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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La caridad en la historia del cristianismo: algunas manifestaciones en la Andalucía bajomedieval]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[In this paper we aim to analise one aspect which normally goes unnoticed when studying the history of Christianism: charity. During the end of the Middle Ages, Andalusian fraternities were institutions which carried out an intense activity for social welfare amongst the inhabitants of the places where they resided. Members of fraternities or not, those who enjoyed a comfortable socioeconomic position turned to them in order to be helped in the transit to the eternal glory, as they wanted. They asked for assistance in the wake before leaving the wordly life, in funeral processions, and in funeral services to shorten the time for purging sins. But fraternities also shared this solidarity with poor people. This assistance also included other kinds of activities which met the interests and needs of people of the age.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p align="right"><b>ARTIGO</b></p>     <p><b>La caridad en la historia del cristianismo: algunas manifestaciones en la Andaluc&iacute;a bajomedieval</b></p>     <p><b>Juan Carlos Arboleda Goldaracena<sup>*</sup></b></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><sup>*</sup>Universidad Pablo de Olavide, Sevilla, Espa&ntilde;a. <i>E-mail</i>:<a href="mailto:jcarbgol@upo.es"> jcarbgol@upo.es</a></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b>Resumo </b></p>      <p>La historia del cristianismo cat&oacute;lico a menudo olvida que la base de esta religi&oacute;n es el ejercicio de la caridad hacia el pr&oacute;jimo por encima de todas las cosas. En este trabajo pretendemos ilustrar c&oacute;mo viv&iacute;an este mandato los cristianos andaluces de finales de la Edad Media, precisamente a trav&eacute;s de un grupo de asociaciones laicales muy abundantes en esta regi&oacute;n: las hermandades y cofrad&iacute;as. Las cofrad&iacute;as andaluzas bajomedievales fueron instituciones formadas mayoritariamente por laicos que llevaron a cabo una intensa actividad ben&eacute;fico-social para con los habitantes de los n&uacute;cleos urbanos donde resid&iacute;an. Ya fueran cofrades o no, aquellas personas que gozaban de una buena situaci&oacute;n socioecon&oacute;mica acudieron a las cofrad&iacute;as para que, sobre todo, les asistieran en el paso al m&aacute;s all&aacute;. Esta asistencia se manifestaba en los momentos previos a la muerte, pero tambi&eacute;n en todo tipo de honras f&uacute;nebres por las almas de los difuntos. No obstante, no era esta la &uacute;nica actividad ben&eacute;fica desarrollada por estas instituciones, sino que tambi&eacute;n se ocuparon de ejercer la caridad en otras m&uacute;ltiples facetas que se estudian en el presente trabajo.</p>     <p><b>Palavras-chave</b>: cristianismo, Andaluc&iacute;a, cofrad&iacute;as, asistencia social, caridad.</p>     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Abstract</b></p>     <p>In this paper we aim to analise one aspect which normally goes unnoticed when studying the history of Christianism: charity. During the end of the Middle Ages, Andalusian fraternities were institutions which carried out an intense activity for social welfare amongst the inhabitants of the places where they resided. Members of fraternities or not, those who enjoyed a comfortable socioeconomic position turned to them in order to be helped in the transit to the eternal glory, as they wanted. They asked for assistance in the wake before leaving the wordly life, in funeral processions, and in funeral services to shorten the time for purging sins. But fraternities also shared this solidarity with poor people. This assistance also included other kinds of activities which met the interests and needs of people of the age.</p>     <p><b>Keywords:</b> Christianity, Andalusia, fraternities, social welfare, charity.</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b>1. INTRODUCCI&Oacute;N</b></p>     <p>No hay m&aacute;s que elegir uno cualquiera entre los montones de vol&uacute;menes dedicados a la historia del cristianismo romano y de la Iglesia cat&oacute;lica<sup><a href="#1">1</a></sup><a name="top1"></a> para comprobar que esta historia est&aacute; llena de personajes importantes, batallas, narraciones de concilios ecum&eacute;nicos y pormenores sobre el esplendor art&iacute;stico y mundano de una instituci&oacute;n cuyos or&iacute;genes estuvieron muy alejados del lujo y la ostentaci&oacute;n por los que se ha caracterizado en los siglos posteriores. Pero no hay nada en esas historias que refleje lo que sin duda es -o al menos deber&iacute;a ser- la se&ntilde;a de identidad m&aacute;s pura de los cristianos: la caridad. Ya desde sus or&iacute;genes, la comunidad de seguidores de Jes&uacute;s se caracteriz&oacute; por el que indudablemente es el mandamiento que resume las ense&ntilde;anzas del nazareno: "Un mandamiento nuevo os doy: que os am&eacute;is los unos a los otros, como yo os he amado" (Jn 13, 34)<sup><a href="#2">2</a></sup><a name="top2"></a>.</p>     <p>Esta tendencia al inmovilismo y al estudio de la evoluci&oacute;n hist&oacute;rica de la Iglesia desde una perspectiva que mira &uacute;nicamente a la jerarqu&iacute;a eclesi&aacute;stica parece haberse roto en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, para dejar paso a nuevas l&iacute;neas de investigaci&oacute;n centradas en el laicado y en una aproximaci&oacute;n m&aacute;s evang&eacute;lica a la historia del cristianismo. En este sentido, ha adquirido mucha importancia la reflexi&oacute;n en torno a los laicos<sup><a href="#3">3</a></sup><a name="top3"></a> como eje central de la vida de la Iglesia, pues son estos los que en definitiva asumen y viven las decisiones de una jerarqu&iacute;a en ocasiones demasiado alejada de la realidad social en las diferentes &eacute;pocas hist&oacute;ricas. Por otra parte, se ha publicado recientemente en Espa&ntilde;a una Historia de la Iglesia que apunta directamente a la caridad como eje vertebrador de la evoluci&oacute;n del cristianismo<sup><a href="#4">4</a></sup><a name="top4"></a>. El trabajo que presentamos es deudor sin duda de ella, pues esta obra es la que establece las l&iacute;neas maestras que seguimos en la presente investigaci&oacute;n.</p>     <p>Antes de comenzar, creemos necesarias una serie de aclaraciones. En primer lugar, no podemos olvidar que la investigaci&oacute;n en historia de las religiones no deja de ser un &aacute;mbito controvertido y ba&ntilde;ado por la pol&eacute;mica en numerosas ocasiones, en cuanto se pone siempre bajo sospecha al investigador, alegando que un campo tan trascendental para el desarrollo humano puede contaminar el estudio y limitar la objetividad del historiador. V&eacute;anse a este respecto las reflexiones del Dr. Francisco D&iacute;ez de Velasc<sup><a href="#5">5</a></sup><a name="top5"></a>, en las que defiende la necesidad de una diferenciaci&oacute;n clara entre las distintas ramas de la investigaci&oacute;n en torno a las religiones, utilizando para ello un criterio fundamental: la confesionalidad o aconfesionalidad del investigador. Es decir, un historiador de las religiones ha de diferenciarse claramente de un te&oacute;logo en el hecho de que el primero no busca ense&ntilde;ar a creer ni transmitir creencias, sino mostrar y tratar de explicar por qu&eacute; en las diferentes etapas hist&oacute;ricas las diversas religiones se han manifestado como parte esencial de la existencia del ser humano.</p>     <p>Nuestra opini&oacute;n, en la l&iacute;nea del profesor D&iacute;ez de Velasco, se basa en la necesidad imperante de la objetividad a la hora de abordar el estudio hist&oacute;rico, siempre teniendo en cuenta que la labor historiogr&aacute;fica, por mucho que se intente, nunca podr&aacute; estar depurada de cierto matiz de subjetividad, porque eso es algo inherente al propio ser humano. Pero tambi&eacute;n pensamos que, como historiadores de la religi&oacute;n cristiana, y, m&aacute;s en concreto, de la Iglesia cat&oacute;lica, la objetividad se garantiza -independientemente de las creencias que cada uno pudiera tener- en el hecho de estudiar la Iglesia como una sociedad terrena m&aacute;s. As&iacute; lo apunta el Dr. S&aacute;nchez Herrero<sup><a href="#6">6</a></sup><a name="top6"></a>, destacando que la Iglesia no es m&aacute;s que la comunidad de hombres y mujeres que creen en Jesucristo -no es tarea del historiador explicar esa creencia-, y en su car&aacute;cter de comunidad humana es posible estudiarla como un grupo m&aacute;s de personas de cualquier sociedad y &eacute;poca. Cada uno de los acontecimientos de su devenir hist&oacute;rico pueden explicarse racionalmente, pero siempre teniendo en cuenta dos problemas fundamentales a los que debemos enfrentarnos: la tentaci&oacute;n de interpretar los documentos desde el presente, y no en su contexto; y la necesidad de un verdadero an&aacute;lisis cr&iacute;tico que nos permita formular a las fuentes las preguntas adecuadas.</p>     <p>El trabajo que presentamos es un enfoque distinto de la historia de la Iglesia desde el punto de vista de la caridad. El amor fraterno ha estado presente en todos los momentos de la vida del cristianismo, aunque muchas veces haya quedado oculto o eclipsado por funestos acontecimientos que poco ten&iacute;an que ver con el mensaje evang&eacute;lico. Queremos ofrecer una visi&oacute;n de c&oacute;mo se viv&iacute;a este mandamiento del amor expresado por Jes&uacute;s en un lugar y un tiempo concretos: Andaluc&iacute;a en la Baja Edad Media. Para ello, recurriremos al estudio de las instituciones eclesi&aacute;sticas m&aacute;s puramente laicales (aunque sin descartar la presencia de cl&eacute;rigos en ellas) que podemos encontrar en el seno de la Iglesia cat&oacute;lica: las hermandades y cofrad&iacute;as, agrupaciones de laicos que se unen para dar culto a la divinidad (Dios, Mar&iacute;a, los santos) y conseguir diversos fines (ejercer la caridad, ayudarse mutuamente, realizar penitencia...)<sup><a href="#7">7</a></sup><a name="top7"></a>. Nacen en la Plena Edad Media y van configur&aacute;ndose en torno a diversas tipolog&iacute;as, entre las cuales destacar&aacute;n por su importancia las cofrad&iacute;as de Semana Santa o Pasi&oacute;n, que no surgir&aacute;n sino hasta finales del siglo XV y, sobre todo, durante las primeras d&eacute;cadas del XVI.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Para el per&iacute;odo estudiado por nosotros, en la biliograf&iacute;a que acabamos de referir queda resumido perfectamente el estado de la cuesti&oacute;n en cuanto al conocimiento actual de estas instituciones: en l&iacute;neas generales, y para el caso andaluz de la Baja Edad Media y comienzos de la modernidad, conocemos su surgimiento, su funcionamiento interno y externo y las actividades que llevaban a cabo estas corporaciones. No obstante, el tema de la actividad ben&eacute;fica no ha recibido hasta el momento la dedicaci&oacute;n de muchos estudios, algo que justifica precisamente la elecci&oacute;n del tema para este trabajo<sup><a href="#8">8</a></sup><a name="top8"></a>.</p>     <p>La elecci&oacute;n de un marco geogr&aacute;fico concreto viene impuesta por varias razones: en primer lugar, la riqueza de la documentaci&oacute;n disponible en cuanto a la tipolog&iacute;a y tem&aacute;tica trabajadas. Como indicaremos m&aacute;s adelante, la base documental de nuestro trabajo se ha centrado en un corpus de reglas de hermandades y cofrad&iacute;as andaluzas de los siglos XIV a XVI, que fue recopilado hace ya algunos a&ntilde;os por los miembros del grupo de investigaci&oacute;n al que pertenecemos<sup><a href="#9">9</a></sup><a name="top9"></a>. Por otra parte, la representatividad de la regi&oacute;n andaluza, a pesar de su heterogeneidad geogr&aacute;fica y cultural a finales de la Edad Media, radica en el hecho de que los territorios que a partir del siglo XIII fueron incorpor&aacute;ndose a los dominios cristianos adoptaron enseguida el patr&oacute;n religioso imperante a finales de la Edad Media: la religiosidad cristiana andaluza de los siglos XIV a XVI no es otra que la religiosidad castellana tra&iacute;da a estas tierras por los conquistadores ya durante el siglo XIII, que bebe sin duda de las fuentes de la Europa cristiana medieval.</p>     <p>&iquest;Son representativas las hermandades y cofrad&iacute;as andaluzas para ilustrar lo que suced&iacute;a en el resto de la Pen&iacute;nsula? Creemos que, por lo dicho anteriormente, s&iacute;. Y es m&aacute;s, podemos acudir a estudios de otros autores que se centran en otros &aacute;mbitos geogr&aacute;ficos para constatar que lo expuesto por ellos coincide plenamente con lo apreciado por autores como S&aacute;nchez Herrero<sup><a href="#10">10</a></sup><a name="top10"></a> en sus trabajos dedicados a las cofrad&iacute;as andaluzas bajomedievales<sup><a href="#11">11</a></sup><a name="top11"></a>. El objetivo de nuestro estudio, por razones que ata&ntilde;en entre otras cosas a la limitaci&oacute;n espacial, no nos permite centrarnos en establecer comparativas con otras regiones, si bien es algo que pretendemos llevar a cabo en trabajos futuros. No obstante, y en cuanto a referencias bibliogr&aacute;ficas que puedan ayudar a clarificar este aspecto, recomendamos la consulta de la llamada <i>Confraternities Collection</i>, una recopilaci&oacute;n bibliogr&aacute;fica internacional elaborada por la sociedad canadiense <i>Confraternitas: The society for Confraternities Studies</i><sup><a href="#12">12</a></sup><a name="top12"></a>.</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b>2. METODOLOG&Iacute;A DE TRABAJO</b></p>     <p>Nuestro trabajo, como ya hemos apuntado, se asienta documentalmente en las reglas de las propias hermandades y cofrad&iacute;as. Las reglas constituyen el conjunto de normas y c&aacute;nones que rigen la vida interna y las actividades p&uacute;blicas de estas corporaciones: sus fines y objetivos religiosos, el culto y su residencia, el gobierno y sus oficiales, la gesti&oacute;n y el control del patrimonio, la caridad, la estaci&oacute;n de penitencia, etc.<sup><a href="#13">13</a></sup><a name="top13"></a>. No podemos olvidar que este tipo de documentos son una parte importante del Patrimonio Hist&oacute;rico y una fuente muy valiosa de la que se nutren la Historia y el Patrimonio Documental<sup><a href="#14">14</a></sup><a name="top14"></a>. Nosotros hemos trabajado con un total de trece reglas<sup><a href="#15">15</a></sup><a name="top15"></a> de cofrad&iacute;as andaluzas bajomedievales, enmarcadas en un arco cronol&oacute;gico comprendido entre los a&ntilde;os de 1336 (fecha de la primera regla) y 1520 (fecha de la &uacute;ltima). Aunque nuestro estudio se introduzca en el primer cuarto del siglo XVI, podemos afirmar que no hay una ruptura en la vida y caracter&iacute;sticas de las cofrad&iacute;as, que seguir&aacute;n siendo medievales hasta la llegada de las doctrinas propugnadas por el Concilio de Trento<sup><a href="#16">16</a></sup><a name="top16"></a>. Las reglas consultadas pertenecen a hermandades y cofrad&iacute;as radicadas en localidades de cinco di&oacute;cesis andaluzas: Sevilla (Sevilla<sup><a href="#17">17</a></sup><a name="top17"></a>, Alcal&aacute; del R&iacute;o<sup><a href="#18">18</a></sup><a name="top18"></a>, Carmona<sup><a href="#18">18</a></sup><a name="top18"></a>, &Eacute;cija<sup><a href="#20">20</a></sup><a name="top20"></a>, Salteras<sup><a href="#21">21</a></sup><a name="top21"></a>), Huelva (Niebla<sup><a href="#22">22</a></sup><a name="top22"></a>), C&oacute;rdoba (C&oacute;rdoba<sup><a href="#23">23</a></sup><a name="top23"></a>, Palma del R&iacute;o<sup><a href="#24">24</a></sup><a name="top24"></a>), Ja&eacute;n (Ja&eacute;n<sup><a href="#25">25</a></sup><a name="top25"></a>) y M&aacute;laga (Ronda<sup><a href="#26">26</a></sup><a name="top26"></a>). Dada su publicaci&oacute;n en formato electr&oacute;nico, y para facilitar el sistema de citas bibliogr&aacute;ficas, de aqu&iacute; en adelante haremos alusi&oacute;n a ellas mencionando &uacute;nicamente el n&uacute;mero de regla que les corresponde en el conjunto de la obra (en cifras romanas) y el cap&iacute;tulo en concreto que se les ha asignado dentro de la misma (en caracteres ar&aacute;bigos).</p>     <p>Tambi&eacute;n hemos de hacer referencia al hecho de la diversidad de tipolog&iacute;as dentro de las congregaciones objeto de nuestro estudio. &iquest;Cu&aacute;ntos tipos de cofrad&iacute;as existen? Siguiendo a los Dres. S&aacute;nchez Herrero y P&eacute;rez Gonz&aacute;lez<sup><a href="#27">27</a></sup><a name="top27"></a>, podr&iacute;amos distinguir entre cofrad&iacute;as devocionales, cofrad&iacute;as benefactoras, cofrad&iacute;as profesionales, cofrad&iacute;as de cl&eacute;rigos, cofrad&iacute;as agrupaci&oacute;n de personas pertenecientes a un mismo grupo social, o cofrad&iacute;as agrupaci&oacute;n de disminuidos f&iacute;sicos. Esta clasificaci&oacute;n servir&iacute;a para los &uacute;ltimos siglos medievales, cuando a&uacute;n el fen&oacute;meno de la penitencia no ha llegado a estas corporaciones. A partir de este momento (finales del siglo XV y sobre todo inicios del XVI), podr&iacute;amos distinguir entre las cofrad&iacute;as penitenciales propiamente dichas, tambi&eacute;n denominadas de Semana Santa o Pasi&oacute;n, cuyo fin principal para el que son fundadas es la penitencia p&uacute;blica, rindiendo culto a un pasaje concreto de la Pasi&oacute;n de Cristo; y las cofrad&iacute;as de disciplina, que sin venerar necesariamente alg&uacute;n momento pasionista, incorporaban la disciplina como elemento complementario de otros fines y devociones para los que son erigidas<sup><a href="#28">28</a></sup><a name="top28"></a>. Al mencionar anteriormente en notas a pie de p&aacute;gina a todas las institucioens, ya hicimos referencia a la tipolog&iacute;a de cada una.</p>     <p>Una vez aclarados todos los t&eacute;rminos, procedamos al estudio de las hermandades y cofrad&iacute;as andaluzas bajomedievales desde la &oacute;ptica anunciada: la presencia en ellas del mandato evang&eacute;lico de la caridad. Para ello, nos detendremos en analizar todas las actuaciones y mecanismos mediante los cuales los cofrades pon&iacute;an de manifiesto en su vida diaria la importancia del mensaje de Jes&uacute;s, ayudando a sus hermanos y viviendo en el seno de una verdadera comunidad en la que el eje vertebrador era la ayuda mutua, a trav&eacute;s de las distintas formas mediante las cuales se manifestaba la caridad.</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b>3. LAS FORMAS DE LA CARIDAD</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Hemos desgranado nuestro estudio en diferentes apartados que reflejan de manera clara las distintas formas en que se manifestaba la actividad ben&eacute;fico-asistencial de las hermandades y cofrad&iacute;as andaluzas en el per&iacute;odo de su surgimiento. Pero creemos que previamente es necesario abordar dos aspectos importantes. En primer lugar, hemos de precisar el fundamento teol&oacute;gico de las cofrad&iacute;as para llevar a cabo su labor caritativa. Ya hemos especificado que este no es otro que el mandamiento evang&eacute;lico del amor fraterno, pero es interesante se&ntilde;alar c&oacute;mo se recibe (te&oacute;ricamente) por parte de las cofrad&iacute;as. Para ello, no hay m&aacute;s que acudir a las introducciones de las diferentes reglas, donde encontramos disposiciones como las que siguen:</p>      <p><i>Primeramente, ordenamos et estable&ccedil;emos que nos amemos et nos onrremos en la nuestra vida mientras que en este mundo mesquino beuimos et despu&eacute;s en la nuestra muerte quando d&eacute;l parti&eacute;remos segund que aqu&iacute; en esta dicha Regla ser&aacute; ordenado en los cap&iacute;tulos adelante contenidos.</i><sup><a href="#29">29</a></sup><a name="top29"></a></p>      <p><i>Hermanos, Dios sea amado i despu&eacute;s el pr&oacute;ximo syn el qual amor ninguno puede ser saluo, ca &eacute;stos son los mandamientos prin&ccedil;ipalmente a nos dados. Por ende, lo primero que auemos de guardar para que en la Hermandad aprouechemos en que seamos de un &aacute;nimo, esto es, de vn querer e vn cora&ccedil;&oacute;n en Dios e el bien e prouecho e caridad nuestra sea com&uacute;n al pr&oacute;ximo, distribuyendo a cada vno segund lo que ouiere. Esto se entiende, al que m&aacute;s lo ouiere menester, ui&eacute;ndolo el hermano mayor o quien &eacute;l mandare o aqu&eacute;l que para ello por &eacute;l e por el cabildo fuere eligido, segund que los christianos hermanos en la primitiua Iglesia faz&iacute;an, anteponiendo lo propio a lo com&uacute;n y lo com&uacute;n a lo propio, ca &eacute;sta es la uerdadera caridad que no quiere lo ques suyo m&aacute;s lo que es de Jesu Christo, es a saber, pro del pr&oacute;ximo, el por que syn caridad ninguno puede ser saluo, ques amor de Dios e del pr&oacute;ximo, porque caridad todas las cosas uence y todas las cosas sufre e todas las cosas sostiene, porque Dios es caridad e el que est&aacute; en caridad es en Dios e Dios en &eacute;l.</i><sup><a href="#30">30</a></sup><a name="top30"></a></p>      <p>Por otro lado, es necesario precisar las bases econ&oacute;micas sobre las que se sustentaba la actividad ben&eacute;fica de las cofrad&iacute;as. A este respecto, hemos de se&ntilde;alar que la documentaci&oacute;n utilizada en el presente trabajo no es muy ilustrativa en lo que al tema se refiere, pues aunque las reglas y estatutos establecen en ocasiones, y siempre desde un punto de vista te&oacute;rico, algunos aspectos relacionados con la econom&iacute;a cofradiera, en cualquier caso la informaci&oacute;n suele ser escasa. No obstante, el problema puede ser abordado utilizando otro tipo de documentaci&oacute;n muy valiosa, como son los protocolos notariales. Para el caso andaluz, hay dos estudios que tratan el tema de manera magistral empleando la documentaci&oacute;n mencionada o complet&aacute;ndola con las reglas de las cofrad&iacute;as<sup><a href="#31">31</a></sup><a name="top31"></a>.</p>     <p>Salvada esta distancia, &iquest;qu&eacute; nos aporta la documentaci&oacute;n por nosotros utilizada? Se aprecia claramente que la actividad asistencial tiene un sustento claro en las limosnas recibidas por las cofrad&iacute;as. Las reglas estipulan la obligaci&oacute;n contra&iacute;da por los hermanos de pedir limosna todos los domingos, fiestas y viernes (todos los del a&ntilde;o o solamente los de Cuaresma)<sup><a href="#32">32</a></sup><a name="top32"></a>, debiendo turnarse seg&uacute;n el protocolo establecido y bajo pena de sanci&oacute;n econ&oacute;mica si no cumplen dicha funci&oacute;n que se les encomienda. A veces esta petici&oacute;n se realiza con una mesa en la propia iglesia donde la cofrad&iacute;a tiene su sede<sup><a href="#33">33</a></sup><a name="top33"></a>. En otras ocasiones, se establece una limosna obligatoria para todos los cofrades con ocasi&oacute;n de determinadas fiestas, como la de San Lucas<sup><a href="#34">34</a></sup><a name="top34"></a>, que se destina a fines ben&eacute;ficos.</p>     <p>Algunas cofrad&iacute;as encargan a una persona determinada la recepci&oacute;n de las limosnas y donaciones que se emplear&aacute;n en la labor caritativa<sup><a href="#35">35</a></sup><a name="top35"></a>, debiendo ocupar el puesto durante un a&ntilde;o. Las limosnas suelen conservarse en un arca, que en algunas cofrad&iacute;as<sup><a href="#36">36</a></sup><a name="top36"></a> se guarda bajo llave, con cuatro copias: una para los hermanos mayores, otra para los diputados, otra para los alcaldes y otra para los escribanos<sup><a href="#37">37</a></sup><a name="top37"></a>. Aunque por lo general no suele especificarse la distribuci&oacute;n de las limosnas en funci&oacute;n de las distintas actividades ben&eacute;ficas, en algunos casos s&iacute; encontramos una partida econ&oacute;mica dividida en tres frentes: un tercio para casar hu&eacute;rfanas, otro para la asistencia a los pobres y otro para otras necesidades, entre las que se incluye el entierro de los difuntos<sup><a href="#38">38</a></sup><a name="top38"></a>. Solamente en un caso hemos podido documentar la utilizaci&oacute;n de las rentas de unas huertas donadas a la cofrad&iacute;a en un testamento para la realizaci&oacute;n de obras ben&eacute;ficas<sup><a href="#39">39</a></sup><a name="top39"></a>. Recordemos que este tipo de sustento material est&aacute; presente en la documentaci&oacute;n notarial, pero rara vez aparece en las reglas de las cofrad&iacute;as, precisamente por el car&aacute;cter duradero de estas -al menos, en principio- y la temporalidad de los bienes materiales o las propiedades concretas.</p>      <p><b>3.1. La ayuda material a los propios cofrades en caso de necesidad</b></p>     <p>Analizaremos en primer lugar la actividad ben&eacute;fica dirigida a los propios integrantes de las cofrad&iacute;as. No olvidemos que, sobre todo en el per&iacute;odo de surgimiento del movimiento cofrade, los miembros de las hermandades y cofrad&iacute;as ve&iacute;an a estas instituciones como una parte esencial que conformaba su identidad personal y grupal. Y esto es as&iacute; porque, al ingresar en alguna de las m&uacute;ltiples corporaciones presentes en las ciudades andaluzas, los cofrades adquir&iacute;an una serie de obligaciones que deb&iacute;an cumplir (siempre bajo pena de sanci&oacute;n econ&oacute;mica), pero recib&iacute;an tambi&eacute;n la garant&iacute;a de determinados derechos y beneficios, muy importantes sobre todo en situaciones de necesidad en esta vida y en el paso al m&aacute;s all&aacute;. Por tanto, si por algo se caracterizaban las cofrad&iacute;as bajomedievales y pretridentinas, es por una ayuda constante a los necesitados, pero tambi&eacute;n a sus propios cofrades, que se sent&iacute;an arropados de manera ejemplar dentro de su propia hermandad.</p>     <p>En esta ocasi&oacute;n, nos ocupamos de la ayuda material en caso de pobreza o necesidad. Un buen n&uacute;mero de reglas recogen la obligatoriedad de ayudar al cofrade que ha ca&iacute;do en la pobreza, estudiando para ello el tipo de necesidad y la cantidad material que debe aport&aacute;rsele<sup><a href="#40">40</a></sup><a name="top40"></a>. Si el hermano era tan pobre que no pod&iacute;a abonar la cantidad correspondiente a la comida que con cierta periodicidad celebraban algunas cofrad&iacute;as, se le condonaba esta deuda<sup><a href="#41">41</a></sup><a name="top41"></a>. Adem&aacute;s, en determinados tipos de corporaciones con un car&aacute;cter marcadamente militar, esta ayuda  a los cofrades se reflejaba tambi&eacute;n en casos de necesidad como la p&eacute;rdida del caballo, ante el cual se remediaba el mal mediante la compra de uno nuevo<sup><a href="#42">42</a></sup><a name="top42"></a>. Volveremos sobre la ayuda a los propios cofrades en otra de las situaciones en la que nos detendremos con posterioridad: la asistencia ante la enfermedad y la muerte.</p>      <p><b>3.2. La caridad material extracorporativa con los pobres y necesitados</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Pero esta ayuda material no se manifestaba &uacute;nicamente con los propios hermanos de la cofrad&iacute;a, sino tambi&eacute;n, y de forma muy especial, con los pobres y necesitados de la localidad donde las corporaciones ten&iacute;an su residencia. La pobreza era una realidad latente en los pueblos y ciudades de la Europa medieval y moderna<sup><a href="#43">43</a></sup><a name="top43"></a>, que las cofrad&iacute;as se apresuraban en remediar:</p>      <p><i>Por esta raz&oacute;n fueron levantadas las Confradr&iacute;as i las hermandades, m&aacute;s por los pobres que por los ricos.</i><sup><a href="#44">44</a></sup><a name="top44"></a></p>      <p>Por lo general, se sol&iacute;a encomendar esta misi&oacute;n a dos hermanos, los cuales se encargaban de averiguar las necesidades de los pobres (a veces tambi&eacute;n se inclu&iacute;a a los encarcelados) y remediarlas en funci&oacute;n de cada caso<sup><a href="#45">45</a></sup><a name="top45"></a>, siempre contando con la autorizaci&oacute;n del resto de la junta de gobierno. En ocasiones es el propio prioste, una de las figuras principales del gobierno de la cofrad&iacute;a, el que se encarga de visitar a los pobres<sup><a href="#46">46</a></sup><a name="top46"></a>. Adem&aacute;s de la ayuda monetaria, las cofrad&iacute;as se encargaban de alimentar a muchas personas que no dispon&iacute;an de medios para ello, sobre todo con ocasi&oacute;n de determinadas fiestas y celebraciones, como el d&iacute;a de la comida de la cofrad&iacute;a<sup><a href="#47">47</a></sup><a name="top47"></a>, la v&iacute;spera de Pascua florida<sup><a href="#48">48</a></sup><a name="top48"></a> o el d&iacute;a de San Lucas<sup><a href="#49">49</a></sup><a name="top49"></a>.</p>      <p><b>3.3. El hospital de la cofrad&iacute;a</b></p>     <p>Los hospitales regentados por hermandades y cofrad&iacute;as surgen por el deseo de los propios cofrades de contar con un organismo de asistencia social m&aacute;s espec&iacute;fico. Estas instituciones no se dedicaban &uacute;nicamente al cuidado de los enfermos, sino que tambi&eacute;n atend&iacute;an y acog&iacute;an a los grupos sociales m&aacute;s desfavorecidos: pobres, viudas, viajeros y personas sin recursos en general<sup><a href="#50">50</a></sup><a name="top50"></a>. Para el estudio del funcionamiento interno del hospital, contamos especialmente con una de las reglas presentes en nuestra documentaci&oacute;n<sup><a href="#51">51</a></sup><a name="top51"></a>, que es la que nos aporta m&aacute;s informaci&oacute;n.</p>     <p>El gobierno del hospital estaba encabezado por un provisor, elegido entre diez hermanos, y al cual acompa&ntilde;aba una junta de cinco consejeros: dos f&iacute;sicos, dos cirujanos y un boticario, que trabajaban en el hospital<sup><a href="#52">52</a></sup><a name="top52"></a>. La asistencia a los necesitados era completamente gratuita, incluyendo a enfermos, pobres, religiosos, emparedadas y cualquier colectivo que lo necesitara<sup><a href="#53">53</a></sup><a name="top53"></a>. Los m&eacute;dicos del hospital deb&iacute;an tambi&eacute;n visitar a los hermanos bienhechores y atenderlos en sus necesidades, sin cobrar por ello, salvo la limosna voluntaria que cada hermano quisiera darles; el boticario les daba tambi&eacute;n las medicinas al costo, al igual que hac&iacute;a con el hospital<sup><a href="#54">54</a></sup><a name="top54"></a>. Por &uacute;ltimo, se establec&iacute;a que no podr&iacute;an ser acogidos en el hospital enfermos incurables ni ciegos, sino solamente aquellos muy pobres que estaban impedidos para ir a pedir limosna o los que estaban a punto de fallecer<sup><a href="#55">55</a></sup><a name="top55"></a>.</p>      <p><b>3.4. La asistencia ante la enfermedad y la muerte</b></p>     <p>Entramos en el apartado con m&aacute;s presencia de menciones en la documentaci&oacute;n estudiada: la asistencia ante la enfermedad en esta vida y en el paso al m&aacute;s all&aacute;. No en vano las cofrad&iacute;as han sido consideradas en muchas ocasiones como verdaderas mutualidades de entierro<sup><a href="#56">56</a></sup><a name="top56"></a>. Nadie puede negar que la enfermedad supon&iacute;a en la Edad Media -y sigue suponiendo hoy en d&iacute;a- un obst&aacute;culo dif&iacute;cil de salvar para cuantos necesitaban de una buena salud que les permitiera garantizar el sustento a su familia. Adem&aacute;s, si la enfermedad agravaba y se hac&iacute;a inevitable el paso a la otra vida, la asistencia espiritual era la mejor ayuda que las cofrad&iacute;as pod&iacute;an prestar a sus miembros y allegados. Veamos detenidamente todos los mecanismos de actuaci&oacute;n. Nos centraremos en primer lugar en la asistencia a los propios cofrades.</p>     <p>Cuando un cofrade se encontraba enfermo, su cofrad&iacute;a se encargaba de velarlo durante las noches que durara la enfermedad (hasta su recuperaci&oacute;n o su muerte)<sup><a href="#57">57</a></sup><a name="top57"></a>. En ocasiones se especifica el n&uacute;mero de hermanos que deben efectuar estas visitas al domicilio del enfermo: cuatro hermanos<sup><a href="#58">58</a></sup><a name="top58"></a>, el prioste con otro u otros dos cofrades por turnos<sup><a href="#59">59</a></sup><a name="top59"></a>, dos cofrades por turnos<sup><a href="#60">60</a></sup><a name="top60"></a>, los mayordomos viejos de la cofrad&iacute;a<sup><a href="#61">61</a></sup><a name="top61"></a>, dos cl&eacute;rigos<sup><a href="#62">62</a></sup><a name="top62"></a> (a veces, se aclara que han de llevar sus sobrepellices y cobrar un real por cada noche<sup><a href="#63">63</a></sup><a name="top63"></a>) encargados de rezar diversos salmos por el enfermo. Algunas cofrad&iacute;as estipulan un pago de dos maraved&iacute;s semanales a los cofrades enfermos que adem&aacute;s son pobres<sup><a href="#64">64</a></sup><a name="top64"></a>. En otras ocasiones, se establece que a partir del tercer d&iacute;a de enfermedad, se aplican por el cofrade los oficios celebrados en diversas iglesias<sup><a href="#65">65</a></sup><a name="top65"></a>.</p>     <p>Pero si a pesar de los cuidados y oraciones, la muerte llama a la puerta de alguna persona, el protocolo de actuaci&oacute;n de las cofrad&iacute;as estaba bien definido. En primer lugar, y de forma un&aacute;nime en la pr&aacute;ctica mayor&iacute;a de las corporaciones, se establece la obligatoriedad de acompa&ntilde;ar el cad&aacute;ver del difunto desde su fallecimiento hasta su entierro, normalmente por turnos de hermanos<sup><a href="#66">66</a></sup><a name="top66"></a>. Estos deben ir con candelas (a veces con cuatro ciriales<sup><a href="#67">67</a></sup><a name="top67"></a>) y no deben marcharse hasta que los oficios por el difunto no hayan acabado. Suelen emplearse velas de cera y un pa&ntilde;o de terciopelo negro que se coloca sobre la caja del difunto<sup><a href="#68">68</a></sup><a name="top68"></a>. Otras veces, el pa&ntilde;o (en este caso, de seda) solamente se presta previo pago de 100 maraved&iacute;s<sup><a href="#69">69</a></sup><a name="top69"></a>. Para el velatorio del difunto, a veces se especifican datos m&aacute;s concretos acerca de los cofrades que deben acudir: diez cofrades toda la noche<sup><a href="#70">70</a></sup><a name="top70"></a>, dos cofrades cada cuatro horas<sup><a href="#71">71</a></sup><a name="top71"></a>, cuatro cofrades<sup><a href="#72">72</a></sup><a name="top72"></a>, el hijo o apaniaguado de cada cofrade durante la noche, las mujeres si se trata de una cofrada o las hijas o mancebas de cofrades si la fallecida era tambi&eacute;n hija o manceba<sup><a href="#73">73</a></sup><a name="top73"></a>. Un cirio debe arder toda la noche junto al difunto<sup><a href="#74">74</a></sup><a name="top74"></a>, cobr&aacute;ndose en ocasiones una libra de cera de los bienes del fallecido para tal fin<sup><a href="#75">75</a></sup><a name="top75"></a>. Tras el velatorio, los diputados sacan el cuerpo de la casa y, una vez en la calle, este es tomado por los dem&aacute;s hermanos<sup><a href="#76">76</a></sup><a name="top76"></a>, que marchan en procesi&oacute;n con &eacute;l hasta la iglesia, seguidos por una cruz<sup><a href="#77">77</a></sup><a name="top77"></a>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Si el cofrade fallece fuera de la ciudad, normalmente se sale a las puertas de la misma para recibirlo<sup><a href="#78">78</a></sup><a name="top78"></a>. A veces se pone como condici&oacute;n que la distancia m&aacute;xima a la que est&eacute; el difunto sea de un d&iacute;a (contando la ida y la vuelta), y en tal caso se le va a buscar<sup><a href="#79">79</a></sup><a name="top79"></a>. Si era intenci&oacute;n del difunto ser enterrado fuera de la ciudad, se le acompa&ntilde;a hasta la puerta<sup><a href="#80">80</a></sup><a name="top80"></a>, salvo en el caso de algunas iglesias extramuros, hasta las que s&iacute; llega la comitiva: Santa Ana, San Agust&iacute;n y la Trinidad en Sevilla<sup><a href="#81">81</a></sup><a name="top81"></a>; o San Lorenzo y Santa Mar&iacute;a del Pino en Niebla (Huelva)<sup><a href="#82">82</a></sup><a name="top82"></a>. Si el cofrade fallecido resid&iacute;a en otra collaci&oacute;n distinta a la de la cofrad&iacute;a, se le tra&iacute;a hasta la iglesia, o incluso se le acompa&ntilde;aba a otro templo dentro de la ciudad donde quisiera ser enterrado<sup><a href="#83">83</a></sup><a name="top83"></a>. Las mozas eran veladas en la misma iglesia de la cofrad&iacute;a<sup><a href="#84">84</a></sup><a name="top84"></a>, o en la de la collaci&oacute;n donde residieran<sup><a href="#85">85</a></sup><a name="top85"></a>, y a sus entierros solo deb&iacute;an acudir los diputados, por no fatigar a los hermanos. A veces, las viudas de la cofrad&iacute;a eran las que cos&iacute;an la mortaja del difunto<sup><a href="#86">86</a></sup><a name="top86"></a>, que se da gratuitamente al cofrade si es muy pobre<sup><a href="#87">87</a></sup><a name="top87"></a>.</p>     <p>La mayor&iacute;a de las cofrad&iacute;as establecen dos categor&iacute;as de entierro: los de cabeza mayor (el cofrade y su mujer) y de cabeza menor (hijos y padres de cofrade que est&eacute;n a su cargo). Por lo general, la participaci&oacute;n de la mujer de los mismos beneficios que su marido queda justificada en la mayor&iacute;a de las reglas aludiendo a que son parte de un mismo todo<sup><a href="#88">88</a></sup><a name="top88"></a>. Otras veces, es necesario que, si la mujer enviuda, no se case de nuevo si quiere mantener sus privilegios dentro de la cofrad&iacute;a<sup><a href="#89">89</a></sup><a name="top89"></a>. Hay cofrad&iacute;as que estipulan que en los entierros de cabeza menor ha de emplearse solamente la mitad de los cirios<sup><a href="#90">90</a></sup><a name="top90"></a> que en los de cabeza mayor (en los que se emplean doce cirios<sup><a href="#91">91</a></sup><a name="top91"></a>). Otras veces se especifica que para dar la misma honra que a sus padres a los hijos de cofrade, estos han de ser mayores de diez a&ntilde;os<sup><a href="#92">92</a></sup><a name="top92"></a>. No obstante, tambi&eacute;n encontramos corporaciones en las que los hijos e hijas sin casar<sup><a href="#93">93</a></sup><a name="top93"></a> y los padres y madres a cargo de los cofrades<sup><a href="#94">94</a></sup><a name="top94"></a> son enterrados con las mismas honras que si fueran miembros de la cofrad&iacute;a. A los parientes de hasta cuarto grado o paniaguados de cofrades, se les acompa&ntilde;a &uacute;nicamente para sacar el cad&aacute;ver de su casa, haci&eacute;ndolo con treinta velas. Si quiere sesenta, ha de pagar cincuenta maraved&iacute;s<sup><a href="#95">95</a></sup><a name="top95"></a>. A los criados y hu&eacute;spedes de los cofrades, se les honra con cuarenta candelas<sup><a href="#96">96</a></sup><a name="top96"></a>. Las personas que no pertenecen a la cofrad&iacute;a, pero se encomiendan a ella para que los asista en la hora de su muerte, deben pagar cierta cantidad econ&oacute;mica: cien maraved&iacute;s<sup><a href="#97">97</a></sup><a name="top97"></a>, mil maraved&iacute;s<sup><a href="#98">98</a></sup><a name="top98"></a>, trescientos maraved&iacute;<sup><a href="#99">99</a></sup><a name="top99"></a>. A veces la cantidad var&iacute;a en funci&oacute;n del entierro que elijan: cabeza mayor o cabeza menor; y si la persona en cuesti&oacute;n es pobre, se efect&uacute;a un entierro de cabeza menor<sup><a href="#100">100</a></sup><a name="top100"></a>. Se proh&iacute;be el entierro de esclavos, y si se descubre que los cofrades los hicieron pasar por sirvientes, deben pagar una multa de mil maraved&iacute;s<sup><a href="#101">101</a></sup><a name="top101"></a>.</p>     <p>Entre las oraciones y sufragios por el alma de los difuntos encontramos una gran variedad: rezar treinta veces el Padrenuestro<sup><a href="#102">102</a></sup><a name="top102"></a>; rezar el Padrenuestro y el Ave Mar&iacute;a (cinco veces<sup><a href="#103">103</a></sup><a name="top103"></a>, diez veces<sup><a href="#104">104</a></sup><a name="top104"></a>, veinte veces<sup><a href="#105">105</a></sup><a name="top105"></a>); celebrar dieciocho misas rezadas y dos cantadas por cada cofrade y su mujer<sup><a href="#106">106</a></sup><a name="top106"></a>; o una cantada y cinco rezadas por los padres de los cofrades<sup><a href="#107">107</a></sup><a name="top107"></a>; vigilia y misa cantada por parte de cada cl&eacute;rigo miembro de la cofrad&iacute;a<sup><a href="#108">108</a></sup><a name="top108"></a>; una misa cantada y doce rezadas<sup><a href="#109">109</a></sup><a name="top109"></a>; cuatro misas rezadas y una cantada por el alma de cada cofrade, debiendo pagarse setenta maraved&iacute;s a los curas y diez al sacrist&aacute;n por cada ciclo de estas misas<sup><a href="#110">110</a></sup><a name="top110"></a>; dos misas rezadas y una cantada<sup><a href="#111">111</a></sup><a name="top111"></a>. A veces se especifica que la misa cantada ha de celebrarse un d&iacute;a y las rezadas al siguiente<sup><a href="#112">112</a></sup><a name="top112"></a>.</p>     <p>En ocasiones, como en el caso de la Universidad de beneficiados de C&oacute;rdoba, el car&aacute;cter clerical del fallecido marcaba claramente una diferencia en cuanto al boato de las honras f&uacute;nebres. Si el cl&eacute;rigo en cuesti&oacute;n era beneficiado, se mandaba tocar las campanas, se celebraba un responso en su casa y posteriormente se llevaba el cad&aacute;ver a la iglesia<sup><a href="#113">113</a></sup><a name="top113"></a>. Se nombraba a otros dos cl&eacute;rigos para que, sin sobrepelliz<sup><a href="#114">114</a></sup><a name="top114"></a>, se encargaran de la organizaci&oacute;n de todos los oficios<sup><a href="#115">115</a></sup><a name="top115"></a> y oraciones varias en honor del difunto<sup><a href="#116">116</a></sup><a name="top116"></a>. Se celebraba adem&aacute;s una misa cantada y diversas misas rezadas<sup><a href="#117">117</a></sup><a name="top117"></a>. A los nueve d&iacute;as y al a&ntilde;o del fallecimiento, se celebraban las correspondientes memorias<sup><a href="#118">118</a></sup><a name="top118"></a>. Adem&aacute;s, se ordena que solamente se llevar&aacute; en hombros el cad&aacute;ver de los beneficiados<sup><a href="#119">119</a></sup><a name="top119"></a>.</p>     <p>Si el cl&eacute;rigo era menesteros<sup><a href="#120">120</a></sup><a name="top120"></a>, o el fallecido era cofrade pero no cl&eacute;rigo<sup><a href="#121">121</a></sup><a name="top121"></a>, se celebraba una vigilia y una misa cantada. Si se trataba de familiares de cl&eacute;rigos, estos hab&iacute;an de pagar cien maraved&iacute;s para la celebraci&oacute;n de la vigilia y la misa cantada<sup><a href="#122">122</a></sup><a name="top122"></a>. Para el entierro de conversos<sup><a href="#123">123</a></sup><a name="top123"></a> o de otras personas no pertenecientes a la corporaci&oacute;n, era necesario abonar el coste de los entierros y honras f&uacute;nebres, en funci&oacute;n de la tipolog&iacute;a de cada uno<sup><a href="#124">124</a></sup><a name="top124"></a>.</p>     <p>Al finalizar las honras f&uacute;nebres, a veces se acud&iacute;a a casa del difunto y se segu&iacute;a rezando all&iacute;<sup><a href="#125">125</a></sup><a name="top125"></a>. Otras, se celebraba una comida a la que cada cofrade deb&iacute;a llevar algo para compartir con los dem&aacute;s<sup><a href="#126">126</a></sup><a name="top126"></a>.</p>     <p>Todo lo que hemos enunciado se aplicaba en los casos de fallecimiento de alg&uacute;n cofrade y sus familiares, pero las cofrad&iacute;as se ocupaban tambi&eacute;n de la atenci&oacute;n a los pobres en el paso a la otra vida. En muchas de ellas encontramos la figura de uno<sup><a href="#127">127</a></sup><a name="top127"></a> o dos<sup><a href="#128">128</a></sup><a name="top128"></a> hermanos encargados de estar al tanto de los pobres y abandonados que fallec&iacute;an en la localidad, a los cuales la cofrad&iacute;a, con todos sus cofrades presentes, deb&iacute;a enterrar dignamente. Si estos fallecidos ten&iacute;an algunos bienes, a veces se estipula el cobro de dos libras de cera para hacer frente a los gastos derivados de las honras f&uacute;nebres<sup><a href="#129">129</a></sup><a name="top129"></a>. Si se sabe que el fallecido o la fallecida estaban casados o ten&iacute;an hijos, no se les entierra, salvo que sean muy pobres, caso en el que se les da un real para los gastos<sup><a href="#130">130</a></sup><a name="top130"></a>. Si el pobre ha fallecido en casa de un amigo o conocido, se averigua si este tiene cofrad&iacute;a que lo entierre; si no, se le da algo de dinero<sup><a href="#131">131</a></sup><a name="top131"></a>. Por &uacute;ltimo, si un hermano recibe en su casa a un pobre y este muere, se le entierra como cabeza menor con seis cirios, la mitad de la cera y una misa rezada<sup><a href="#132">132</a></sup><a name="top132"></a>.</p>      <p><b>3.5. Otras necesidades: doncellas, cautivos y presos</b></p>     <p>Nos ocupamos ahora de otro tipo de actividades caritativas ejercidas por las cofrad&iacute;as en la Baja Edad Media. En muchas reglas se especifica que el dinero sobrante, despu&eacute;s de haber atendido el resto de necesidades ya mencionadas, se destinar&iacute;a a casar hu&eacute;rfanas<sup><a href="#133">133</a></sup><a name="top133"></a>; o a casar hu&eacute;rfanas y redimir cautivos<sup><a href="#134">134</a></sup><a name="top134"></a>.</p>     <p>La dotaci&oacute;n de doncellas para el matrimonio constituy&oacute; una obra de caridad fundamental en algunas cofrad&iacute;as<sup><a href="#135">135</a></sup><a name="top135"></a>, habida cuenta de que la consecuci&oacute;n de una dote supon&iacute;a una verdadera obsesi&oacute;n para muchas mujeres, que hab&iacute;an sido educadas desde peque&ntilde;as para tal fin<sup><a href="#136">136</a></sup><a name="top136"></a>. El procedimiento era el siguiente: una vez que la candidata solicita la ayuda de la cofrad&iacute;a, se estudia el caso en cabildo y se investiga a la susodicha. Si se comprueba que no hay impedimentos y que cumple todos los requisitos (no est&aacute; desposada previamente, es hu&eacute;rfana y cristiana vieja), se procede a la dotaci&oacute;n, para lo cual se le da el ajuar y se la acompa&ntilde;a el d&iacute;a de la boda<sup><a href="#137">137</a></sup><a name="137"></a>. Los ajuares han de ser llevados a la iglesia mayor de la localidad y estar expuestos all&iacute; el Jueves Santo<sup><a href="#138">138</a></sup><a name="top138"></a> o el Jueves y el Viernes Santo<sup><a href="#139">139</a></sup><a name="top139"></a>. En otras ocasiones, la cofrad&iacute;a solo aporta el ajuar si la doncella es muy pobre; si no, se le ayuda con alguna alhaja<sup><a href="#140">140</a></sup><a name="top140"></a>. En &uacute;ltima instancia, las cofrad&iacute;as ayudan tambi&eacute;n a los hijos e hijas de los cofrades que se casan, prest&aacute;ndoles la caldera el d&iacute;a de la boda<sup><a href="#141">141</a></sup><a name="top141"></a>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La redenci&oacute;n de cautivos en tierras del Islam era tambi&eacute;n una misi&oacute;n importante en el seno de las cofrad&iacute;as. No olvidemos el car&aacute;cter de tierra de frontera de la regi&oacute;n andaluza durante los &uacute;ltimos siglos de la Edad Media, en una lucha constante entre ambos bandos: los cristianos y los musulmanes. Si alg&uacute;n cofrade, cl&eacute;rigo o lego, ca&iacute;a en manos de estos &uacute;ltimos, la cofrad&iacute;a acud&iacute;a a su rescate y le ayudaba econ&oacute;micamente en todo lo que hiciera falta<sup><a href="#142">142</a></sup><a name="top142"></a>.</p>     <p>Por &uacute;ltimo, las cofrad&iacute;as se ocupaban tambi&eacute;n de la atenci&oacute;n a los presos, a los que se les aplicaban las intenciones de diversos oficios<sup><a href="#143">143</a></sup><a name="top143"></a> o se les acompa&ntilde;aba en el caso de que hubieran de perecer en manos de la Justicia, pidiendo limosna para la celebraci&oacute;n de sufragios por su alma<sup><a href="#144">144</a></sup><a name="top144"></a>.</p>      <p><b>3.6. Oraciones y celebraciones varias</b></p>     <p>Por &uacute;ltimo, se&ntilde;alaremos algunas oraciones y celebraciones llevadas a cabo por las cofrad&iacute;as para rogar a Dios por diversas causas. En algunas de ellas se celebraban misas diarias con diversas intenciones: por el rey, por las cofrad&iacute;as, por los vivos y difuntos, y por los bienhechores<sup><a href="#145">145</a></sup><a name="top145"></a>. En otras, se realizaban diversas plegarias el d&iacute;a de la fiesta mayor: por el rey, por el obispo, por los cofrades vivos, por el prior, por determinadas personas y sus familias, por los cofrades difuntos y por las &Aacute;nimas del Purgatorio<sup><a href="#146">146</a></sup><a name="top146"></a>. A veces el prioste de la cofrad&iacute;a era el encargado de rezar todas las noches por vivos y difuntos<sup><a href="#147">147</a></sup><a name="top147"></a>. Por &uacute;ltimo, las corporaciones estaban obligadas a celebrar diversas remembranzas por las personas que les hab&iacute;an legado bienes<sup><a href="#148">148</a></sup><a name="top148"></a>. El mu&ntilde;idor (persona que se encargaba de avisar al resto de cofrades) deb&iacute;a llamar a los hermanos para estas celebraciones desde tres d&iacute;as antes, y se tra&iacute;a juncia o romero, en funci&oacute;n de la disponibilidad<sup><a href="#149">149</a></sup><a name="top149"></a>.</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><b>CONCLUSIONES</b></p>     <p>La actividad asistencial de las cofrad&iacute;as andaluzas en la Baja Edad Media constituy&oacute; sin duda uno de los pilares fundamentales que justificaron su aparici&oacute;n y han motivado su pervivencia hasta nuestros d&iacute;as. Conscientes de la imperiosa necesidad de ejercer la caridad con el pr&oacute;jimo de acuerdo con los mandatos evang&eacute;licos, los cofrades andaluces se apresuraron en canalizar su labor ben&eacute;fica a trav&eacute;s de las instituciones m&aacute;s puramente laicales que han existido y existen en el seno de la Iglesia. Esta ayuda no se limitaba &uacute;nicamente a los propios miembros de las corporaciones, sino que desplegaba un amplio abanico de posibilidades para atender tambi&eacute;n a cualquier persona necesitada dentro del entorno de las cofrad&iacute;as: desde la ayuda puramente material a la asistencia en la enfermedad y, sobre todo, el acompa&ntilde;amiento durante el paso a la otra vida. Podemos afirmar sin ning&uacute;n tipo de dudas que fue este el campo de acci&oacute;n m&aacute;s privilegiado, por encima de la asistencia material ante la pobreza y otras obras de caridad a las que ya nos hemos referido. Las corporaciones se ocupaban de atender a sus propios cofrades en tan duro trance, pero no solo a ellos, sino tambi&eacute;n a toda su familia: las esposas, siempre en un puesto preferente y con la misma categor&iacute;a que los propios cofrades, y despu&eacute;s todo el rango de familiares: hijos, padres, suegros e incluso personas a su servicio, como esclavos y mozos. Podemos interpretar esta supremac&iacute;a de las honras f&uacute;nebres dentro de la acci&oacute;n social de las cofrad&iacute;as como un reflejo de la realidad vivida en la &eacute;poca de la que nos estamos ocupando: la muerte era una compa&ntilde;era habitual en las vidas -valga la redundancia- de las personas. Hab&iacute;an de convivir necesariamente con ella, pues la esperanza de vida no era realmente muy elevada, debido a la profusi&oacute;n de diversas enfermedades y a la insalubridad presente en las ciudades. Y, siendo realistas, es l&oacute;gico pensar que este campo fuera el predilecto de las corporaciones, pues aunque muchas no descuidaran la asistencia al gran n&uacute;mero de pobres que las rodeaban, lo m&aacute;s probable era que la muerte llamara pronto a la puerta de cualquier persona cuyas condiciones de vida no fueran m&iacute;nimamente dignas. El entierro de los muertos era igualmente una de las obras de misericordia corporales, y rogar por ellos otra obra de misericordia espiritual, por lo que es f&aacute;cil atisbar que, en la pr&aacute;ctica de estas acciones virtuosas, los cofrades se decantaran por las que sin duda eran las m&aacute;s necesarias habida cuenta de la realidad social en que viv&iacute;an. No obstante, ya hemos destacado que tambi&eacute;n practicaban otras, preferentemente: dar de comer a los hambrientos y visitar a enfermos y encarcelados, entre las corporales; consolar al que lo necesita, sobre todo en la enfermedad, y perdonar al que yerra, entre las espirituales. Todo ello sin menoscabo de todas las pr&aacute;cticas que no quedan recogidas en la documentaci&oacute;n por nosotros estudiada.</p>     <p>En definitiva, creemos haber aportado un buen bot&oacute;n de muestra que nos ilustra c&oacute;mo viv&iacute;a la sociedad andaluza bajomedieval el mandato de amor y caridad predicado por Jes&uacute;s de Nazaret muchos siglos antes.</p>      <p>&nbsp;</p>     <p><b>FUENTES ESCRITAS</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Como se ha indicado a lo largo del trabajo, el sustento documental del presente art&iacute;culo se ha basado en un corpus de reglas de hermandades y cofrad&iacute;as andaluzas de los siglos XIV, XV y XVI recopiladas en:</p>     <p>S&Aacute;NCHEZ HERRERO, Jos&eacute; (Dir.) y P&Eacute;REZ GONZ&Aacute;LEZ, Silvia M&ordf; (Coord.) -<i>CXIX Reglas de Hermandades y Cofrad&iacute;as andaluzas. Siglos XIV, XV y XVI</i>. Huelva: Universidad de Huelva, 2002. ISBN: 84-95699-34-6.</p>     <p>A lo largo del trabajo ya hemos hecho referencia a las reglas concretas utilizadas. No volvemos a repetirlas aqu&iacute; por cuestiones espaciales.</p>      <p>&nbsp;</p>     <p><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS COMPLETAS</b></p>     <!-- ref --><p>ARBOLEDA GOLDARACENA, Juan Carlos - "Contrarreforma y religiosidad popular en Andaluc&iacute;a: cofrad&iacute;as y devoci&oacute;n mariana". En: <i>Tiempos modernos: revista electr&oacute;nica de Historia Moderna</i>, vol. 7, n&ordm;20, (2010). ISSN: 1699-7778.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000078&pid=S1646-740X201300020000300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>ARBOLEDA GOLDARACENA, Juan Carlos - "El gobierno de las hermandades y cofrad&iacute;as andaluzas en la Baja Edad Media". En:VV.AA. (Eds.) - <i>Mundos medievales: espacios, sociedades y poder. Homenaje al Profesor Jos&eacute; &Aacute;ngel Garc&iacute;a de Cort&aacute;zar</i>. Santander: Universidad de Cantabria-Fundaci&oacute;n Marcelino Bot&iacute;n-Instituto de Estudios Riojanos, 2012,  vol. 2, pp. 1005-1014. ISBN: 978-84-8102-649-8.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000080&pid=S1646-740X201300020000300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>CARMONA GARC&Iacute;A, Juan Ignacio - <i>El sistema de la hospitalidad p&uacute;blica en la Sevilla del Antiguo R&eacute;gimen</i>. Sevilla: Diputaci&oacute;n Provincial, 1979. ISBN: 84-500-3472-8.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000082&pid=S1646-740X201300020000300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>CARMONA GARC&Iacute;A, Juan Ignacio - <i>El extenso mundo de la pobreza: la otra cara de la Sevilla imperial</i>. Sevilla: Ayto. de Sevilla, 1993. ISBN 84-86810-30-2.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000084&pid=S1646-740X201300020000300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>CARMONA GARC&Iacute;A, Juan Ignacio - <i>Las redes asistenciales en la Sevilla del Renacimiento</i>. Sevilla: Universidad, 2009. ISBN:  978-84-472-1180-7.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000086&pid=S1646-740X201300020000300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>D&Iacute;EZ DE VELASCO, Francisco - <i>Teor&iacute;as y metodolog&iacute;as para el estudio de las religiones</i>. Recurso online. Disponible en: <a href="http://webpages.ull.es/users/fradive/masterupo/index.html" target="_blank">http://webpages.ull.es/users/fradive/masterupo/index.html</a> [&Uacute;ltima consulta: 19/2/2012]&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000088&pid=S1646-740X201300020000300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>GEMEREK, Bronislaw - "L'emarginato". En LE GOFF, Jacques (Ed.) - <i>L'uomo medievale</i>. Roma: Laterza, 1987, pp. 391-421. ISBN: 978-88-420-4197-9.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S1646-740X201300020000300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>LABOA GALLEGO, Juan M&ordf; - <i>Los laicos en la Iglesia</i>. Madrid: BAC, 2003. ISBN: 84-7914-662-1.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S1646-740X201300020000300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>LABOA GALLEGO, Juan M&ordf; - <i>Por sus frutos los conocer&eacute;is. Historia de la caridad en la Iglesia<b>. </b></i>Madrid: San Pablo, 2011. ISBN: 978-84-285-3887-9.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S1646-740X201300020000300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>L&Oacute;PEZ GUTI&Eacute;RREZ, Antonio J. y RODR&Iacute;GUEZ MATEOS, Joaqu&iacute;n - <i>Los archivos de las hermandades religiosas. Manual de organizaci&oacute;n de fondos</i>. Sevilla: G.E.A., 1993. ISBN 84-604-5659-5.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S1646-740X201300020000300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>L&Oacute;PEZ GUTI&Eacute;RREZ, Antonio J. y RODR&Iacute;GUEZ MATEOS, Joaqu&iacute;n -<i> Archivos y documentos en las hermandades sevillanas</i>. Sevilla: Castillejo, 2000. ISBN: 84-8058-137-9.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S1646-740X201300020000300011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>MU&Ntilde;OZ FERN&Aacute;NDEZ, &Aacute;ngela - "Las mujeres en los &aacute;mbitos institucionales de la religiosidad laica: las cofrad&iacute;as devocionales castellanas". En: MU&Ntilde;OZ FERN&Aacute;NDEZ, &Aacute;ngela y GRA&Ntilde;A CID, M&ordf; del Mar - <i>Religiosidad femenina: expectativas y realidades (ss. VIII-XVIII)</i>. Madrid: Al-Mudayna, 1991, pp. 93-114. ISBN: 84-87090-05-2.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S1646-740X201300020000300012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>P&Eacute;REZ GONZ&Aacute;LEZ, Silvia Maria - <i>Los laicos en la Sevilla bajomedieval: sus devociones y cofrad&iacute;as</i>. Huelva: Universidad, 2005. ISBN: 84-96373-61-4.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S1646-740X201300020000300013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>P&Eacute;REZ GONZ&Aacute;LEZ, Silvia Mar&iacute;a - <i>La mujer en la Sevilla de finales de la Edad Media. Solteras, casadas y v&iacute;rgenes consagradas</i>. Sevilla: Universidad, 2005. ISBN: 84-472-0878-8.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S1646-740X201300020000300014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>P&Eacute;REZ GONZ&Aacute;LEZ, Silvia Maria - "Aspectos socio-caritativos de las Cofrad&iacute;as de la Cruz andaluzas (siglos XV y XVI)". En: <i>Actas del IV Congreso Internacional de Hermandades y Cofrad&iacute;as de la Vera Cruz</i>. Zamora, 2008, pp. 717-738. ISBN: 84-96100-38-3.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S1646-740X201300020000300015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>P&Eacute;REZ GONZ&Aacute;LEZ, Silvia Mar&iacute;a - "De la tipificaci&oacute;n a la realidad documentada: las jerezanas a fines de la Edad Media (1392-1505)". En: MIURA ANDRADES, Jos&eacute; Mar&iacute;a y P&Eacute;REZ GONZ&Aacute;LEZ, Silvia Mar&iacute;a (Dirs.) - <i>Religiosidad sevillana. Homenaje el profesor Jos&eacute; S&aacute;nchez Herrero</i>. Sevilla: Aconcagua, 2012, pp. 421-452. ISBN: 978-84-96178-67-0.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S1646-740X201300020000300016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>S&Aacute;NCHEZ DOM&Iacute;NGUEZ, Paloma - <i>Mujeres y cofrad&iacute;as en M&aacute;laga</i>. M&aacute;laga: Arguval, 2003. ISBN: 84-95948-34-6.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S1646-740X201300020000300017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>S&Aacute;NCHEZ HERRERO, Jos&eacute; - <i>Las di&oacute;cesis del reino de Le&oacute;n. Siglos XIV y XV.</i> Le&oacute;n: Centro de Estudios e Investigaci&oacute;n "San Isidoro", 1978. ISBN: 84-00-03796-0.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S1646-740X201300020000300018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>S&Aacute;NCHEZ HERRERO, Jos&eacute; - "Las cofrad&iacute;as sevillanas. Los comienzos". En: S&Aacute;NCHEZ HERRERO, Jos&eacute; <i>et al.</i> (eds.) - <i>Las cofrad&iacute;as de Sevilla: historia, antropolog&iacute;a, arte</i>. Sevilla: Universidad, 1985, pp. 9-34. ISBN<b>:</b> 84-472-0511-8.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S1646-740X201300020000300019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>S&Aacute;NCHEZ HERRERO, Jos&eacute; - "Las cofrad&iacute;as de Semana Santa de Sevilla durante la modernidad. Siglos XV a XVII". En: S&Aacute;NCHEZ MANTERO, Rafael <i>et al.</i> (eds.) - <i>Las cofrad&iacute;as de Sevilla en la modernidad</i>. Sevilla: Universidad, 1988, pp. 27-88. ISBN: 84-472-0509-6.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S1646-740X201300020000300020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>S&Aacute;NCHEZ HERRERO, Jos&eacute; - "Los a&ntilde;os refundacionales del Cristianismo en la ciudad y di&oacute;cesis de Sevilla, 1248-1286". En: ROS, Carlos (Dir.) - <i>Historia de la Iglesia de Sevilla</i>. Sevilla: Castillejo, 1992, pp. 103-166. ISBN: 84-8058-005-4.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S1646-740X201300020000300021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p>S&Aacute;NCHEZ HERRERO, Jos&eacute; - "El origen de las cofrad&iacute;as penitenciales". En: VV.AA. (Eds.) - <i>Sevilla Penitente</i>. Sevilla: Gever, 1995, tomo I, pp. 13-55. ISBN: 84-88566-32-8.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S1646-740X201300020000300022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>S&Aacute;NCHEZ HERRERO, Jos&eacute; - "El origen de las cofrad&iacute;as de Semana Santa o de Pasi&oacute;n en la Pen&iacute;nsula Ib&eacute;rica". En: <i>Temas Medievales</i>. Buenos Aires. N&ordm; 6, (1996), pp. 31-79. ISSN<b>:</b> 0327-5094.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S1646-740X201300020000300023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>S&Aacute;NCHEZ HERRERO, Jos&eacute; - "La acci&oacute;n ben&eacute;fica de las cofrad&iacute;as durante los siglos XIV al XVII: la redenci&oacute;n de cautivos y la dotaci&oacute;n de doncellas para el matrimonio". En: CAMPOS Y FERN&Aacute;NDEZ DE SEVILLA, Francisco Javier - <i>Religiosidad Popular en Espa&ntilde;a. Actas del Simposium (I).</i> San Lorenzo del Escorial: Real Centro Universitario Escorial, 1997, pp. 163-191. ISBN: 84-89942-00-5.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S1646-740X201300020000300024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>S&Aacute;NCHEZ HERRERO, Jos&eacute; - "Piedad y artes pl&aacute;sticas. La devoci&oacute;n a la Preciosa Sangre de Cristo durante los siglos XIII a los primeros a&ntilde;os del XVI y su influencia en las manifestaciones art&iacute;sticas". En:<i> Actas do Col&oacute;quio Internacional: Piedade popular. Sociabilidades-Representa&ccedil;&otilde;es-Espiritualidades.</i> Lisboa: Terramar, 1999, pp. 411-432. ISBN: 972-710-253-0.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S1646-740X201300020000300025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>S&Aacute;NCHEZ HERRERO, Jos&eacute; - <i>La Semana Santa de Sevilla</i>. Madrid: S&iacute;lex, 2003. ISBN: 978-84-7737-120-5.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S1646-740X201300020000300026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>S&Aacute;NCHEZ HERRERO, Jos&eacute; - "Apuntes para un manual de Historia de la Iglesia medieval, siglos V al XV". En: <i>Historia, Instituciones, Documentos</i>. N&ordm; 31, (2004), pp. 645-658. ISSN: 0210-7716.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S1646-740X201300020000300027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>S&Aacute;NCHEZ HERRERO, Jos&eacute; - "La evoluci&oacute;n de las hermandades y cofrad&iacute;as desde sus momentos fundacionales hasta nuestros d&iacute;as". En: <i>Consejo General de Hermandades y Cofrad&iacute;as de la Ciudad de Sevilla</i>. Recurso online. Disponible en: <a href="http://www.hermandades-de-sevilla.org/hermandades/historiahermandades.htm" target="_blank">http://www.hermandades-de-sevilla.org/hermandades/historiahermandades.htm</a> [&Uacute;ltima consulta: 19/2/2012].    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S1646-740X201300020000300028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>S&Aacute;NCHEZ HERRERO, Jos&eacute; y P&Eacute;REZ GONZ&Aacute;LEZ, Silvia Maria - "La Cofrad&iacute;a de la Preciosa Sangre de Cristo de Sevilla. La importancia de la devoci&oacute;n a la Preciosa Sangre de Cristo en el desarrollo de la devoci&oacute;n y la imaginer&iacute;a de la Semana Santa". En: <i>Arag&oacute;n en la Edad Media. Homenaje a la profesora Carmen Orc&aacute;stegui Gros</i>. Zaragoza. N&ordm; XIV-XV, (1999), pp. 1429-1452. ISSN<b>:</b> 0213-2486.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S1646-740X201300020000300029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>S&Aacute;NCHEZ HERRERO, Jos&eacute; (Dir.) y P&Eacute;REZ GONZ&Aacute;LEZ, Silvia Maria (Coord.) -<i>CXIX Reglas de Hermandades y Cofrad&iacute;as andaluzas. Siglos XIV, XV y XVI</i>. Huelva: Universidad de Huelva, 2002. ISBN: 84-95699-34-6.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S1646-740X201300020000300030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p><i>The Confraternities Collection</i>. Recurso en l&iacute;nea. Disponible en: <a href="http://www.crrs.ca/Confraternitas/collect.htm" target="_blank">http://www.crrs.ca/Confraternitas/collect.htm</a> [&Uacute;ltima consulta: 20/3/2013].    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S1646-740X201300020000300031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <p>&nbsp;</p>     <p><b>COMO CITAR ESTE ARTIGO </b></p>     <p><b>Refer&ecirc;ncia electr&oacute;nica:</b></p>     <!-- ref --><p>ARBOLEDA GOLDARACENA, Juan Carlos – “La caridad en la historia del cristianismo: algunas manifestaciones en la Andalucia bajomedieval”. <i>Medievalista</i> [Em linha]. N&ordm;14, (Julho - Dezembro 2013). [Consultado dd.mm.aaaa]. Dispon&iacute;vel em <a href="http://www2.fcsh.unl.pt/iem/medievalista/MEDIEVALISTA14/goldaracena1403.html" target="_blank">http://www2.fcsh.unl.pt/iem/medievalista/MEDIEVALISTA14/goldaracena1403.html</a>.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S1646-740X201300020000300032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <p>&nbsp;</p>     <p><b>Notas</b></p>      <p><Sup><a name="1"></a><a href="#top1">1</a></Sup> Nos referiremos en la totalidad de este trabajo a esta rama del cristianismo.</p>       <p><sup><a name="2"></a><a href="#top2">2</a></sup> Para una reflexi&oacute;n m&aacute;s profunda en torno a esta idea, v&eacute;ase: LABOA GALLEGO, Juan M&ordf; - <i>Por sus frutos los conocer&eacute;is. Historia de la caridad en la Iglesia<b>. </b></i>Madrid: San Pablo, 2011. ISBN: 978-84-285-3887-9, pp. 5-10.</p>       <p><sup><a name="3"></a><a href="#top3">3</a></sup> Una obra fundamental para abordar este tema es: LABOA GALLEGO, Juan M&ordf; - <i>Los laicos en la Iglesia</i>. Madrid: BAC, 2003. ISBN: 84-7914-662-1.</p>       <p><sup><a name="4"></a><a href="#top4">4</a></sup> LABOA GALLEGO, Juan M&ordf; - <i>Por sus frutos los conocer&eacute;is...</i>, ob. cit.</p>       <p><Sup><a name="5"></a><a href="#top5">5</a></Sup> D&Iacute;EZ DE VELASCO, Francisco - <i>Teor&iacute;as y metodolog&iacute;as para el estudio de las religiones</i>. Recurso online. Disponible en: <a href="http://webpages.ull.es/users/fradive/masterupo/index.html"target="_blank">http://webpages.ull.es/users/fradive/masterupo/index.html</a> [&Uacute;ltima consulta: 19/2/2012]</p>       <p><Sup><a name="6"></a><a href="#top6">6</a></Sup> S&Aacute;NCHEZ HERRERO, Jos&eacute; - "Apuntes para un manual de Historia de la Iglesia medieval, siglos V al XV". En: <i>Historia, Instituciones, Documentos</i>. N&ordm; 31, (2004), pp. 645-658. ISSN: 0210-7716.</p>       <p><Sup><a name="7"></a><a href="#top7">7</a></Sup> Para el estudio de su surgimiento y evoluci&oacute;n en Andaluc&iacute;a, es necesario acudir a las obras del profesor Jos&eacute; S&aacute;nchez Herrero. Entre las muchas que ha escrito, solo o en colaboraci&oacute;n con otros autores, destacamos algunas: S&Aacute;NCHEZ HERRERO, Jos&eacute; - <i>La Semana Santa de Sevilla</i>. Madrid: S&iacute;lex, 2003. ISBN: 978-84-7737-120-5;  "El origen de las cofrad&iacute;as de Semana Santa o de Pasi&oacute;n en la Pen&iacute;nsula Ib&eacute;rica". En: <i>Temas Medievales</i>. Buenos Aires. N&ordm; 6, (1996), pp. 31-79. ISSN<b>:</b> 0327-5094; "El origen de las cofrad&iacute;as penitenciales". En: VV.AA. (Eds.) - <i>Sevilla Penitente</i>. Sevilla: Gever, 1995, tomo I, pp. 13-55. ISBN: 84-88566-32-8; "Las cofrad&iacute;as de Semana Santa de Sevilla durante la modernidad. Siglos XV a XVII". En: S&Aacute;NCHEZ MANTERO, Rafael <i>et al.</i> (eds.) - <i>Las cofrad&iacute;as de Sevilla en la modernidad</i>. Sevilla: Universidad, 1988, pp. 27-88. ISBN: 84-472-0509-6; "Las cofrad&iacute;as sevillanas. Los comienzos". En: S&Aacute;NCHEZ HERRERO, Jos&eacute; <i>et al.</i> (eds.) - <i>Las cofrad&iacute;as de Sevilla: historia, antropolog&iacute;a, arte</i>. Sevilla: Universidad, 1985, pp. 9-34. ISBN<b>:</b> 84-472-0511-8; "La evoluci&oacute;n de las hermandades y cofrad&iacute;as desde sus momentos fundacionales hasta nuestros d&iacute;as". En: <i>Consejo General de Hermandades y Cofrad&iacute;as de la Ciudad de Sevilla</i>. Recurso online. Disponible en: <a href="http://www.hermandades-de-sevilla.org/hermandades/historiahermandades.htm"target="_blank">http://www.hermandades-de-sevilla.org/hermandades/historiahermandades.htm</a> [&Uacute;ltima consulta: 19/2/2012]; "Piedad y artes pl&aacute;sticas. La devoci&oacute;n a la Preciosa Sangre de Cristo durante los siglos XIII a los primeros a&ntilde;os del XVI y su influencia en las manifestaciones art&iacute;sticas". En:<i> Actas do Col&oacute;quio Internacional: Piedade popular. Sociabilidades-Representa&ccedil;&otilde;es-Espiritualidades.</i> Lisboa: Terramar, 1999, pp. 411-432. ISBN: 972-710-253-0; S&Aacute;NCHEZ HERRERO, Jos&eacute; y P&Eacute;REZ GONZ&Aacute;LEZ, Silvia M&ordf; - "La Cofrad&iacute;a de la Preciosa Sangre de Cristo de Sevilla. La importancia de la devoci&oacute;n a la Preciosa Sangre de Cristo en el desarrollo de la devoci&oacute;n y la imaginer&iacute;a de la Semana Santa". En: <i>Arag&oacute;n en la Edad Media. Homenaje a la profesora Carmen Orc&aacute;stegui Gros</i>. Zaragoza. N&ordm; XIV-XV, (1999), pp. 1429-1452. ISSN<b>:</b> 0213-2486. Las conclusiones del Dr. S&aacute;nchez Herrero, aun cuando en ocasiones se refieren al caso de Sevilla, pueden aplicarse al resto de lugares de la Pen&iacute;nsula, como &eacute;l mismo refiere.</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p><Sup><a name="8"></a><a href="#top8">8</a></Sup> Un antecedente directo de nuestro estudio es el de la Dra. Silvia Mar&iacute;a P&eacute;rez Gonz&aacute;lez: P&Eacute;REZ GONZ&Aacute;LEZ, Silvia Mar&iacute;a - "Aspectos socio-caritativos de las Cofrad&iacute;as de la Cruz andaluzas (siglos XV y XVI)". En: <i>Actas del IV Congreso Internacional de Hermandades y Cofrad&iacute;as de la Vera Cruz</i>, Zamora, 2008, pp. 717-738. ISBN: 84-96100-38-3.</p>       <p><Sup><a name="9"></a><a href="#top9">9</a></Sup> "HUM686-Centros de estudio e investigaci&oacute;n de la religiosidad andaluza", adscrito primeramente a la Universidad de Sevilla y actualmente al &Aacute;rea de Historia Medieval de la Universidad Pablo de Olavide.</p>       <p><Sup><a name="10"></a><a href="#top10">10</a></Sup> Ver nota 7.</p>       <p><Sup><a name="11"></a><a href="#top11">11</a></Sup> A modo de ejemplo, y aunque la tem&aacute;tica de su trabajo se centre en la mujer, la Dra. &Aacute;ngela Mu&ntilde;oz Fern&aacute;ndez describe un panorama general de lo que eran las cofrad&iacute;as castellanas durante los siglos XV y XVI: MU&Ntilde;OZ FERN&Aacute;NDEZ, &Aacute;ngela - "Las mujeres en los &aacute;mbitos institucionales de la religiosidad laica: las cofrad&iacute;as devocionales castellanas". En: MU&Ntilde;OZ FERN&Aacute;NDEZ, &Aacute;ngela y GRA&Ntilde;A CID, M&ordf; del Mar - <i>Religiosidad femenina: expectativas y realidades (ss. VIII-XVIII)</i>. Madrid: Al-Mudayna, 1991, pp. 93-114. ISBN: 84-87090-05-2.</p>       <p><Sup><a name="12"></a><a href="#top12">12</a></Sup> <i>The Confraternities Collection</i>. Recurso en l&iacute;nea. Disponible en: <a href="http://www.crrs.ca/Confraternitas/collect.htm"target="_blank">http://www.crrs.ca/Confraternitas/collect.htm</a> [&Uacute;ltima consulta: 20/3/2013].</p>       <p><Sup><a name="13"></a><a href="#top13">13</a></Sup> Para una mayor profundizaci&oacute;n en la conservaci&oacute;n de este tipo de documentaci&oacute;n, puede consultarse la siguiente obra: L&Oacute;PEZ GUTI&Eacute;RREZ, Antonio J. y RODR&Iacute;GUEZ MATEOS, Joaqu&iacute;n - <i>Los archivos de las hermandades religiosas. Manual de organizaci&oacute;n de fondos</i>. Sevilla: G.E.A., 1993. ISBN 84-604-5659-5.</p>       <p><Sup><a name="14"></a><a href="#top14">14</a></Sup> IDEM - <i>Archivos y documentos en las hermandades sevillanas</i>. Sevilla: Castillejo, 2000, p.16. ISBN: 84-8058-137-9.</p>       <p><Sup><a name="15"></a><a href="#top15">15</a></Sup> Todas pueden encontrarse en: S&Aacute;NCHEZ HERRERO, Jos&eacute; (Dir.) y P&Eacute;REZ GONZ&Aacute;LEZ, Silvia M&ordf; (Coord.) -<i>CXIX Reglas de Hermandades y Cofrad&iacute;as andaluzas. Siglos XIV, XV y XVI</i>. Huelva: Universidad de Huelva, 2002. ISBN: 84-95699-34-6.</p>       <p><Sup><a name="16"></a><a href="#top16">16</a></Sup> ARBOLEDA GOLDARACENA, Juan Carlos - "Contrarreforma y religiosidad popular en Andaluc&iacute;a: cofrad&iacute;as y devoci&oacute;n mariana". En: <i>Tiempos modernos: revista electr&oacute;nica de Historia Moderna</i>, vol. 7, n&ordm;20, (2010). ISSN: 1699-7778.</p>       <p><Sup><a name="17"></a><a href="#top17">17</a></Sup> "I. <i>Hermandad y Hospital de Peregrinos de Nuestra Se&ntilde;ora del Pilar</i> (Sevilla, 1336)". Hermandad benefactora.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>"II. <i>Hermandad del Hospital del Salvador o de la Misericordia</i> (Sevilla, 1349, 1390)". Hermandad benefactora.</p>     <p>"III. <i>Hermandad y Cofrad&iacute;a de San Pedro Ap&oacute;stol y M&aacute;rtir o de los correeros o guarnicioneros</i> (Sevilla, hacia 1450)". Cofrad&iacute;a profesional.</p>     <p>"IV. <i>Hermandad de la Santa Casa de la Misericordia</i> (Sevilla, 1476, 1518)". Hermandad benefactora.</p>       <p><sup><a name="18"></a><a href="#top18">18</a></sup> "XXXVII. <i>Hermandad de la Misericordia </i>(Alcal&aacute; del R&iacute;o, 1515)". Hermandad benefactora.</p>       <p><sup><a name="19"></a><a href="#top19">19</a></sup> "XLI. <i>Hermandad y Cofrad&iacute;a de San Blas</i> (Carmona, 1353)". Hermandad devocional.</p>       <p><Sup><a name="20"></a><a href="#top20">20</a></Sup> "LII. <i>Hermandad y Cofrad&iacute;a de la Santa Vera Cruz</i> (&Eacute;cija, 1519-1520)". Cofrad&iacute;a de Semana Santa o Pasi&oacute;n.</p>       <p><Sup><a name="21"></a><a href="#top21">21</a></Sup> "LXXXII. <i>Hermandad y Cofrad&iacute;a de la Sant&iacute;sima Trinidad</i> (Salteras, 1438)". Hermandad devocional.</p>       <p><Sup><a name="22"></a><a href="#top22">22</a></Sup> "CVIII. <i>Hermandad y Cofrad&iacute;a de la Santa Caridad y Misericordia</i> (Niebla, 1495, 1519)". Hermandad benefactora.</p>       <p><Sup><a name="23"></a><a href="#top23">23</a></Sup> "LXXXV. <i>Universidad de cl&eacute;rigos beneficiados parroquiales de C&oacute;rdoba y Cofrad&iacute;a unida a dicha Universidad, compuesta de cl&eacute;rigos y laicos, hombres y mujeres</i> (Siglos XIV-XV)". Cofrad&iacute;a de cl&eacute;rigos.</p>       <p><Sup><a name="24"></a><a href="#top24">24</a></Sup> "XCV. <i>Cofrad&iacute;a de Santa Mar&iacute;a</i> (Palma del R&iacute;o, C&oacute;rdoba, Siglo XIV)". Cofrad&iacute;a devocional.</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p><Sup><a name="25"></a><a href="#top25">25</a></Sup> "CIX. <i>Cofrad&iacute;a de Santa Mar&iacute;a Magdalena</i> (Ja&eacute;n, 1514)". Cofrad&iacute;a devocional.</p>       <p><Sup><a name="26"></a><a href="#top26">26</a></Sup> "CXVII. <i>Cofrad&iacute;a de la Santa Caridad y Misericordia de Nuestro Se&ntilde;or Jesucristo</i> (Ronda, 1500)". Cofrad&iacute;a benefactora.</p>       <p><Sup><a name="27"></a><a href="#top27">27</a></Sup> S&Aacute;NCHEZ HERRERO, Jos&eacute; - <i>Las di&oacute;cesis del reino de Le&oacute;n. Siglos XIV y XV.</i> Le&oacute;n: Centro de Estudios e Investigaci&oacute;n "San Isidoro", 1978, pp. 382-392. ISBN: 84-00-03796-0. P&Eacute;REZ GONZ&Aacute;LEZ, Silvia M&ordf; - <i>Los laicos en la Sevilla bajomedieval: sus devociones y cofrad&iacute;as</i>. Huelva: Universidad, 2005, pp. 123-132. ISBN: 84-96373-61-4.</p>       <p><Sup><a name="28"></a><a href="#top28">28</a></Sup> S&Aacute;NCHEZ HERRERO, Jos&eacute; - "La evoluci&oacute;n de las hermandades...", ob. cit.</p>       <p><Sup><a name="29"></a><a href="#top29">29</a></Sup> III, 1.</p>       <p><Sup><a name="30"></a><a href="#top30">30</a></Sup> IV, 1. Tres textos casi id&eacute;nticos se recogen en: XXXVII, 1; CVIII, 1; CXVII, 1.</p>       <p><Sup><a name="31"></a><a href="#top31">31</a></Sup> P&Eacute;REZ GONZ&Aacute;LEZ, Silvia M&ordf; - <i>Los laicos ..., </i>ob.cit., p.151-168; IDEM: "Aspectos socio-caritativos de las Cofrad&iacute;as de la Cruz...”, ob.cit.</p>       <p><Sup><a name="32"></a><a href="#top32">32</a></Sup> IV, 13; CVIII, 13.</p>       <p><Sup><a name="33"></a><a href="#top33">33</a></Sup> LII, 23.</p>       <p><Sup><a name="34"></a><a href="#top34">34</a></Sup> LXXXV, 109.</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p><Sup><a name="35"></a><a href="#top35">35</a></Sup> XXXVII, 6; CXVII, 6.</p>       <p><Sup><a name="36"></a><a href="#top36">36</a></Sup> XXXVII, 7.</p>       <p><Sup><a name="37"></a><a href="#top37">37</a></Sup> Para un an&aacute;lisis m&aacute;s exhaustivo de los puestos de gobierno y control en el seno de las cofrad&iacute;as andaluzas bajomedievales, puede consultarse: ARBOLEDA GOLDARACENA, Juan Carlos - "El gobierno de las hermandades y cofrad&iacute;as andaluzas en la Baja Edad Media". En:VV.AA. (Eds.) - <i>Mundos medievales: espacios, sociedades y poder. Homenaje al Profesor Jos&eacute; &Aacute;ngel Garc&iacute;a de Cort&aacute;zar</i>. Santander: Universidad de Cantabria-Fundaci&oacute;n Marcelino Bot&iacute;n-Instituto de Estudios Riojanos, 2012, vol. 2, pp. 1005-1014. ISBN: 978-84-8102-649-8.</p>       <p><Sup><a name="38"></a><a href="#top38">38</a></Sup> XXXVII, 7; CXVII, 7.</p>       <p><Sup><a name="39"></a><a href="#top39">39</a></Sup> IV, 37.</p>       <p><Sup><a name="40"></a><a href="#top40">40</a></Sup>00 IV, 6; XLI, 12; LXXXII, 7; CVIII, 6; CIX, 29.</p>       <p><Sup><a name="41"></a><a href="#top41">41</a></Sup> III, 12.</p>       <p><Sup><a name="42"></a><a href="#top42">42</a></Sup> I, 3.</p>       <p><Sup><a name="43"></a><a href="#top43">43</a></Sup> Para ampliar este aspecto (en el &aacute;mbito europeo en general y el andaluz en particular), recomendamos dos obras fundamentales: CARMONA GARC&Iacute;A, Juan Ignacio - <i>El extenso mundo de la pobreza: la otra cara de la Sevilla imperial</i>. Sevilla: Ayto. de Sevilla, 1993. ISBN 84-86810-30-2; GEMEREK, Bronislaw - "L'emarginato". En LE GOFF, Jacques (Ed.) - <i>L'uomo medievale</i>. Roma: Laterza, 1987, pp. 391-421. ISBN: 978-88-420-4197-9.</p>       <p><a title="" href="#_ftnref44">[44]</a> LXXXII, 4.</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p><Sup><a name="44"></a><a href="#top44">44</a></Sup> XXXVII, 3; CXVII, 3.</p>       <p><Sup><a name="46"></a><a href="#top46">46</a></Sup> XCV, 9.</p>       <p><Sup><a name="47"></a><a href="#top47">47</a></Sup> III, 12.</p>       <p><Sup><a name="48"></a><a href="#top48">48</a></Sup> IV, 37.</p>       <p><Sup><a name="49"></a><a href="#top49">49</a></Sup> LXXXV, 7.</p>       <p><Sup><a name="50"></a><a href="#top50">50</a></Sup> Para un estudio m&aacute;s exhaustivo pueden consultarse las siguientes referencias: CARMONA GARC&Iacute;A, Juan Ignacio - <i>El sistema de la hospitalidad p&uacute;blica en la Sevilla del Antiguo R&eacute;gimen</i>. Sevilla: Diputaci&oacute;n Provincial, 1979. ISBN: 84-500-3472-8; IDEM: <i>Las redes asistenciales en la Sevilla del Renacimiento</i>. Sevilla: Universidad, 2009. ISBN: 978-84-472-1180-7; P&Eacute;REZ GONZ&Aacute;LEZ, Silvia M&ordf; - "Aspectos socio-caritativos...”, ob. cit; IDEM - <i>Los laicos</i>..., ob.cit., pp. 180-190.</p>       <p><Sup><a name="51"></a><a href="#top51">51</a></Sup> "II. <i>Hermandad del Hospital del Salvador o de la Misericordia</i> (Sevilla, 1349, 1390)".</p>       <p><Sup><a name="52"></a><a href="#top52">52</a></Sup> II, 3.</p>       <p><Sup><a name="53"></a><a href="#top53">53</a></Sup> II, 5.</p>       <p><Sup><a name="54"></a><a href="#top54">54</a></Sup> II, 6.</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p><Sup><a name="55"></a><a href="#top55">55</a></Sup> II, 11.</p>       <p><Sup><a name="56"></a><a href="#top56">56</a></Sup> S&Aacute;NCHEZ DOM&Iacute;NGUEZ, Paloma - <i>Mujeres y cofrad&iacute;as en M&aacute;laga</i>. M&aacute;laga: Arguval, 2003, p. 31. ISBN: 84-95948-34-6.</p>       <p><Sup><a name="57"></a><a href="#top57">57</a></Sup> III, 63.</p>       <p><Sup><a name="58"></a><a href="#top58">58</a></Sup> XXXVII, 30.</p>       <p><Sup><a name="59"></a><a href="#top59">59</a></Sup> XLI, 7.</p>       <p><Sup><a name="60"></a><a href="#top60">60</a></Sup> LXXXII, 6.</p>       <p><Sup><a name="61"></a><a href="#top61">61</a></Sup> LII, 18.</p>       <p><Sup><a name="62"></a><a href="#top62">62</a></Sup> LXXXV, 29.</p>       <p><Sup><a name="63"></a><a href="#top63">63</a></Sup> IV, 18.</p>       <p><Sup><a name="64"></a><a href="#top64">64</a></Sup> XLI, 12.</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p><Sup><a name="65"></a><a href="#top65">65</a></Sup> LXXXV, 27.</p>       <p><Sup><a name="66"></a><a href="#top66">66</a></Sup> I, 5; II, 8; III, 24; IV, 19; XXXVII, 17; XLI, 19; LII, 13; LXXXII, 4; CVIII, 21; CXVII, 21.</p>       <p><Sup><a name="67"></a><a href="#top67">67</a></Sup> IV, 25.</p>       <p><Sup><a name="68"></a><a href="#top68">68</a></Sup> I, 14.</p>       <p><Sup><a name="69"></a><a href="#top69">69</a></Sup> XXXVII, 42.</p>       <p><Sup><a name="70"></a><a href="#top70">70</a></Sup> III, 29.</p>       <p><Sup><a name="71"></a><a href="#top71">71</a></Sup> LII, 18.</p>       <p><Sup><a name="72"></a><a href="#top72">72</a></Sup> CIX, 12.</p>       <p><Sup><a name="73"></a><a href="#top73">73</a></Sup> XLI, 11.</p>       <p><Sup><a name="74"></a><a href="#top74">74</a></Sup> XCV, 2.</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p><Sup><a name="75"></a><a href="#top75">75</a></Sup> LXXXII, 4.</p>       <p><Sup><a name="76"></a><a href="#top76">76</a></Sup> XXXVII, 22; CXVII, 35.</p>       <p><Sup><a name="77"></a><a href="#top77">77</a></Sup> XXXVII, 23.</p>       <p><Sup><a name="78"></a><a href="#top78">78</a></Sup> III, 30; XXXVII, 17; XLI, 15; LXXXV, 105; CVIII, 22; CXVII, 22.</p>       <p><Sup><a name="79"></a><a href="#top79">79</a></Sup> CIX, 23.</p>       <p><Sup><a name="80"></a><a href="#top80">80</a></Sup> LII, 34.</p>       <p><Sup><a name="81"></a><a href="#top81">81</a></Sup> IV, 19.</p>       <p><Sup><a name="82"></a><a href="#top82">82</a></Sup> CVIII, 22.</p>       <p><Sup><a name="83"></a><a href="#top83">83</a></Sup> XLI, 17, 20, 21.</p>       <p><Sup><a name="84"></a><a href="#top84">84</a></Sup> XXXVII, 24.</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p><Sup><a name="85"></a><a href="#top85">85</a></Sup> CXVII, 36.</p>       <p><Sup><a name="86"></a><a href="#top86">86</a></Sup> LXXXII, 5.</p>       <p><Sup><a name="87"></a><a href="#top87">87</a></Sup> CIX, 28; XLI, 12.</p>       <p><Sup><a name="88"></a><a href="#top88">88</a></Sup> IV, 19; XXXVII, 17; CVIII, 21; CXVII, 21.</p>       <p><Sup><a name="89"></a><a href="#top89">89</a></Sup> II, 9.</p>       <p><Sup><a name="90"></a><a href="#top90">90</a></Sup> LII, 14.</p>       <p><Sup><a name="91"></a><a href="#top91">91</a></Sup> LII, 13.</p>       <p><Sup><a name="92"></a><a href="#top92">92</a></Sup> LXXXII, 16; LXXXII, 19.</p>       <p><Sup><a name="93"></a><a href="#top93">93</a></Sup> III, 25; IV, 19; XXXVII, 17; XLI, 11; CVIII, 24; CXVII; 24.</p>       <p><Sup><a name="94"></a><a href="#top94">94</a></Sup> III, 26; IV; 19; XXXVII, 17; CVIII, 24.</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p><Sup><a name="95"></a><a href="#top95">95</a></Sup> III, 27.</p>       <p><Sup><a name="96"></a><a href="#top96">96</a></Sup> CXVII, 32.</p>       <p><Sup><a name="97"></a><a href="#top97">97</a></Sup> III, 28.</p>       <p><Sup><a name="98"></a><a href="#top98">98</a></Sup> IV, 26.</p>       <p><Sup><a name="99"></a><a href="#top99">99</a></Sup> CVIII, 31.</p>       <p><Sup><a name="100"></a><a href="#top100">100</a></Sup> LII, 17.</p>       <p><Sup><a name="101"></a><a href="#top101">101</a></Sup> IV, 25; CVIII, 30.</p>       <p><Sup><a name="102"></a><a href="#top102">102</a></Sup> III, 32.</p>       <p><Sup><a name="103"></a><a href="#top103">103</a></Sup> II, 8.</p>       <p><Sup><a name="104"></a><a href="#top104">104</a></Sup> XLI, 9.</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p><Sup><a name="105"></a><a href="#top105">105</a></Sup> IV, 19; XXXVII, 17; CVIII, 23; CXVII, 23.</p>       <p><Sup><a name="106"></a><a href="#top106">106</a></Sup> IV, 19; CXVII, 21.</p>       <p><Sup><a name="107"></a><a href="#top107">107</a></Sup> IV, 20.</p>       <p><Sup><a name="108"></a><a href="#top108">108</a></Sup> IV, 20</p>       <p><Sup><a name="109"></a><a href="#top109">109</a></Sup> LII, 16.</p>       <p><Sup><a name="110"></a><a href="#top110">110</a></Sup> XXXVII, 17.</p>       <p><Sup><a name="111"></a><a href="#top111">111</a></Sup> CVIII, 21.</p>       <p><Sup><a name="112"></a><a href="#top112">112</a></Sup> LXXXV, 94.</p>       <p><Sup><a name="113"></a><a href="#top113">113</a></Sup> LXXXV, 30.</p>       <p><Sup><a name="114"></a><a href="#top114">114</a></Sup> LXXXV, 96.</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p><Sup><a name="115"></a><a href="#top115">115</a></Sup> LXXXV, 31.</p>       <p><Sup><a name="116"></a><a href="#top116">116</a></Sup> LXXXV, 32.</p>       <p><Sup><a name="117"></a><a href="#top117">117</a></Sup> LXXXV, 33.</p>       <p><Sup><a name="118"></a><a href="#top118">118</a></Sup> LXXXV, 36.</p>       <p><Sup><a name="119"></a><a href="#top119">119</a></Sup> LXXXV, 70.</p>       <p><Sup><a name="120"></a><a href="#top120">120</a></Sup> LXXXV, 38.</p>       <p><Sup><a name="121"></a><a href="#top121">121</a></Sup> LXXXV, 39.</p>       <p><Sup><a name="122"></a><a href="#top122">122</a></Sup> LXXXV, 41.</p>       <p><Sup><a name="123"></a><a href="#top123">123</a></Sup> LXXXV, 101.</p>       <p><Sup><a name="124"></a><a href="#top124">124</a></Sup> LXXXV, 98, 99, 100.</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p><Sup><a name="125"></a><a href="#top125">125</a></Sup> LXXXII, 5.</p>       <p><Sup><a name="126"></a><a href="#top126">126</a></Sup> XCV, 5.</p>       <p><Sup><a name="127"></a><a href="#top127">127</a></Sup> XXXVII, 4.</p>       <p><Sup><a name="128"></a><a href="#top128">128</a></Sup> CXVII, 4.</p>       <p><Sup><a name="129"></a><a href="#top129">129</a></Sup> XXXVII, 15; CXVII, 20.</p>       <p><Sup><a name="130"></a><a href="#top130">130</a></Sup> XXXVII, 6.</p>       <p><Sup><a name="131"></a><a href="#top131">131</a></Sup> XXXVII, 16; CVIII, 27.</p>       <p><Sup><a name="132"></a><a href="#top132">132</a></Sup> LII, 38.</p>       <p><Sup><a name="133"></a><a href="#top133">133</a></Sup> IV, 6; CVIII, 6.</p>       <p><Sup><a name="134"></a><a href="#top134">134</a></Sup> II, 12.</p>       ]]></body>
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