experiencia    en la red. Esta investigaci&oacute;n, de car&aacute;cter exploratorio, aborda    en primer lugar la descripci&oacute;n del espacio p&uacute;blico digital. En    segundo lugar, plantea una tipolog&iacute;a de espacios digitales que se definen    en funci&oacute;n del grado de adaptaci&oacute;n de los contenidos al usuario.    Finalmente, presenta un an&aacute;lisis de caso de espacio social digital personalizado.    Concretamente, el estudio se centra en el caso de Facebook y utiliza como referencia    el experimento llevado a cabo por la red social Facebook<i>,</i> que implic&oacute;    la alteraci&oacute;n de los contenidos del <i>News Feed</i> de 689.000 personas.</p>     <p><b>Palabras clave:</b> Personalizaci&oacute;n, espacio p&uacute;blico digital,    Burbuja de filtros, Facebook, News Feed, algoritmos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>     <p><b>ABSTRACT</b></p>     <p>Neutrality does not exist in the Internet. The digital space can be automatically    adapted to each user's profile. Internet companies can access even with no permission    to our personal data, and can adapt content to it customizing our news feed    silently, thus determining our web experience. This exploratory research, firstly    addresses the description of the digital public space. Secondly, it proposes    a typology of digital spaces that are defined by the degree of adaptation of    content to the user. Finally, it presents a case study of personalized digital    social space. Specifically, the study focuses on the Facebook case and uses    as main reference the experiment conducted by the social network Facebook, which    involved altering the contents of the News Feed of 689.000 people.</p>     <p><b>Keywords:</b> Personalization, digital public space, Filter bubble, Facebook,    News Feed, algorithm.</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b>Introducci&oacute;n</b></p>     <p>Internet tiene un enorme protagonismo en la sociedad actual, tanto en el &aacute;mbito    laboral como en el personal. La esfera digital se est&aacute; convirtiendo en    el espacio p&uacute;blico de referencia, al ser ese lugar de reuni&oacute;n    en el que no solo encontramos toda la informaci&oacute;n que necesitamos, sino    donde adem&aacute;s realizamos aportaciones personales, precisamente por el    car&aacute;cter interactivo que fomenta la red. La cultura de compartir parece    formar parte del ADN digital y refiere a la idea de difundir, para todos los    p&uacute;blicos, cualquier tipo de informaci&oacute;n que consideremos relevante,    ya sea de tipo general o personal (Castells, 2012; Jarvis, 2012; Shirky, 2012;    Han, 2013; Llorca-Abad y Cano-Or&oacute;n, 2015).</p>     <p>Esta forma de comportamiento resulta positiva por muchos motivos. Por ejemplo,    por la liberaci&oacute;n de una gran cantidad de informaci&oacute;n y de conocimiento    en la red y las oportunidades de creaci&oacute;n y colaboraci&oacute;n en grandes    proyectos (Jarvis, 2012; Shirky, 2012). No obstante, tambi&eacute;n supone introducir    y producir mucha informaci&oacute;n sobre uno mismo en la esfera digital; lo    que supone una p&eacute;rdida de privacidad inmediata. Esto es debido a la estructura    y el funcionamiento <i>invisible</i> de la red, que permite registrar con gran    precisi&oacute;n los movimientos virtuales del usuario sin su conocimiento expl&iacute;cito.    Las causas que explican esta falta de conciencia sobre lo que sucede son m&uacute;ltiples.    Es nuestra huella digital<sup><a href="#2">2</a></sup><a name="top2"></a>, tanto    la activa como la pasiva<sup><a href="#3">3</a></sup><a name="top3"></a>, la    que nos convierte en personas identificables y potencialmente controlables,    sobre todo a partir del avance en las tecnolog&iacute;as de extracci&oacute;n    de datos en la red.</p>     <p>La actividad que llevamos a cabo en la red puede que no tenga valor a simple    vista y esa es, precisamente, la causa por la que no recelamos del acceso que    las aplicaciones tienen a nuestros datos. Sin embargo, nuestra actividad diaria    en la red genera una informaci&oacute;n que es muy atractiva para empresas y    gobiernos. La falta de formaci&oacute;n en el modo en el que utilizamos la red    implica que, en general, no sabemos gestionar nuestra privacidad en ella. Y    nuestros datos y los de nuestros contactos son capturados, cribados y clasificados    por entidades a las que no se los hab&iacute;amos facilitado en primer t&eacute;rmino.    Y es as&iacute; como las empresas y los gobiernos obtienen <i>carta blanca</i>    para explotar el Big Data<sup><a href="#4">4</a></sup><a name="top4"></a>, es    decir, el negocio donde la vigilancia y el mercado se fusionan (Han, 2014).</p>     <p>Por supuesto, el objetivo principal de las empresas privadas de la red es obtener    el m&aacute;ximo beneficio. En esta misi&oacute;n, el Big Data colma fielmente    sus intereses. Gracias a las correlaciones y segmentaciones de poblaci&oacute;n    que posibilita, se hace posible clasificar a los usuarios atendiendo a m&uacute;ltiples    variables. Y, una vez est&aacute;n clasificados, &iquest;qu&eacute; ocurre?    &iquest;Qu&eacute; trato especial reciben nuestros datos? &iquest;Qu&eacute;    puede implicar el seguimiento de la poblaci&oacute;n a partir de su comportamiento    en la red? Una de las respuestas es que puede utilizarse dicha informaci&oacute;n    para adaptar los contenidos al usuario a partir de un an&aacute;lisis oculto    de su perfil. Esta investigaci&oacute;n se centra en analizar dicha personalizaci&oacute;n    involuntaria de los espacios p&uacute;blicos virtuales, que se realiza de forma    autom&aacute;tica, en funci&oacute;n del comportamiento digital y de los datos    que generamos al interactuar en la red.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>     <p><b>Espacio p&uacute;blico digital</b></p>     <p>Entendemos el espacio p&uacute;blico como un lugar de debate e intercambio    de ideas acerca de las cuestiones con inter&eacute;s general, que permite la    construcci&oacute;n de una opini&oacute;n p&uacute;blica. Cuando trasladamos    esta idea a Internet, podr&iacute;amos decir que el concepto de esfera p&uacute;blica    digital encajar&iacute;a en todos los portales web de libre acceso que conforman    la red y que tienen como objetivo ser una herramienta para que la ciudadan&iacute;a    pueda, en un sentido generoso, comunicarse, compartir, debatir e intercambiar    ideas sobre cualquier cuesti&oacute;n; tambi&eacute;n las de inter&eacute;s    general y/o p&uacute;blico.</p>     <p>Internet se presenta como un espacio de comunicaci&oacute;n muy flexible en    el que multitud de tipos diferentes de formas de comunicar son posibles. Tambi&eacute;n    un espacio de espacios en el que se abre una esfera p&uacute;blica digitalizada,    mucho m&aacute;s accesible que aquella que permit&iacute;an las tecnolog&iacute;as    que defin&iacute;an las sociedades <i>massmedi&aacute;ticas</i>. Se han multiplicado    las voces con acceso a los debates de las cuestiones de inter&eacute;s p&uacute;blico,    donde los productores de la informaci&oacute;n no son s&oacute;lo ya las grandes    empresas medi&aacute;ticas, sino tambi&eacute;n los ciudadanos. Sin embargo,    a pesar de toda la literatura positiva al respecto, existe una brecha digital    que matiza cualquier apriorismo. Este espacio p&uacute;blico digital excluye,    de entrada, a aquellas personas que no tienen un nivel econ&oacute;mico, o de    conocimientos (Llorca-Abad, 2012), suficiente como para formar parte de estos    procesos de comunicaci&oacute;n. No hay igualdad de condiciones de acceso y    uso, incluso a pesar de la flexibilidad mencionada, la gratuidad de muchas herramientas    y la aparente facilidad de uso de la web 2.0. Se trata tambi&eacute;n de un    factor condicionante que la gran mayor&iacute;a de servicios que son accesibles    en la red sean propiedad de empresas privadas. No se trata de criticar a la    empresa privada, pero no debe obviarse en el an&aacute;lisis que su objetivo    prioritario no es el bien com&uacute;n, sino maximizar beneficios, y este detalle    es crucial para entender el funcionamiento de la red. Como subraya boyd (2016),    Facebook no es un ente ben&eacute;volo cuya &uacute;nica misi&oacute;n es facilitar    la comunicaci&oacute;n entre amigos, Facebook es una empresa, y, de alguna forma    tiene que sacar sus beneficios.</p>     <p>El espacio p&uacute;blico digital ni es neutro ni todas las personas tienen    las mismas posibilidades de servirse de &eacute;l. En Internet no s&oacute;lo    no se resuelve la desigualdad social, sino que incluso cobran m&aacute;s fuerza    otros conflictos, como la circulaci&oacute;n de rumores, estafas, acoso, delitos    cibern&eacute;ticos, etc.; que se producen porque el infractor sabe c&oacute;mo    utilizar la red en su propio beneficio. En este sentido, deber&iacute;a promoverse    la adquisici&oacute;n de las competencias digitales b&aacute;sicas en todas    las personas. Por un lado, esto permitir&iacute;a la toma de conciencia sobre    el funcionamiento real de la comunicaci&oacute;n en la red y la supuesta experiencia    individualizada que promete y, por otro lado, sobre qui&eacute;n tiene acceso    y c&oacute;mo usa nuestra informaci&oacute;n.</p>     <p>El nuevo espacio p&uacute;blico implica un proceso de individuaci&oacute;n    digital e individualizaci&oacute;n f&iacute;sica, un aislamiento del medio que    nos rodea para contextualizarnos en aquello que solo est&aacute; ocurriendo    o se comunica en lo virtual. A la vez, supone un proceso de supuesta socializaci&oacute;n    a trav&eacute;s de dispositivos de todo tipo que posibilitan un estado de h&iacute;perconectividad    constante. Y esto supone, desde una perspectiva sociol&oacute;gica, que los    l&iacute;mites entre la privacidad y el espacio p&uacute;blico digital se diluyan.</p>     <p>Un buen ejemplo de este fen&oacute;meno es el que sugiere la frase <i>si no    est&aacute; publicado, es que no ha ocurrido</i>, puesto que la h&iacute;perconectividad    implica a su vez una cierta obsesi&oacute;n por la h&iacute;pervisibilidad;    es decir, una suerte de satisfacci&oacute;n de pulsiones esc&oacute;picas que    se canalizan a trav&eacute;s de las tecnolog&iacute;as digitales y las formas    de comunicaci&oacute;n asociadas. Nosotros y nuestros contactos virtuales tendemos    a hacer p&uacute;blicos datos que nos identifican y que forman parte en realidad    de nuestra vida &iacute;ntima. Esta actividad sirve para proyectar una presencia    digital que genera un perfil determinado que se ajusta a un <i>yo ideal</i>.    La idea subyacente es clara: cuanta m&aacute;s visibilidad mejor, cuantos m&aacute;s    <i>me gusta </i>o cuantos m&aacute;s comentarios, mejor. El fil&oacute;sofo    Byung-Chul Han (2013), en la l&iacute;nea de otros autores (Foucault, 1983;    Virilio, 1997)<sup><a href="#5">5</a></sup><a name="top5"></a>, ha acu&ntilde;ado    el concepto de <i>Sociedad de la Exposici&oacute;n</i> para describir este fen&oacute;meno.</p>     <p>El internauta medio crea una identidad digital a partir de la informaci&oacute;n    que sobre &eacute;l va introduciendo en la red. Esta informaci&oacute;n incluye    estados de &aacute;nimo, pensamientos, lugares en los que se encuentra, fotograf&iacute;as    de esos lugares, la m&uacute;sica que escucha, los libros que lee, las noticias    que enlaza y cualquier tipo de recomendaci&oacute;n que haga. Tambi&eacute;n    incluye datos sobre sus gustos personales, parte de su biograf&iacute;a, lugar    de trabajo y residencia, n&uacute;meros de tel&eacute;fono y correos electr&oacute;nicos    (Brake, 2014). Aunque los usuarios son cada vez m&aacute;s conscientes de su    privacidad social y, dependiendo del tipo de p&uacute;blico que puede acceder    a su publicaci&oacute;n<sup><a href="#6">6</a></sup><a name="top6"></a>, publican    un tipo de informaci&oacute;n u otra (Bazarova y Choi, 2014), se descuida la    privacidad instrumental y toda la informaci&oacute;n queda registrada en la    misma plataforma. Y esto es como hacer p&uacute;blica una parte de la intimidad    que, a la vez que enriquece el <i>yo digital</i>, permanece en Internet sin    que sea posible tener un control real sobre qui&eacute;n accede y usa esa informaci&oacute;n    (Brake, 2014; Bazarova y Choi, 2014).</p>     <p>Esta difusi&oacute;n de datos contribuye a una p&eacute;rdida de intimidad    (Tello, 2013). Gracias a los avances tecnol&oacute;gicos en el rastreo de informaci&oacute;n,    se han multiplicado las posibilidades de intrusi&oacute;n de terceros en nuestras    vidas privadas y de vigilancia de nuestra actividad. Sin ir m&aacute;s lejos,    Facebook monitoriza la actividad de los usuarios fuera de su red gracias a la    incorporaci&oacute;n por parte de terceros del bot&oacute;n &lsquo;me gusta&rsquo;    en sus p&aacute;ginas web. El potencial de esta recogida es muy significativo,    pues &ldquo;it can easily link the browsing behavior of its users to their real    world identities, social network interactions, offline purchases, and highly    sensitive data such as medical information, religion, and sexual and political    preferences&rdquo; (Acar <i>et al</i>. 2015: 2). Es por ello que algunas voces    (Rheingold, 2004 y Tremblay, 2006) reclaman desde hace tiempo un refuerzo mayor    en la protecci&oacute;n de nuestra informaci&oacute;n personal. Un reciente    estudio<sup><a href="#7">7</a></sup><a name="top7"></a>, realizado por miembros    de las Universidades de Cambridge y Stanford, ha demostrado que a partir del    an&aacute;lisis automatizado de los <i>me gusta</i> de Facebook, se obtiene    un perfil de la personalidad de las personas mucho m&aacute;s exacto del que    puedan tener sus amigos, familiares o incluso parejas sentimentales. Es decir,    s&oacute;lo con los <i>me gusta</i> que una persona marca en la red social,    un algoritmo es capaz de realizar un perfil psicol&oacute;gico<sup><a href="#8">8</a></sup><a name="top8"></a>    m&aacute;s fidedigno del que pudieran realizar sus conocidos reales (Youyou,    Kosinski &amp; Stillwell, 2015).</p>     <p>En la conclusi&oacute;n de su trabajo, los autores reparan en los posibles    usos que podr&iacute;a tener en el futuro este conocimiento tan afinado de la    personalidad de los usuarios. Adem&aacute;s de lo que ya se hace, como la personalizaci&oacute;n    de los mensajes publicitarios, destaca el cruce de informaci&oacute;n sobre    la personalidad y la idoneidad del puesto de trabajo. Tambi&eacute;n aventuran    que en un futuro &ldquo;people might abandon their own psychological judgments    and rely on computers when making important life decisions, such as choosing    activities, career paths, or even romantic partners&rdquo; (Youyou, Kosinski    &amp; Stillwell, 2015: 4). Un futuro que no queda tan lejos. A principios de    2015, la Universidad de Santa Clara en California, lanz&oacute; una <i>app</i>    para ayudar a tomar decisiones &eacute;ticas<sup><a href="#9">9</a></sup><a name="top9"></a>.    M&aacute;s all&aacute; de lo anecd&oacute;tico, coincidimos en la preocupaci&oacute;n    de los autores sobre la necesidad de implementar el control de la huella digital    de los usuarios: &ldquo;knowledge of people&rsquo;s personalities can also be    used to manipulate and influence them&rdquo; (Youyou, Kosinski &amp; Stillwell,    2015: 4).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El potencial peligro de estos usos no es s&oacute;lo la gran capacidad de vigilancia    que posibilita la estructura de la red, sino tambi&eacute;n el control sobre    lo que piensa el usuario que puede llegar ejercerse sobre &eacute;l. Cuando    estas empresas utilizan los datos generados por el usuario para elaborar un    perfil o un patr&oacute;n de conducta, esta informaci&oacute;n puede utilizarse    para alterar su visi&oacute;n del espacio p&uacute;blico, orden&aacute;ndola    seg&uacute;n una combinaci&oacute;n de intereses del usuario y de la empresa,    atendiendo a las caracter&iacute;sticas que crean convenientes. De ser as&iacute;,    estar&iacute;amos hablando de un control ideol&oacute;gico, de un control mental,    que es inconsciente para el usuario.</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b>Personalizaci&oacute;n y posibles consecuencias</b></p>     <p>El uso de motores de b&uacute;squeda implica, de entrada, <i>prescindir</i>    de la mayor parte de informaci&oacute;n contenida en la red, puesto que dichos    motores establecen una <i>selecci&oacute;n</i> a partir de los criterios introducidos.    Atendiendo a la variable de acceso a la red, Fornas (2003) distingue tres tipos    de Internet: la <i>Internet global</i>, que es la informaci&oacute;n libre a    la que podemos tener acceso a trav&eacute;s de buscadores y protocolos de internet.    La <i>Internet invisible o profunda</i>, que es 500 veces mayor que la Internet    global (Bergman, 2001)<sup><a href="#10">10</a></sup><a name="top10"></a>, que    es la informaci&oacute;n que no est&aacute; indexada por los buscadores de forma    autom&aacute;tica. Se trata de una red tambi&eacute;n libre a la que podemos    acceder desde cualquier ordenador, pero debemos conocer la direcci&oacute;n    la URL. La <i>Internet oscura</i> es el conjunto de redes restringidas, servidores    y redes privadas (hosts), cuya utilizaci&oacute;n s&oacute;lo es posible con    una autorizaci&oacute;n o con softwares espec&iacute;ficos (Gehl, 2016).</p>     <p>Esta distinci&oacute;n prueba que el acceso a la informaci&oacute;n de la web    es restringido. Asimismo, la b&uacute;squeda de informaci&oacute;n se realiza    principalmente de forma individualizada, o personalizada, lo que implica tambi&eacute;n    una limitaci&oacute;n al tipo de informaci&oacute;n a la que se accede. Aqu&iacute;,    entendemos personalizaci&oacute;n como una forma de filtraje de la informaci&oacute;n    (Bozdag, 2013), un ajuste o modificaci&oacute;n de los aspectos de la web que    est&aacute;n expuestos al usuario para adecuarse a sus gustos y necesidades    (Wu <i>et al</i>., 2003). Por este motivo, la visualizaci&oacute;n de un espacio    p&uacute;blico en la red es siempre en funci&oacute;n de una acci&oacute;n individual,    asociada a un uso tambi&eacute;n individualizado de datos (Steichen et al.,2012).    En &uacute;ltima instancia, los resultados de estas b&uacute;squedas y acciones    pueden ser involuntarios. Tal y como hemos sugerido, las empresas proveedoras    de acceso y servicios a la web pueden utilizar la informaci&oacute;n personal    de cada usuario para presentar una informaci&oacute;n <i>m&aacute;s all&aacute;</i>    de su voluntad consciente. En otras palabras, los resultados de las b&uacute;squedas    de informaci&oacute;n est&aacute;n condicionados por la estructura de metadatos    y funcionamiento de la web.</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b>Resultados de b&uacute;squeda <i>no deseados</i>. Personalizaci&oacute;n    involuntaria<sup><a href="#11">11</a></sup><a name="top11"></a></b></p>     <p>La digitalizaci&oacute;n de la informaci&oacute;n ha permitido que ingentes    cantidades de datos puedan almacenarse, transmitirse y procesarse f&aacute;cilmente.    En este sentido, es relativamente sencillo para las empresas de gesti&oacute;n    de datos y tr&aacute;fico web introducir un sesgo en la informaci&oacute;n a    la que accedemos. Este sesgo se elabora a partir del an&aacute;lisis de la informaci&oacute;n    personal que hemos <i>cedido</i> a partir de nuestra actividad web. As&iacute;,    el acceso a trav&eacute;s de diferentes modos al espacio p&uacute;blico digital    es, en realidad, el acceso a unos entornos cuyo contenido ha sido <i>dise&ntilde;ado</i>    sin el consentimiento expl&iacute;cito del usuario. Los motores de b&uacute;squeda    de la web, y algunas redes sociales como Facebook, elaboran perfiles de usuario    a partir de las distintas variables sobre las que el usuario no tiene ning&uacute;n    control.</p>     <p>Este tipo de personalizaci&oacute;n no tiene porqu&eacute; estar relacionada    &uacute;nicamente con los perfiles que se hayan creado, sino que en ocasiones    tiene en cuenta otras variables como la localizaci&oacute;n desde donde se est&aacute;    consultando la informaci&oacute;n. La idea de que Internet nos conecta con todo    el mundo por igual, sin filtros y que ofrece una informaci&oacute;n plural,    creando un espacio democr&aacute;tico, sencillamente, no es real y es una interpretaci&oacute;n    ideol&oacute;gica interesada. La esfera p&uacute;blica digital est&aacute; adaptada    a cada usuario, es decir, pierde su caracter&iacute;stica de p&uacute;blica    o general para pasar a ser muy individual. Como afirma Eli Pariser (2011), se    trata de un universo &uacute;nico de informaci&oacute;n para cada uno de nosotros,    una &ldquo;burbuja filtrada&rdquo; que altera la forma en la que (per)recibimos    la informaci&oacute;n<sup><a href="#12">12</a></sup><a name="top12"></a>.</p>     <p>Podr&iacute;a denominarse tambi&eacute;n personalizaci&oacute;n impl&iacute;cita    o pasiva, puesto que se recrea una perspectiva del espacio p&uacute;blico digital    adaptada para el usuario sin que &eacute;ste lo haya pedido. Algunos ejemplos    sobre c&oacute;mo se lleva a cabo este tipo de personalizaci&oacute;n son las    recomendaciones basadas en el historial del usuario, o en su comportamiento    en una red social; la adecuaci&oacute;n de los contenidos basados en su posici&oacute;n    geogr&aacute;fica, o la ordenaci&oacute;n jer&aacute;rquica de los contenidos    atendiendo al n&uacute;mero de visitas o <i>me gusta</i>. En el caso de los    <i>me gusta</i> se tratar&iacute;a de un sesgo basado en la popularidad (Thurman    y Schifferes, 2012)<sup><a href="#13">13</a></sup><a name="top13"></a>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Google ofrece resultados distintos para cada usuario a&uacute;n cuando la b&uacute;squeda    se haya realizado a partir de las mismas palabras clave. Esto es debido a que    &ldquo;Google usa varias &lsquo;se&ntilde;ales&rsquo; para personalizar b&uacute;squedas,    incluyendo la localizaci&oacute;n, palabras clave de b&uacute;squedas previas    y contactos recientes en un usuario de red social&rdquo; (Bozdag, 2013: 211).    De esta manera Google puede predecir qu&eacute; es relevante para el usuario,    utilizando filtros que sesgan la informaci&oacute;n para ofrecerle los resultados    que, seg&uacute;n la propia Google, m&aacute;s le interesan al usuario (Bozdag,    2013).</p>     <p>Por su parte, Facebook tiene en cuenta para jerarquizar la informaci&oacute;n    que le muestra al usuario variables como la interactuaci&oacute;n entre los    usuarios (los <i>me gusta</i> que han marcado, los contenidos que han compartido,    los comentarios en las fotograf&iacute;as o en los posts, etc.). La empresa    identifica esta informaci&oacute;n como signo de inter&eacute;s de un usuario    en otro y, como consecuencia, prioriza las novedades de estos contactos en la    secci&oacute;n principal de la plataforma. Si no se mantiene ning&uacute;n tipo    de interacci&oacute;n con un contacto, su informaci&oacute;n permanecer&aacute;    oculta del <i>News Feed</i> del usuario de manera autom&aacute;tica e involuntaria    (Bozdag, 2013). No obstante, hay que se&ntilde;alar que este algoritmo no obedece    a par&aacute;metros est&aacute;ticos, es din&aacute;mico, invisible y se adapta    a las caracter&iacute;sticas de cada usuario (Tufekci, 2015; Bucher, 2012).    Asimismo, la empresa contin&uacute;a investigando y cambiando las variables    que le hacen al algoritmo detectar ese inter&eacute;s del usuario (en el &uacute;ltimo    apartado profundizamos en esta cuesti&oacute;n).</p>     <p>Este tipo de sesgos son realizados de forma autom&aacute;tica mediante algoritmos    que acaban tomando decisiones subjetivas, en las que no hay una respuesta correcta,    como seleccionar la informaci&oacute;n que le puede interesar a alguien. Este    tipo de algoritmos, invisibles al ojo humano, juegan un papel de editor de la    informaci&oacute;n que consume el usuario: filtran, destacan, suprimen y en    &uacute;ltima instancia determinan la informaci&oacute;n que le interesa. Los    principales efectos negativos de estas l&oacute;gicas reguladoras son la falta    de visibilidad, la asimetr&iacute;a de la informaci&oacute;n y la influencia    oculta. Aunque como se&ntilde;ala Tufekci (2015), el principal problema no es    que influyan en esferas sociales e interpersonales, sino que tambi&eacute;n    act&uacute;an en esferas pol&iacute;ticas y c&iacute;vicas. Desde el contexto    acad&eacute;mico, las principales preocupaciones que se destacan cuando se aborda    este tema son los efectos del sesgo, la discriminaci&oacute;n, la justicia,    la distribuci&oacute;n de la visibilidad, la vigilancia y la responsabilidad    (Ziewitz, 2016).</p>     <p>Desde que Pariser (2011) public&oacute; su teor&iacute;a sobre la burbuja de    filtros, esta caracter&iacute;stica ha recibido atenci&oacute;n por los medios,    la industria y la academia. Este mecanismo es principalmente criticado por la    limitaci&oacute;n de la autonom&iacute;a del usuario y su capacidad de elecci&oacute;n    y por la reducci&oacute;n de la calidad de la informaci&oacute;n y capacidad    de deliberaci&oacute;n. Ante esta situaci&oacute;n, varios desarrolladores han    creado herramientas capaces de romper la burbuja de filtros<sup><a href="#14">14</a></sup><a name="top14"></a>.    Como explica Bozdag y van den Hoven (2015), algunas les dan al usuario el control    completo para incluso aumentar el filtrado y otras modifican los resultados    de b&uacute;squeda para asegurar la diversidad, aunque sin notificar al usuario.    No obstante, tambi&eacute;n muchos activistas recomiendan pr&aacute;cticas quiz&aacute;    tediosas para el usuario pero efectivas, como eliminar el historial de b&uacute;squeda,    borrar las cookies, usar el modo de b&uacute;squeda de inc&oacute;gnito o realizar    b&uacute;squedas desinteresadas con el objetivo de &lsquo;marear&rsquo; al algoritmo.    (Bozdag y van den Hoven, 2015)</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b>Personalizaci&oacute;n solo voluntaria</b></p>     <p>La personalizaci&oacute;n voluntaria de los contenidos a los que el usuario    accede a trav&eacute;s de la red podr&iacute;a entenderse en t&eacute;rminos    de construcci&oacute;n del espacio p&uacute;blico propio, es decir, la configuraci&oacute;n    deliberada de las fuentes de informaci&oacute;n online que se usan. &ldquo;El    proceso de personalizaci&oacute;n al que puede llegar el usuario en Internet    es m&aacute;ximo, puesto que parte de la m&aacute;xima selecci&oacute;n posible    (&hellip;) y, adem&aacute;s, cuenta con casi total libertad para ir movi&eacute;ndose    de un espacio a otro en busca de la informaci&oacute;n que m&aacute;s le interese&rdquo;    (L&oacute;pez Garc&iacute;a, 2005: 49).</p>     <p>Ejemplos de esta clase de personalizaci&oacute;n, que tambi&eacute;n podr&iacute;amos    denominarla como personalizaci&oacute;n activa debido a la decisi&oacute;n libre    y decidida del usuario de ejercer este tipo de caracterizaci&oacute;n de su    espacio, son los <i>newsletters</i> que los usuarios solicitan marcando las    &aacute;reas de inter&eacute;s de las que quiere recibir informaci&oacute;n    de forma peri&oacute;dica. Tambi&eacute;n se considera personalizaci&oacute;n    activa o expl&iacute;cita cuando el usuario decide <i>customizar </i>la p&aacute;gina    principal de las webs de noticias con las secciones y periodistas con los que    prefiere informarse, o las aplicaciones m&oacute;viles o <i>widgets</i> que    permiten filtrar la recepci&oacute;n de noticias atendiendo a las preferencias    que el usuario le ha a&ntilde;adido, como pueda ser la localizaci&oacute;n,    los temas de inter&eacute;s, etc. (Thurman y Schifferes, 2012).</p>     <p>Seg&uacute;n Cass Sunstein (2003), la posibilidad de poder personalizar el    espacio p&uacute;blico de acuerdo a los gustos e intereses de los usuarios puede    suponer un peligro para la concepci&oacute;n de esfera p&uacute;blica que se    forma, al no estar expuesto al conjunto de la sociedad. El hecho de que sea    posible estar en contacto con solo aquello que se quiere ver, leer y escuchar,    dejando a un lado aquellas opiniones y temas que no interesan pueden suponer    un gran problema para la construcci&oacute;n de una sociedad democr&aacute;tica    com&uacute;n. Sunstein (2003) sostiene adem&aacute;s que este tipo de acciones    provoca la polarizaci&oacute;n del espacio p&uacute;blico y la radicalizaci&oacute;n    de las ideolog&iacute;as. Cuando el individuo no est&aacute; expuesto a la variedad    tanto social como informacional, cualquier tipo de debate ser&aacute; siempre    con ideas afines que reforzar&aacute;n sus creencias y su visi&oacute;n social    acabar&aacute; reduci&eacute;ndose a una postura extrema debido a la falta de    contacto con la diversidad. Esta tendencia pone al civismo democr&aacute;tico    en peligro en la nueva sociedad red, ya que &ldquo;la revoluci&oacute;n cognitiva    atribuida a Internet puede devenir en aut&eacute;ntica involuci&oacute;n cognitiva    si finalmente las &uacute;nicas fuentes de informaci&oacute;n del mundo son    las que extraemos del ciberespacio o del espacio audiovisual tras haber seleccionado    estrictamente el tipo de informaci&oacute;n que previamente dese&aacute;bamos    recibir&rdquo; (Goz&aacute;lvez, 2011: 1).</p>     <p>El nuevo espacio digital conlleva, adem&aacute;s de indudables beneficios,    varios peligros potenciales, sobre todo desde la perspectiva de la privacidad.    La satisfacci&oacute;n de la pulsi&oacute;n esc&oacute;pica de los usuarios    en los entornos digitales, les otorga m&aacute;s visibilidad y protagonismo,    pero tambi&eacute;n un mayor grado de vulnerabilidad respecto a la protecci&oacute;n    de su privacidad e intimidad. Mediante el rastro o huella digital que dejan    los usuarios de Internet, las <i>cookies</i> y otros programas ara&ntilde;a    y las distintas metodolog&iacute;as de extracci&oacute;n de datos, la vigilancia    l&iacute;quida de la que hablan Bauman y Lyon (2013) se hace plenamente plausible.    Y desde una perspectiva cognitiva, hay que tener en cuenta las consecuencias    que podr&iacute;a llegar a tener la personalizaci&oacute;n voluntaria del espacio    p&uacute;blico digital, ya que una visi&oacute;n sesgada del mundo puede traer    peligros que no son precisamente nuevos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>     <p><b>Personalizaci&oacute;n de espacios en redes sociales: el caso de Facebook</b></p>     <p>Es poco frecuente que compa&ntilde;&iacute;as como Google o Facebook hablen    del modo en el que analizan y usan el Big Data acumulado en sus servidores,    relativo a la informaci&oacute;n personal de los usuarios. Menos frecuente a&uacute;n    es que hagan p&uacute;blico un estudio acerca de las investigaciones que llevan    a cabo en la manipulaci&oacute;n de los <i>News Feed</i> de sus entornos de    uso<sup><a href="#15">15</a></sup><a name="top15"></a>. En junio de 2014 se    daba a conocer el experimento llevado a cabo por Facebook consistente en la    alteraci&oacute;n invisible del <i>News Feed </i>de 689.003 usuarios. Dicha    alteraci&oacute;n, supuso la priorizaci&oacute;n de contenidos positivos o negativos    en los <i>News Feed </i>de estos usuarios y estaba encaminada a determinar si    era posible llevar a cabo un contagio emocional a gran escala. Los resultados,    estudiados por Kramer, Guillory y Hancock (2014), no ofrecen lugar a dudas:    fue posible y se demostr&oacute; as&iacute; la capacidad de manipulaci&oacute;n    sobre los contenidos<sup><a href="#16">16</a></sup><a name="top16"></a>.</p>     <p>Tal y como se&ntilde;alan los autores del an&aacute;lisis en el planteamiento    inicial, el estudio de la transferencia emocional de una persona a otra est&aacute;    bien documentado en la literatura psicol&oacute;gica y en diferentes experimentos    de laboratorio llevados a cabo desde hace algunas d&eacute;cadas. La novedad    de esta aproximaci&oacute;n radica, entre otras, en la enorme escala del experimento    y la total falta de conciencia por parte de los sujetos de estar siendo sometidos    a un estudio. El factor de mediaci&oacute;n tecnol&oacute;gica, as&iacute; como    de otros condicionantes que tendremos en cuenta m&aacute;s adelante, no debe    ser menospreciado.</p>     <p>Las variaciones en el comportamiento de los sujetos del experimento son claras:    &ldquo;The results show emotional contagion. (&hellip;) For people who had positive    content reduced in their News Feed, a larger percentage of words in people&rsquo;s    status updates were negative and a smaller percentage were positive. When negativity    was reduced, the opposite pattern occurred&rdquo; (Kramer, Guillory y Hancock,    2014: 8789). Esta contundencia abre la puerta a muchas especulaciones, pero    tambi&eacute;n a la descripci&oacute;n de algunas certezas. Si es posible alterar    el contenido que los usuarios acceden en la web y si es posible alterar el estado    emocional a trav&eacute;s de esa manipulaci&oacute;n, se anticipa una era en    la que ser&aacute; muy dif&iacute;cil saber si aquello que pensamos y sabemos,    o creemos pensar y saber, es fruto de nuestra actividad aut&oacute;noma como    animales racionales o no.</p>     <p>Hirsh, Kang y Bodenhausen (2012) emplean el concepto de estrategias de comunicaci&oacute;n    &ldquo;personality-based&rdquo; para describir lo que sucede cuando se intenta    manipular a un sujeto mediante la adecuaci&oacute;n a su perfil psicol&oacute;gico    de los mensajes que recibe. De nuevo advertimos que este tipo de investigaciones    no son nuevas en el campo de la psicolog&iacute;a, pero s&iacute; lo son desde    el punto de vista del &aacute;mbito de experimentaci&oacute;n implicado. Se    invierte cada vez m&aacute;s en experimentaci&oacute;n e investigaci&oacute;n    en &aacute;mbitos de la psicolog&iacute;a, la comunicaci&oacute;n y la neurociencia    para crear nuevas herramientas que sean capaces de manipular la atenci&oacute;n    y la actitud de los usuarios hacia determinados productos (boyd, 2016).</p>     <p>Aqu&iacute; debe plantearse una pregunta: &iquest;hasta qu&eacute; punto son    conscientes los usuarios de cualquier aplicaci&oacute;n inform&aacute;tica de    la capacidad de sus gestores para manipular el contenido al que acceden? Aqu&iacute;    tambi&eacute;n se plantea una paradoja que es que, contrariamente a lo que podr&iacute;a    deducirse, Facebook, as&iacute; como otras redes sociales y aplicaciones, no    oculta a sus usuarios que en el <i>News Feed</i> se muestran prioritariamente    las historias de los contactos con los que m&aacute;s se interact&uacute;a:    &ldquo;El n&uacute;mero de comentarios y <i>me gusta</i> que recibe una publicaci&oacute;n    y el tipo de historia que es (por ejemplo, foto, video o actualizaci&oacute;n    de estado) tambi&eacute;n pueden aumentar las probabilidades de que aparezca    en la secci&oacute;n de noticias&rdquo;<sup><a href="#17">17</a></sup><a name="top17"></a>.    Lo que no se dice es que la compa&ntilde;&iacute;a tiene la capacidad de utilizar    los datos personales de los usuarios para manipular tambi&eacute;n la prioridad    en la que vemos la informaci&oacute;n.<sup><a href="#18">18</a></sup><a name="top18"></a></p>     <p>Es por este motivo que debemos considerar otra l&iacute;nea de aproximaci&oacute;n.    La cultura acerca de los riesgos que corremos al proyectarnos digitalmente es    muy escasa. &iquest;Qui&eacute;n lee los acuerdos de uso y privacidad, o declaraciones    de derechos y responsabilidades, de los datos que cedemos cuando usamos una    aplicaci&oacute;n? Un reciente estudio llevado a cabo por Dur&aacute;n y Mej&iacute;as    (2014) sobre el conocimiento y comportamiento de los usuarios respecto a las    redes sociales, alumbraba el hecho de que aproximadamente el 70% de los usuarios    de Facebook no hab&iacute;a le&iacute;do nunca la pol&iacute;tica de privacidad.    Esto, sumado al conocimiento real que tienen las empresas de los usuarios de    sus servicios, resulta en un combinado altamente explosivo.</p>     <p>Lanier (2014: 356 y ss.) ha expuesto que como usuarios de la red nos enfrentamos    a tres problemas &ldquo;desasosegantes&rdquo;, a saber la privacidad, la identidad    y la seguridad. Los tres &ldquo;tienen largas historias a sus espaldas, pero    son ahora catastr&oacute;ficamente m&aacute;s confusos debido al <i>Big Data</i>    y a los efectos de red (&hellip;). Hay una creciente fauna de poderosos intereses    remotos que, deseosos de tomar el control de nuestra vida informacional, promueven    estos tres aspectos desasosegantes&rdquo;. Lo que el autor propone es implementar    una cultura de uso consciente de las herramientas de intermediaci&oacute;n con    la Internet, es decir, una actitud activa hacia los potenciales peligros que    encierra la falta de prevenci&oacute;n que, como usuarios, se da con demasiada    frecuencia.</p>     <p>Como se&ntilde;ala boyd (2016), este experimento es un ejemplo y no debe distraernos    de lo que ejemplifica: no se trata de Facebook o de su grupo de investigaci&oacute;n,    sino de reflexionar sobre c&oacute;mo hacer que las empresas sean responsables    ante este tipo de acciones que dicen tomar en beneficio del usuario. boyd (2016)    afirma que m&aacute;s all&aacute; de la ausencia o presencia de &eacute;tica    en la investigaci&oacute;n llevada a cabo por Facebook, que no es la primera    en publicarse (Puschmann y Bozdag, 2014)<sup><a href="#19">19</a></sup><a name="top19"></a>,    pero s&iacute; que es la que ha tenido repercusi&oacute;n mundial, lo que m&aacute;s    ha calado en la poblaci&oacute;n es la investigaci&oacute;n con sus datos: &ldquo;There    is a growing amount of negative sentiment towards Facebook and other companies    that collect and use data about people. This study provided ammunition for people&rsquo;s    anger about &ldquo;big data&rdquo; because it&rsquo;s so hard to talk about    harm in the abstract.&rdquo; (boyd, 2016: 11)</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>A este respecto Lanier (2014: 357) explica: &ldquo;<i>Google</i> quiere que    seamos &lsquo;abiertos&rsquo; para poder rastrear todos los datos relacionados    con nosotros, incluso si inicialmente no los introdujimos a trav&eacute;s de    alguno de sus servicios. Pero <i>Google</i> tambi&eacute;n quiere ser cerrado    respecto a los m&eacute;todos que emplea para recopilar nuestra informaci&oacute;n    y sacar provecho de ella. Facebook quiere que tengamos una sola identidad, para    que sea m&aacute;s f&aacute;cil acumular informaci&oacute;n a nuestro alrededor    e influir sobre las opciones que se nos presentan, pero al mismo tiempo no quiere    difundir c&oacute;mo se utiliza nuestra informaci&oacute;n (ni que <i>Google</i>    tenga acceso a ella)&rdquo;. El panorama se presenta, pues, desalentador.</p>     <p>Cuando existen s&oacute;lidas evidencias de que es posible alterar la percepci&oacute;n    de lo que creemos que es p&uacute;blico en el &aacute;mbito digital, as&iacute;    como de lo que es privado y cuando sabemos que las compa&ntilde;&iacute;as tienen    acceso a nuestros datos personales, deben plantearse a&uacute;n muchas m&aacute;s    preguntas. En febrero de 2015 el Ministerio de Hacienda espa&ntilde;ol anunci&oacute;    el inicio del uso de programas esp&iacute;a que deb&iacute;an servir para rastrear    nuestra huella digital<sup><a href="#20">20</a></sup><a name="top20"></a>. Esta    iniciativa estar&iacute;a encaminada a luchar contra el fraude fiscal, pero    estar&iacute;a aprovech&aacute;ndose de la enorme laguna legal que existe respecto    a la protecci&oacute;n de los datos personales de los usuarios de Internet<sup><a href="#21">21</a></sup><a name="top21"></a>.</p>     <p>El problema no es privativo de ning&uacute;n pa&iacute;s en concreto. Tal y    como defiende el cr&iacute;tico de la tecnolog&iacute;a Evgeny Morozov (2012;    2013), las compa&ntilde;&iacute;as radicadas en Silicon Valley colaboran en    el desarrollo de sofisticados algoritmos de an&aacute;lisis que permiten un    mayor control policial sobre la poblaci&oacute;n, con planteamientos cercanos    a la ciencia ficci&oacute;n. &ldquo;Companies like <i>Facebook</i> have begun    using algorithms and historical data to predict which of their users might commit    crimes using their services&rdquo; (Morozov, 2013: 186). Es decir, obviando    las l&oacute;gicas diferencias, hablamos en realidad de una situaci&oacute;n    muy pr&oacute;xima a la planteada en el film <i>Minority Report</i><sup><a href="#22">22</a></sup><a name="top22"></a>,    en el que la polic&iacute;a detiene a los criminales antes de que lleven a cabo    sus fechor&iacute;as<sup><a href="#23">23</a></sup><a name="top23"></a>. &ldquo;In    many respects, Internet companies are in a much better position to predict crime    than police&rdquo; (Morozov, 2013: 197).</p>     <p>Con toda seguridad, no se trata de menospreciar sin matices los posibles beneficios    de este tipo de tecnolog&iacute;as. Pero, de nuevo, se plantea la cuesti&oacute;n    de hasta qu&eacute; punto debe ser v&iacute;ctima de estos procesos un usuario    no informado e inconsciente de la invasi&oacute;n de su privacidad. Que determinadas    webs no permitan el control sobre las <i>cookies</i> que alojan en nuestros    servidores<sup><a href="#24">24</a></sup><a name="top24"></a>, o que solo sea    posible deshacerse de cierto <i>malware</i> destruyendo f&iacute;sicamente el    disco duro de nuestros dispositivos<sup><a href="#25">25</a></sup><a name="top25"></a>,    nos aproxima a tesituras de tintes dictatoriales debido a un desequilibrio creciente    de poder (Lanier, 2014: 375) contra las que sin duda hay que empezar estar prevenidos.    Como afirma Gehl (2016), hay que tener en cuenta que las redes sociales implican    libertad para el usuario: referida esta a la posibilidad de publicaci&oacute;n,    producci&oacute;n, organizaci&oacute;n y socializaci&oacute;n; pero tambi&eacute;n    poder para la empresa, pues tiene absoluta capacidad para ejercer la vigilancia    de sus usuarios, para regular la informaci&oacute;n mediante algoritmos y para    establecer los l&iacute;mites estructurales de la plataforma.</p>     <p>Desde la comunidad acad&eacute;mica se ha criticado el experimento de contagio    emocional de Facebook principalmente desde dos perspectivas: la &eacute;tica,    por los posibles da&ntilde;os causados a los usuarios, y la legalidad, por la    ausencia de un consentimiento verdaderamente informado por parte de los usuarios    (boyd, 2016). La respuesta por parte de la empresa, la editora de la publicaci&oacute;n    y los autores del trabajo ante las cr&iacute;ticas recibidas no se hizo esperar:    la editora de la revista public&oacute; una correcci&oacute;n<sup><a href="#26">26</a></sup><a name="top26"></a>    y el autor principal pidi&oacute; perd&oacute;n<sup><a href="#27">27</a></sup><a name="top27"></a>    y un alto cargo de Facebook tambi&eacute;n se disculp&oacute; en nombre de la    empresa por la falta de comunicaci&oacute;n a los usuarios<sup><a href="#28">28</a></sup><a name="top28"></a>    (Flick, 2016).</p>     <p>El hecho de que Facebook se acogiese a su pol&iacute;tica de tratamiento de    los datos para justificar su investigaci&oacute;n s&oacute;lo ha conseguido    que aumente la preocupaci&oacute;n sobre la &eacute;tica de la investigaci&oacute;n    (Chan, 2015). Y es que una de las cosas que m&aacute;s se ataca no es el an&aacute;lisis    de big data o de la informaci&oacute;n de los usuarios, sino la manipulaci&oacute;n    del entorno particular de cada usuario sujeto de ese estudio sin previo aviso    (Jouhki, 2016). Tal es la consternaci&oacute;n que ha causado la magnitud de    este experimento, que autores como Recuber (2015), llegan a comparar a los investigadores    de Facebook con Milgram<sup><a href="#29">29</a></sup><a name="top29"></a> o    Zimbardo<sup><a href="#30">30</a></sup><a name="top30"></a>, dej&aacute;ndolos    incluso en una peor posici&oacute;n en cuanto al trato hacia los sujetos estudiados.</p>     <p>Aunque el argumento m&aacute;s utilizado para justificar este tipo de acciones    que comete Facebook cuando quiere es que es una empresa privada y que los usuarios    han aceptado formar parte de ella libremente y con unas condiciones concretas    por delante. Y es que, como se&ntilde;ala boyd (2016) el verdadero producto    de Facebook, m&aacute;s all&aacute; de sus usuarios, es su capacidad de captar    la atenci&oacute;n de los usuarios y conseguir que abandonen un <i>estado pasivo</i>    para interactuar en la red. Para que exista alg&uacute;n tipo de regulaci&oacute;n    que impida a este tipo de empresas manipular y experimentar con sus usuarios,    como se&ntilde;ala Schroeder (2014: 9), consistir&iacute;a en entender Internet    y sus espacios sociales como &ldquo;part of an essential infrastructure for    citizens, along similar lines as broadcast, communication via phone, energy    or transport&rdquo;.</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b>Conclusiones </b></p>     <p>La tecnolog&iacute;a, en un sentido laxo, lo impregna todo. La tecnolog&iacute;a    media en la relaci&oacute;n que las personas establecen con su entorno y de    forma especial en el &aacute;mbito de la comunicaci&oacute;n. Sin duda, la tecnolog&iacute;a    es, al mismo tiempo, el resultado del potencial creativo del ser humano y un    potenciador de sus capacidades y limitaciones. Pero como advirtiera Paul Virilio,    la invenci&oacute;n de toda tecnolog&iacute;a conlleva la invenci&oacute;n de    su accidente espec&iacute;fico. La invenci&oacute;n del tren supuso tambi&eacute;n    la invenci&oacute;n del descarrilamiento, as&iacute; como la invenci&oacute;n    del barco supuso la invenci&oacute;n del hundimiento. Mientras los accidentes    asociados a estas tecnolog&iacute;as ten&iacute;an un &aacute;mbito local, el    accidente de las tecnolog&iacute;as digitales de la comunicaci&oacute;n tendr&iacute;a    un alcance planetario (Virilio, 1997).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El metarrelato proyectado sobre la cibercomunicaci&oacute;n es tendenciosamente    positivo. Sin denostar el potencial beneficioso de Internet y de todas las aplicaciones    de comunicaci&oacute;n que utilizamos diariamente, se da una enorme falta de    conciencia de los peligros de ceder una parte de nuestra informaci&oacute;n    personal a unas empresas que no garantizan un uso respetuoso de las mismas.    Existen pruebas de que dichas empresas, a trav&eacute;s del an&aacute;lisis    del <i>Big Data</i>, emplean la informaci&oacute;n obtenida de forma, como m&iacute;nimo,    &eacute;ticamente cuestionable. El control absoluto que ejercen, o pueden ejercer,    sobre los contenidos e informaciones a las que accedemos a trav&eacute;s de    las aplicaciones inform&aacute;ticas, deber&iacute;a ser una alerta de prevenci&oacute;n    a los excesos de intromisi&oacute;n en la vida privada de las personas que empiezan    a cometerse.</p>     <p>Internet acerca lo que est&aacute; lejos, pero nos aleja de lo que est&aacute;    cerca. Tal y como hemos visto en la primera parte de nuestro trabajo, el uso    de la red se asienta en una extrema hipercomunicabilidad que nos a&iacute;sla    de nuestro entorno inmediato. Esta falta de contexto, sumada a la inconsciencia    con la que por lo general nos entregamos al uso de las tecnolog&iacute;as de    la comunicaci&oacute;n digital, propicia el aprovechamiento de nuestros datos    con fines comerciales o de control. Tal y como demuestran los experimentos referidos    en este trabajo, ya es posible manipular estados de &aacute;nimo e influir de    forma invisible en las actitudes de las personas en una escala sin precedentes    en la historia de la comunicaci&oacute;n. La diferencia con el antiguo paradigma    medi&aacute;tico radica en la absoluta invisibilidad de todo el proceso y en    el aislamiento del sujeto en todo el proceso comunicativo.</p>     <p>Es como si alguien pretendiera programar nuestras conciencias sin que nos di&eacute;ramos    cuenta. Tal y como ha advertido Lanier en sus trabajos, corremos el riesgo de    diluirnos en la red. Corremos el riesgo de perder nuestra definici&oacute;n    compleja en tanto que personas, puesto que no somos plenamente conscientes del    alcance del problema. La supuesta libertad de la red es una libertad altamente    tecnificada y vigilada, en la que, siguiendo con la terminolog&iacute;a viriliana,    solo unos pocos privilegiados tienen acceso al paisaje de acontecimientos y,    consecuentemente, detentan el control de la situaci&oacute;n.</p>     <p>Las continuas mejoras en la programaci&oacute;n algor&iacute;tmica permiten    aventurar la pr&oacute;xima capacidad de anticiparse incluso a nuestras acciones.    Este tipo de experimentaci&oacute;n algor&iacute;tmica, de manipulaci&oacute;n,    adecuaci&oacute;n, y personalizaci&oacute;n del espacio p&uacute;blico digital,    coincide con las t&eacute;cnicas psicopol&iacute;ticas descritas por Byung Chul    Han<sup><a href="#31">31</a></sup><a name="top31"></a>, por lo que podr&iacute;amos    llegar a afirmar que estamos siendo reprogramados o preprogramados en funci&oacute;n    de unos intereses que nos son completamente ajenos. Tambi&eacute;n, que las    redes sociales como Facebook, o cualquier espacio web con sus mismas caracter&iacute;sticas,    tiene la capacidad de analizarnos, clasificarnos, controlarnos e incluso influir    en c&oacute;mo nos sentimos. Una situaci&oacute;n de tintes apocal&iacute;pticos    que nos dice que poco o nada hemos aprendido de los errores del pasado.</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b>Bibliograf&iacute;a</b></p>     <!-- ref --><p>Acar, G., Van Alsenoy, B., Piessens, F., Diaz, C., &amp; Preneel, B. (2015).    Facebook Tracking Through Social Plug-ins. Disponible en <a href="https://goo.gl/PbUjk4" target="_blank">https://goo.gl/PbUjk4</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=952088&pid=S1646-5954201800030000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Bazarova, N. N., &amp; Choi, Y. H. (2014). Self-disclosure in social media:    Extending the functional approach to disclosure motivations and characteristics    on social network sites.&nbsp;<i>Journal of Communication</i>,&nbsp;<i>64</i>(4),    635-657.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=952089&pid=S1646-5954201800030000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Bauman, Z. y Lyon, D. (2013). <i>Vigilancia l&iacute;quida</i>. Buenos Aires:    Paid&oacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=952091&pid=S1646-5954201800030000600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Bakshy E., Eckles D., Yan R., Rosenn I. (2013). Social Influence in Social    Advertising: Evidence from Field Experiments. <i>Proceedings of the 13th ACM    Conference on Electronic Commerce</i><i>&nbsp;(pp. 146-161)</i>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=952093&pid=S1646-5954201800030000600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Bakshy E., Rosenn I., Marlow C., Adamic L. (2012). The Role of Social Networks    in Information Diffusion. <i>Proceedings of the 21st international conference    on World Wide Web</i>&nbsp;(pp. 519-528)&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=952095&pid=S1646-5954201800030000600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p>Bergman, M. K. (2001). White paper: the deep web: surfacing hidden value. <i>Journal    of electronic publishing</i>,&nbsp;<i>7</i>(1). Disponible en <a href="https://goo.gl/7qe89g" target="_blank">https://goo.gl/7qe89g</a></p>     <p>Bond, R. M., Fariss, C. J., Jones, J. J., Kramer, A. D. I., Marlow, C., Settle,    J. E., &amp; Fowler, J. H. (2012). A 61-million-person experiment in social    influence and political mobilization. <i>Nature</i>, 489(7415), 295&ndash;298.    doi:10.1038/nature11421</p>     <p>Boyd, D. (2016). Untangling research and practice: What Facebook's" emotional    contagion" study teaches us. Research Ethics, 12(1), 4&ndash;13.</p>     <!-- ref --><p>Bozdag, E. (2013). Bias in algorithmic filtering and personalization. <i>Ethics    and information technology</i>, 15(3), 209-227.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=952099&pid=S1646-5954201800030000600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Bozdag, E., &amp; van den Hoven, J. (2015). Breaking the filter bubble: democracy    and design.&nbsp;<i>Ethics and Information Technology</i>,&nbsp;<i>17</i>(4),    249-265.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=952101&pid=S1646-5954201800030000600010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Brake, D. R. (2014).&nbsp;<i>Sharing Our Lives Online: Risks and Exposure in    Social Media</i>. Palgrave Macmillan.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=952103&pid=S1646-5954201800030000600011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Bucher, T. (2012). Want to be on the top? Algorithmic power and the threat    of invisibility on Facebook.&nbsp;<i>new media &amp; society</i>,&nbsp;<i>14</i>(7),    1164-1180.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=952105&pid=S1646-5954201800030000600012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Castells, M. (2012). <i>Redes de indignaci&oacute;n y esperanza: los movimientos    sociales en la era Internet. </i>Madrid: Alianza.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=952107&pid=S1646-5954201800030000600013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Chan, A. (2015). Big data interfaces and the problem of inclusion.&nbsp;<i>Media,    Culture &amp; Society</i>,&nbsp;<i>37</i>(7), 1078-1083.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=952109&pid=S1646-5954201800030000600014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <p>Das S. y Kramer A. (2013). Self-Censorship on Facebook. <i>Proceedings of the    Seventh International AAAI Conference on Weblogs and Social Media (ICWSM).</i>    Palo Alto, CA: The AAAI Press.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Dur&aacute;n, M. y Mej&iacute;as, J.F. (2014). Conocimientos y comportamientos    de los usuarios de la red social Facebook relacionados con la privacidad. <i>&Aacute;</i><i>mbitos</i>,    26. (Consultado el 2 de enero 2015). Disponible <a href="http://goo.gl/ofQuSJ" target="_blank">http://goo.gl/ofQuSJ</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=952112&pid=S1646-5954201800030000600016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Ferrara, E., &amp; Yang, Z. (2015). Measuring emotional contagion in social    media.&nbsp;<i>PloS one</i>,&nbsp;<i>10</i>(11), e0142390.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=952113&pid=S1646-5954201800030000600017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>&nbsp;Flick, C. (2016). Informed consent and the Facebook emotional manipulation    study.&nbsp;<i>Research Ethics</i>,&nbsp;<i>12</i>(1), 14-28.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=952115&pid=S1646-5954201800030000600018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <p>&nbsp;Fornas Carrasco, R. (2003). La cara oculta de Internet (en l&iacute;nea).    <i>Hipertext.net</i>, 1. (Consultado el 6 de Enero 2015). Disponible <a href="http://goo.gl/G6DMkh" target="_blank">http://goo.gl/G6DMkh</a></p>     <!-- ref --><p>Foucault, M. (1983). <i>Vigilar y castigar: nacimiento de la prisi&oacute;n</i>.    M&eacute;xico: Siglo XXI.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=952118&pid=S1646-5954201800030000600019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Gehl, R. W. (2014). Power/freedom on the dark web: A digital ethnography of    the Dark Web Social Network.&nbsp;<i>New Media &amp; Society</i>, 1-17.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=952120&pid=S1646-5954201800030000600020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>&nbsp;Goz&aacute;lvez P&eacute;rez, V. (2011). Educaci&oacute;n c&iacute;vica    en la cultura digital. Una aproximaci&oacute;n cr&iacute;tica a la socializaci&oacute;n-en-red.    <i>Revista Iberoamericana de Educaci&oacute;n</i>, <i>55</i>(2), 10.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=952122&pid=S1646-5954201800030000600021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Han, B-C. (2013). <i>La sociedad de la transparencia</i>. Barcelona: Herder.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=952124&pid=S1646-5954201800030000600022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Han, B-C. (2014). <i>Psicopol&iacute;tica</i>. Barcelona: Herder.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=952126&pid=S1646-5954201800030000600023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <p>Hirsh, J.B; Kang, S.K. y Bodenhausen, G.V. (2012). Personalized persuasion:    tailoring persuasive appeals to recipients&rsquo; personality traits. <i>Psychological    Science</i>, 23, 6, 578&ndash;581 (Consultado el 29 de enero de 2015). Disponible    <a href="http://goo.gl/xAqZnf" target="_blank">http://goo.gl/xAqZnf</a></p>     <!-- ref --><p>Jarvis, J. (2012). <i>Partes p&uacute;blicas</i>. <i>Por qu&eacute; compartir    en la era digital mejora nuestra manera de trabajar y vivir</i>. Barcelona:    Gesti&oacute;n 2000.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=952129&pid=S1646-5954201800030000600025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <p>Jouhki, J., Lauk, E., Penttinen, M., Sormanen, N., &amp; Uskali, T. (2016).    Facebook&rsquo;s emotional contagion experiment as a challenge to research ethics.&nbsp;<i>Media    and Communication</i>,&nbsp;<i>4</i>(4), 75-85.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>&nbsp;K&ouml;ster, M., R&uuml;th, M., Hamborg, K. C., &amp; Kaspar, K. (2015).    Effects of personalized banner ads on visual attention and recognition memory.&nbsp;<i>Applied    Cognitive Psychology</i>,&nbsp;<i>29</i>(2), 181-192.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=952132&pid=S1646-5954201800030000600027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <p>&nbsp;Kramer, D.I.A.; Guillory, J.E. y Hancock, J.T. (2014). Experimental evidence    of massive-scale emotional contagion through social networks. <i>Proceedings    of the National Academy of Sciences</i>, 111, 24, 8788&ndash;8790. (Consultado    el 2 de febrero 2015) Disponible <a href="http://goo.gl/XDgrCt" target="_blank">http://goo.gl/XDgrCt</a></p>     <!-- ref --><p>Lanier, J. (2014). <i>&iquest;Qui&eacute;n controla el futuro?</i> Barcelona:    Debate.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=952135&pid=S1646-5954201800030000600029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Li, C. (2016). When does web-based personalization really work? The distinction    between actual personalization and perceived personalization.&nbsp;<i>Computers    in Human Behavior</i>,&nbsp;<i>54</i>, 25-33.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=952137&pid=S1646-5954201800030000600030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Llorca-Abad, G. y Cano-Or&oacute;n, L. (2016). Espacio y tiempo en el siglo    XXI: velocidad, instantaneidad y su repercusi&oacute;n en la comunicaci&oacute;n    humana.&nbsp;<i>Revista ComHumanitas</i>,&nbsp;<i>6</i>(1), 219-233.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=952139&pid=S1646-5954201800030000600031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Llorca-Abad, G. (2012). Exclusi&oacute;n digital y l&iacute;mites de la comunicaci&oacute;n    mediada (en l&iacute;nea). <i>Tr&iacute;podos</i>, 31. (Consultado el 25 de    Marzo de 2015). Disponible <a href="http://goo.gl/aCLasz" target="_blank">http://goo.gl/aCLasz</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=952141&pid=S1646-5954201800030000600032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>L&oacute;pez Garc&iacute;a, G. (2005). <i>Modelos de comunicaci&oacute;n en    Internet</i>. Valencia: Tirant lo Blanch.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=952142&pid=S1646-5954201800030000600033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <p>Madden, M. <i>et al</i>. (2007). <i>Digital Footprints: Online identity management    and search in the age of transparency</i>. Washington, DC: Pew Internet &amp;    American Life Project. (Consultado el 22 de Febrero de 2015). Disponible <a href="http://goo.gl/XLsyoZ" target="_blank">http://goo.gl/XLsyoZ</a></p>     <!-- ref --><p>Marder, B., Joinson, A., &amp; Shankar, A. (2012, January). Every post you    make, every pic you take, I'll be watching you: Behind social spheres on Facebook.    En&nbsp;<i>System Science (HICSS), 2012 45th Hawaii International Conference    on</i>&nbsp;(pp. 859-868). IEEE.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=952145&pid=S1646-5954201800030000600035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Marwick, A. E. (2011). I tweet honestly, I tweet passionately: Twitter users,    context collapse, and the imagined audience.&nbsp;<i>New media &amp; society</i>,&nbsp;<i>13</i>(1),    114-133.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=952147&pid=S1646-5954201800030000600036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Morozov, E. (2012). <i>El desenga&ntilde;o de internet</i>. <i>Los mitos de    la libertad en la red. </i>Barcelona: Ediciones Destino.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=952149&pid=S1646-5954201800030000600037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Morozov, E. (2013). <i>To save everything, click here</i>. Londres: Penguin    Books.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=952151&pid=S1646-5954201800030000600038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>M&uuml;ller, P., Schneiders, P., &amp; Sch&auml;fer, S. (2016). Appetizer or    main dish? Explaining the use of Facebook news posts as a substitute for other    news sources.&nbsp;<i>Computers in Human Behavior</i>,&nbsp;<i>65</i>, 431-441.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=952153&pid=S1646-5954201800030000600039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Pariser, E. (2011).&nbsp;<i>The filter bubble: What the Internet is hiding    from you</i>. New York: The Penguin Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=952155&pid=S1646-5954201800030000600040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <p>Puschmann, C., y Bozdag, E. (2014). Staking out the unclear ethical terrain    of online social experiments.&nbsp;<i>Internet Policy Review</i>,&nbsp;<i>3</i>(4).</p>     <!-- ref --><p>Recuber, T. (2016). From obedience to contagion: Discourses of power in Milgram,    Zimbardo, and the Facebook experiment.&nbsp;<i>Research Ethics</i>, 12 (1) 44-54.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=952158&pid=S1646-5954201800030000600042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Rheingold, H. (2004). <i>Multitudes inteligentes. La pr&oacute;xima revoluci&oacute;n    social</i>. Barcelona: Gedisa.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=952160&pid=S1646-5954201800030000600043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Shirky, C. (2012).&nbsp;<i>Excedente cognitivo: Creatividad y Generosidad en    la era conectada</i>. Barcelona: Deusto.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=952162&pid=S1646-5954201800030000600044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <p>Skrubbeltrang, M. M., Grunnet, J., &amp; Tarp, N. T. (2017). # RIPINSTAGRAM:    Examining user&rsquo;s counter-narratives opposing the introduction of algorithmic    personalization on Instagram. <i>First Monday, 22</i>(4).</p>     <!-- ref --><p>Schroeder, R. (2014). Big Data and the brave new world of social media research.&nbsp;<i>Big    Data &amp; Society</i>,&nbsp;<i>1</i>(2), 2053951714563194.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=952165&pid=S1646-5954201800030000600046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Steichen, B., Ashman, H., &amp; Wade, V. (2012). A comparative survey of Personalised    Information Retrieval and Adaptive Hypermedia techniques.&nbsp;<i>Information    Processing &amp; Management</i>,&nbsp;<i>48</i>(4), 698-724.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=952167&pid=S1646-5954201800030000600047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Sunstein, C. R. (2003). <i>Rep&uacute;blica.com. Internet, democracia y libertad</i>.    Barcelona: Paid&oacute;s.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=952169&pid=S1646-5954201800030000600048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <p>Taylor S., Bakshy E., Aral S. (2013). Selection Effects in Online Sharing:    Consequences for Peer Adoption. <i>ACM Conference on Electronic Commerce (EC)</i>.    EC&rsquo;13, June 16&ndash;20, Philadelphia, USA.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Tello D&iacute;az, L. (2013). Intimidad y &laquo;extimidad&raquo; en las redes    sociales. Las demarcaciones &eacute;ticas de Facebook. <i>Comunicar</i>, <i>21</i>(41),    205-213.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=952172&pid=S1646-5954201800030000600050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <p>Thurman, N., y Schifferes, S. (2012). The future of personalization at news    websites. <i>Journalism Studies</i>, 13(5-6), 775&ndash;790.</p>     <!-- ref --><p>Tremblay, G. (2006). Econom&iacute;a Pol&iacute;tica del espacio p&uacute;blico    y mutaciones medi&aacute;ticas. <i>CIC Cuadernos de Informaci&oacute;n y Comunicaci&oacute;n</i>,    <i>11</i>, 223-240.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=952175&pid=S1646-5954201800030000600052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Tufekci, Z. (2015). Algorithmic harms beyond Facebook and Google: Emergent    challenges of computational agency.&nbsp;<i>J. on Telecomm. </i><i>&amp; High    Tech. L.</i>,&nbsp;<i>13</i>, 203.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=952177&pid=S1646-5954201800030000600053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Virilio, P. (1997). <i>El Cibermundo: la Pol&iacute;tica de lo Peor</i>. Madrid:    C&aacute;tedra.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=952179&pid=S1646-5954201800030000600054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <p>Wu, D., <i>et al. </i>(2003). A framework for classifying personalization scheme    use done &ndash; commerce websites. In R. Sprague (ed.), <i>Proceedings of the    36th Hawaii International Conference on System Science. </i>Los Alamitos (California):    IEEE Computer Society Press.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Youyou, W., Kosinski, M., &amp; Stillwell, D. (2015). Computer-based personality    judgments are more accurate than those made by humans. <i>Proceedings of the    National Academy of Sciences</i>, 112(4), 1036&ndash;1040.</p>     <!-- ref --><p>Ziewitz, M. (2016). Governing Algorithms Myth, Mess, and Methods.&nbsp;<i>Science,    Technology &amp; Human Values</i>,&nbsp;<i>41</i>(1), 3-16.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=952183&pid=S1646-5954201800030000600057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b>NOTES</b></p>     <p><Sup><a name="1"></a><a href="#top1">1</a></Sup> Fuente de financiaci&oacute;n:    Ministerio Espa&ntilde;ol de Econom&iacute;a y Competitividad y fondos FEDER    de la Uni&oacute;n Europea</p>     <p><Sup><a name="2"></a><a href="#top2">2</a></Sup> La huella digital define el    conjunto de informaci&oacute;n sobre nosotros mismos que creamos voluntaria    e involuntariamente en Internet. Es decir, toda la informaci&oacute;n que puede    encontrarse en la red de una persona o entidad, que ayuda a proyectar una imagen    dicho individuo o empresa, en una p&aacute;gina web personal, en los perfiles    en redes sociales, comentarios en blogs o foros, im&aacute;genes, u otro tipo    de publicaciones. Tambi&eacute;n por los procesos que realiza el sistema inform&aacute;tico    de forma invisible, como la navegaci&oacute;n de una web, recibir un e-mail,    la geolocalizaci&oacute;n o dispositivo desde el que realizamos la conexi&oacute;n,    etc. Estos datos quedan registrados, aunque no todos est&aacute;n a la vista    de cualquier usuario, sino que su acceso requiere del trabajo de un profesional    y de programas especializados (Madden <i>et al</i>., 2007).</p>     <p><Sup><a name="3"></a><a href="#top3">3</a></Sup> La huella digital pasiva se    genera sin que el individuo sea consciente de que la informaci&oacute;n que    esta´ proporcionando vaya a ser almacenada. Es un registro, oculto a simple    vista, que deriva de nuestro uso de la web y de toda informaci&oacute;n que    alude directamente a nosotros proporcionada por un tercero. La huella digital    activa est&aacute; formada por la informaci&oacute;n proporcionada por el usuario    sobre su persona de forma voluntaria, como la relativa al perfil de una red    social (edad, lugar de nacimiento, residencia actual, estudios, trabajo...),    fotograf&iacute;as, m&uacute;sica, enlaces compartidos, etc. (Madden <i>et al</i>.,    2007).</p>     <p><Sup><a name="4"></a><a href="#top4">4</a></Sup> El Big Data implica un compendio    de herramientas de almacenaje y de procesamiento de grandes vol&uacute;menes    de informaci&oacute;n que esta´ aumentando su explotaci&oacute;n de forma exponencial.    Esto es debido a los beneficios que obtienen las empresas al analizar en profundidad    los datos de la red, puesto les permite proyectar comportamientos y avanzar    decisiones estrat&eacute;gicas en materia publicitaria, comercial y empresarial.</p>     <p><Sup><a name="5"></a><a href="#top5">5</a></Sup> Esta preocupaci&oacute;n ha    sido estudiada por varios autores a lo largo de los a&ntilde;os. Desde Guy Debord    en <i>La sociedad del espect&aacute;culo</i> (2002) o Paul Virilio en <i>Un    paisaje de Acontecimientos </i>(1997), hasta incluso Michel Foucault en <i>Vigilar    y Castigar</i> (1983), que inciden en la idea de la exposici&oacute;n de la    vida &iacute;ntima de las personas fomentado tambi&eacute;n por el placer de    observar al otro.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><Sup><a name="6"></a><a href="#top6">6</a></Sup> Cuando hablamos de un tipo    de p&uacute;blico, hacemos referencia a la idea de <i>contextos sociales colapsados</i>,    es decir, a la descripci&oacute;n de la audiencia en Internet como unos usuarios    conectados entre ellos pero pertenecientes a diferentes esferas sociales, las    cuales en un plano offline condicionar&iacute;an el modo de actuaci&oacute;n    del usuario (Marder et al., 2012; Marwick y boyd, 2010).</p>     <p><Sup><a name="7"></a><a href="#top7">7</a></Sup> El estudio realizado por Youyou,    Kosinski y Stillwell (2015) utiliz&oacute; una muestra de 86.220 usuarios voluntarios    de Facebook. Los autores emplearon una aplicaci&oacute;n, dise&ntilde;ada <i>ad    hoc</i> para la investigaci&oacute;n, que ha demostrado que un programa con    acceso a los datos del usuario, generados a partir de su actividad en Facebook,    puede definir, con mayor precisi&oacute;n que un humano, rasgos de personalidad    de un usuario (gustos, intereses, preferencias, actitudes, etc.). Entre los    resultados, destaca que con 150 <i>me gusta</i> la precisi&oacute;n de la aplicaci&oacute;n    para definir rasgos de personalidad de un usuario es igual o superior a la de    un familiar; y con 300 <i>me gusta</i> llega a superar a una pareja. Si tenemos    en cuenta que la media de <i>me gusta</i> de Facebook de un usuario es de 227,    podemos afirmar que Facebook tiene suficiente capacidad como para conocer, a    un nivel muy alto, la forma de actuar de cualquier usuario medio.</p>     <p><Sup><a name="8"></a><a href="#top8">8</a></Sup> Algunas aplicaciones como    <a href="http://applymagicsauce.com" target="_blank">http://applymagicsauce.com</a>    de la Universidad de Cambridge permiten construir un perfil psicol&oacute;gico    del usuario a partir de la informaci&oacute;n disponible en las redes sociales    en las que tiene una cuenta. Los resultados que ofrece no superan en ocasiones    lo anecd&oacute;tico, pero nos indican la proximidad de herramientas de an&aacute;lisis    cada vez m&aacute;s precisas.</p>     <p><Sup><a name="9"></a><a href="#top9">9</a></Sup> El acceso a la web se hace    a trav&eacute;s de la siguiente URL: <a href="http://goo.gl/7uvsPc" target="_blank">http://goo.gl/7uvsPc</a></p>     <p><Sup><a name="10"></a><a href="#top10">10</a></Sup> Para profundizar en el    conocimiento de esta parte de Internet, referenciamos el art&iacute;culo de    Bergman (2001).</p>     <p><Sup><a name="11"></a><a href="#top11">11</a></Sup> Una cuesti&oacute;n relacionada    directamente con este tipo de personalizaci&oacute;n, pero que excede los l&iacute;mites    de este trabajo, es la personalizaci&oacute;n de los anuncios en Internet a    partir de datos personales de los usuarios y el an&aacute;lisis de big data.    Un tema que cada vez se investiga m&aacute;s, sobre todo por empresas cuya econom&iacute;a    se sustenta principalmente en ello, porque est&aacute; m&aacute;s que demostrada    su efectividad (Li, 2015; K&ouml;ster et al., 2015).</p>     <p><Sup><a name="12"></a><a href="#top12">12</a></Sup> Pariser (2011: 9 y 10)    destaca tres caracter&iacute;sticas de este tipo de personalizaci&oacute;n involuntaria:    En primer lugar, la soledad o singularidad de la burbuja; ya que cada visi&oacute;n    est&aacute; adecuada al usuario espec&iacute;ficamente. En segundo lugar, la    invisibilidad; porque, como hemos comentado anteriormente, no somos conscientes    del nivel de adaptaci&oacute;n de los contenidos. Y, en tercer lugar, la no-elecci&oacute;n    de estar en la burbuja.</p>     <p><Sup><a name="13"></a><a href="#top13">13</a></Sup> Un concepto similar al    que estamos abordando en este art&iacute;culo es la &lsquo;ilusi&oacute;n de    conocimiento&rsquo; (M&uuml;ller et al., 2016) que se genera al estar expuesto    a una abundancia de noticias dentro de una burbuja medi&aacute;tica, es decir,    sesgada bien sea por el idioma desde el que se consultan, la zona geogr&aacute;fica    o la selecci&oacute;n de informaci&oacute;n de determinadas cabeceras medi&aacute;ticas.    El usuario se siente informado porque ha estado expuesto a una agenda medi&aacute;tica    determinada.</p>     <p><Sup><a name="14"></a><a href="#top14">14</a></Sup> Ejemplos de este tipo de    software son: <i>Balancer,</i> que tiene como misi&oacute;n informar al usuario    de sus h&aacute;bitos de lectura y los sesgos que realiza, realizando un seguimiento    de su historial; <i>Scoopinion</i>, un plugin que realiza un seguimiento de    los portales de noticias que visita el usuario y le devuelve un informe para    que sea consciente; o, <i>Bobble</i>, permite al usuario comparar los resultados    de b&uacute;squeda de Google con otros perfiles de usuario seg&uacute;n la geograf&iacute;a    (Bozdag y van den Hoven, 2015).</p>     <p><Sup><a name="15"></a><a href="#top15">15</a></Sup> Es dif&iacute;cil hablar    de frecuencias y de coincidencias, puesto que las redes sociales, especialmente    Facebook, frecuentan la actualidad noticiosa, justamente, con noticias relacionadas    con sus pr&aacute;cticas <i>no confesadas</i>: &ldquo;Un informe acusa a Facebook    de rastrear a los internautas ilegalmente&rdquo;, en <a href="http://goo.gl/dDMz8s" target="_blank">http://goo.gl/dDMz8s</a>    y &ldquo;Facebook hace frente a una demanda masiva por uso de datos privados&rdquo;,    en <a href="http://goo.gl/a3qlxt" target="_blank">http://goo.gl/a3qlxt</a> .    Que Facebook publique un art&iacute;culo acad&eacute;mico sobre estas cuestiones    y que en &eacute;l se especifique que se ha demostrado que el contagio emocional    en Facebook funciona, es, sin duda, una contribuci&oacute;n m&aacute;s al mundo    acad&eacute;mico pero quiz&aacute; es de mayor inter&eacute;s para sus inversores    y para el sector publicitario.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><Sup><a name="16"></a><a href="#top16">16</a></Sup> En el art&iacute;culo,    los autores afirman que el algoritmo que ejerce de filtro en la secci&oacute;n    de &uacute;ltimas noticias (<i>News Feed</i>) est&aacute; en constante desarrollo    y hacen expl&iacute;cito el hecho de que esta investigaci&oacute;n sobre contagio    emocional ha sido, simplemente, <i>una</i> prueba m&aacute;s.</p>     <p><Sup><a name="17"></a><a href="#top17">17</a></Sup> Facebook; funcionamiento    de la secci&oacute;n &ldquo;&Uacute;ltimas noticias&rdquo;. En <a href="http://goo.gl/Mv0br6" target="_blank">http://goo.gl/Mv0br6</a></p>     <p><Sup><a name="18"></a><a href="#top18">18</a></Sup> Cabe mencionar que en marzo    de 2016 Instagram, otra plataforma de la compa&ntilde;&iacute;a de Facebook,    anunci&oacute; la implementaci&oacute;n de un algoritmo personalizado (similar    al funcionamiento del NewsFeed) y que los usuarios no reaccionaron tampoco bien    a la noticia (Skrubbeltrang, Grunnet y Tarp, 2017).</p>     <p><Sup><a name="19"></a><a href="#top19">19</a></Sup> Pueden consultarse trabajos    cient&iacute;ficos referidos a otros experimentos de Facebook publicados por    Das y Kramer (2013), Taylor et al. (2013), Bakshy et al. (2013), Bakshy et al.    (2012) o Bond et al. (2012) en los que se ha investigado sobre la autocensura,    la publicidad personalizada y la influencia del voto, entre otros aspectos.</p>     <p><Sup><a name="20"></a><a href="#top20">20</a></Sup> La Agencia Tributaria del    Gobierno de Espa&ntilde;a especifica que tiene previsto cruzar m&aacute;s de    200.000 dominios para incorporarlo a sus bases de datos. As&iacute;mismo tambi&eacute;n    afirma poner en funcionamiento la identificaci&oacute;n de patrones de comportamiento    que se correspondan con actividades defraudadoras. Nota de prensa: <a href="http://goo.gl/FF1xwK" target="_blank">http://goo.gl/FF1xwK</a></p>     <p><Sup><a name="21"></a><a href="#top21">21</a></Sup> A nivel europeo, la regulaci&oacute;n    principal de protecci&oacute;n de datos, la Directiva 95/46/CE, data de 1995.    Desde entonces, el ecosistema digital ha cambiado y avanzado de forma considerable.    Tanto la Comisi&oacute;n Barroso II (2009-2014) como el Supervisor Europeo de    Protecci&oacute;n de datos coinciden en que es necesario un mayor fortalecimiento    de la legislaci&oacute;n y una concienciaci&oacute;n del control de los datos    por parte del individuo. Dicha Comisi&oacute;n present&oacute; una propuesta    de reforma legislativa que fue aprobada por el Parlamento Europeo pero a&uacute;n    est&aacute; a expensas de ser aprobada por el Consejo para su entrada en vigor:    <a href="http://goo.gl/ZAruPM" target="_blank">http://goo.gl/ZAruPM</a></p>     <p><Sup><a name="22"></a><a href="#top22">22</a></Sup> Pel&iacute;cula del realizador    Steven Spielberg realizada en 2002.</p>     <p><Sup><a name="23"></a><a href="#top23">23</a></Sup> Tambi&eacute;n podemos    ver en dicho film el ejemplo de espacio personalizado involuntariamente. En    la ficci&oacute;n, el entorno &ndash;sobre todo la publicidad- identifica a    los individuos y se adapta. De hecho, el personaje protagonista se ve obligado    a desfigurarse la cara y a trasplantarse los ojos para poder moverse por la    ciudad sin ser reconocido por el sistema.</p>     <p><Sup><a name="24"></a><a href="#top24">24</a></Sup> &ldquo;Las web no dan control    total sobre las &lsquo;cookies&rsquo; que instalan en el ordenador&rdquo;; noticia    publicada en <i>ElPais.es</i> en febrero de 2015. Accesible en este enlace <a href="http://goo.gl/2EZQ0K" target="_blank">http://goo.gl/2EZQ0K</a></p>     <p><Sup><a name="25"></a><a href="#top25">25</a></Sup> Art&iacute;culo de la periodista    de tecnolog&iacute;a Lily Han Newman, publicado en <i>Slate.com</i> en febrero    de 2015: &ldquo;Smashing Your Hard Drive Is the Only Way to Get Rid of This    Awful Spyware&rdquo;. Disponible en el enlace <a href="http://goo.gl/7VcVSr" target="_blank">http://goo.gl/7VcVSr</a></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><Sup><a name="26"></a><a href="#top26">26</a></Sup> <a href="http://www.pnas.org/content/111/29/10779.1.full" target="_blank">http://www.pnas.org/content/111/29/10779.1.full</a></p>     <p><Sup><a name="27"></a><a href="#top27">27</a></Sup> <a href="https://www.facebook.com/akramer/posts/10152987150867796" target="_blank">https://www.facebook.com/akramer/posts/10152987150867796</a></p>     <p><Sup><a name="28"></a><a href="#top28">28</a></Sup> <a href="https://www.theguardian.com/technology/2014/jul/02/facebook-apologises-psychological-experiments-on-users" target="_blank">https://www.theguardian.com/technology/2014/jul/02/facebook-apologises-psychological-experiments-on-users</a></p>     <p><Sup><a name="29"></a><a href="#top29">29</a></Sup> Referencia original del    estudio: Milgram, S. (1963). Behavioral study of obedience. <i>Journal of Abnormal    and Social Psychology</i>, 67(4), 371&ndash;378.</p>     <p><Sup><a name="30"></a><a href="#top30">30</a></Sup> Referencia original del    estudio: Haney, C., Banks, W. C., &amp; Zimbardo, P. G. (1973). A study of prisoners    and guards in a simulated prison. <i>Naval research reviews</i>, 9, 1-17.</p>     <p><Sup><a name="31"></a><a href="#top31">31</a></Sup> &ldquo;La &oacute;ptica    digital posibilita la vigilancia desde todos los &aacute;ngulos&rdquo; (Han,    2014: 86), es capaz de llegar a la psique, de actuar desde un nivel prerreflexivo,    trabajando con las emociones para influir en las acciones.</p>      ]]></body><back>
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