1. Introducción
Eso es lo que yo veo, un hombre que no se da cuenta de que le están desarraigando de su esencia natural, un hombre que no se está dando cuenta de que le están quitando derechos [...] está completamente sometido al imperativo femenino y que es incapaz de ver lo peligroso que es esto. (Jota Vallenilla en Red Pill Podcast 27, 2024, 36:21 min.)
Con estas palabras, Jota Vallenilla, presentador de Red Pill Podcast (2020-) y “asesor en masculinidad”, advierte sobre los cambios sociales en los discursos contemporáneos relativos a la identidad masculina. Su propuesta enfatiza la construcción de una sociedad de “hombres fuertes, decididos y buenos, que tengan un propósito de vida y que desarrollen cierto amor por los valores que nos han traído hasta aquí” (Novoa 2024). Al igual que otros influencers como Amadeo Llados o Roma Gallardo, Vallenilla se posiciona como una figura de referencia en redes sociales, donde los discursos sobre masculinidad oscilan entre posturas masculinistas que reclaman “actos de virilidad digital” y caen en la misoginia (Moloney & Love 2018), y la deconstrucción de la masculinidad hegemónica (García-Mingo & Díaz Fernández 2023). Estas narrativas encuentran su fundamento en el Movimiento por los Derechos de los Hombres (MDH), corriente que surgió en los años 1970 como una reacción crítica al feminismo de la segunda ola y que sostenía que los hombres también enfrentan formas de discriminación, como la custodia de los hijos o el servicio militar obligatorio. Uno de los textos más influyentes en esta línea es The Myth of Male Power (Farrell 1993), ensayo que contiene capítulos titulados “Cómo los hombres exitosos liberaron a las mujeres (pero se olvidaron de liberarse a sí mismos)”1, teorizando sobre la superioridad masculina y reforzando conceptos como el de “masculinidad tóxica”.
Este concepto, caracterizado por la necesidad de competir agresivamente y dominar a los demás (Kupers 2005), se refuerza a través de actitudes machistas y misóginas, en contraposición a la emergente “nueva masculinidad”, que se configura como un constructo mediático que promueve mensajes nocivos sobre manipulación, violencia y adicciones (Sinay 2016). Esto se observa en las redes, con influencers, que actúan como coaches y promueven una masculinidad centrada en el crecimiento personal, el emprendimiento y el entrenamiento físico como claves del éxito del hombre contemporáneo. Contra estos discursos, otros influencers, como David Pareja y Daniel Fez, adoptan un enfoque crítico mediante el humor subrayando el fracaso perpetuo que experimentan los seguidores de dichos coaches, en la línea de la performatividad y la subversión como trasfondo de la comicidad que postulara Messner (2002).
Este artículo se enfoca en los discursos sobre la deconstrucción masculina y su representación en la serie de televisión Machos Alfa, creada por los directores y guionistas españoles Laura y Alberto Caballero para su distribución global en Netflix. A través de los personajes de Santi (Gorka Otxoa), Luis (Fele Martínez), Pedro (Fernando Gil) y Raúl (Raúl Tejón), se explora la diversidad de modelos de masculinidad y sus contradicciones en el contexto social contemporáneo español, abordando temas como el desempleo, la sexualidad, el feminismo, la paternidad y la gestión emocional. Así, se analizan textualmente las tres temporadas emitidas (2022-2024) para examinar los conflictos masculinos en la narrativa y reflexionar sobre los discursos de género que emergen de la evolución psicológica de los protagonistas.
2. Estudios de masculinidad
2.1. Conceptualización
Los estudios de la masculinidad han adoptado un enfoque multidisciplinar que la define como un discurso intertextual y culturalmente construido, en sintonía con los estudios de género y las teorías queer (Blanco-Herrero et al. 2021). Actualmente, el análisis de las masculinidades incorpora la interseccionalidad para problematizar su vínculo con el poder, la violencia y el control sobre las mujeres (Alonso & Moura 2021). En este contexto, la identidad masculina se configura de manera contradictoria debido al cuestionamiento del paradigma patriarcal, el cual ha condicionado históricamente su desarrollo social. La deconstrucción de dicho paradigma no solo permite revisar las estructuras de dominación, sino que también libera a los hombres de la exigencia de ejercer un poder impuesto que los perjudica (Zurián Hernández 2011). Badinter (1993, 18) sostiene que la crisis identitaria masculina es consecuencia de las relaciones de género patriarcales al restringir el desarrollo emocional de los hombres. Así, el proceso de “hacerse hombre” se concibe como una competencia basada en pruebas y demostraciones constantes para alcanzar el ideal del “hombre de verdad”.
La masculinidad hegemónica perpetúa una jerarquía de género basada en la dominación masculina sobre las mujeres (Connell 1995), constituyendo un ideal que requiere un esfuerzo constante para ser alcanzado y mantenido (Gilmore 1994). Según Bonino (2002), se sustenta en cuatro ideologías: patriarcado, individualismo moderno, exclusión de la otredad y heterosexismo homofóbico. Este modelo se manifiesta en comportamientos masculinos hiperbólicos y autoprotectores frente a lo considerado femenino, mediante expresiones físicas como el puño cerrado, la mirada fija, y posturas corporales específicas (Blanco-Herrero et al. 2021). En tanto fenómeno cultural, ideológico y social, esta masculinidad se presenta como un modelo prescriptivo que sigue vigente, especialmente en los medios de comunicación, donde los estereotipos masculinos son explotados y reproducidos (Vasquez del Águila 2013).
La construcción de la masculinidad como práctica social es un proceso complejo influenciado por diversos factores. La “masculinidad” se entiende como el conjunto de prácticas mediante las cuales hombres y mujeres se posicionan en relación con el género, y la interacción entre poder y emoción da lugar a múltiples formas de masculinidad (hegemónicas, subordinadas, marginadas y oposicionales), las cuales coexisten e interactúan en contextos históricos específicos (García Cortés 2004). Los modelos masculinos fuera de la modalidad hegemónica aún carecen de la legitimación social necesaria para convertirse en organizadores de identidades masculinas (Bonino 2002).
Conceptos como “soft man”, “new man”, “Peter Pan” o “macho alfa” han sido ampliamente abordados por los estudios críticos para categorizar los diversos modelos de masculinidad como respuesta de aquellos hombres en crisis que intentan adaptarse a nuevas expectativas culturales y afectivas pero que sienten que se les ha despojado de su lugar (Faludi 1999). Tales modelos suelen ser invalidados o ridiculizados por la masculinidad hegemónica, basada en actitudes y comportamientos como la autosuficiencia, la competitividad, la violencia, el dominio sobre los demás, la ocultación de la vulnerabilidad, la evasión del cuidado, el poder sexual, la homofobia y el sexismo (Téllez Infantes & Verdú Delgado 2011).
2.2. La (de)construcción de la masculinidad y la igualdad de género
Los estudios de género proponen una (de)construcción de la masculinidad hegemónica tradicional que busque superar los paradigmas de dominación, sexismo, racismo y homofobia que han prevalecido históricamente (Checa & Cid del Prado 2003, 38), sugiriendo que es necesario desaprender “conductas que son consideradas como naturales, pero perpetúan la desigualdad” y, por otro, aprender “otras nuevas que avancen hacia una igualdad más real” (Navarro Lashayas et al. 2023, 52). En este sentido, la homosociabilidad, entendida como la compañía de los semejantes fomentada entre los varones que buscan la vida en grupo, actividades y deportes colectivos (Badinter 1992), tiene que ver con la necesidad de romper con una cultura familiar femenina y crear otra masculina. Así, mientras las mujeres son socializadas en la individualidad, los varones tienen establecida la importancia de grupo, de los iguales (la guerra, deportes como el fútbol…) (Bernárdez Rodal 2018). Este cuestionamiento de las estructuras socioculturales ha impulsado la visibilización de problemáticas históricas y ha dado lugar a nuevas propuestas sobre modelos relacionales entre hombres y mujeres, integradas en las políticas de género.
Según los Men’s Studies, la diversidad de masculinidades exige un alejamiento de la homogeneización de los “hombres no normativos” (Navarro Lashayas et al. 2023), reconociendo que, al igual que en el caso de la feminidad, existen múltiples masculinidades que coexisten en el contexto contemporáneo. Aunque estas nuevas masculinidades no representan una ruptura total con la hegemonía masculina, introducen manifestaciones diversas (Boscán Leal 2008) que se agrupan en la “masculinidad disidente”, un concepto que abarca representaciones relacionadas con la sexualidad, raza y clase social, y promueve una mayor apertura e integración. Así, Groes-Green (2012) aboga por explorar estas manifestaciones contradictorias para evitar la categorización universal y comprender mejor las múltiples subjetividades masculinas y sus contextos.
Autores como Figueroa-Perea (2016) y Soto Guzmán (2014) argumentan que la reflexión sobre la masculinidad permite abordar cuestiones clave como la construcción de códigos morales, la interacción de los individuos con las instituciones, la influencia de las normatividades y las posibilidades de transgresión, además de explorar su transformación en diversos contextos. En este sentido, Martín Vidaña (2019, 94) subraya que la búsqueda de la igualdad de género debe implicar también a los varones, no solo en el ámbito teórico, sino también en la práctica de la equidad y la justicia “pues algunos colectivos de hombres, en oposición a la forma histórica y cultural construida de ser hombres, son conscientes de la necesidad de cambio en la actual sociedad a favor de la igualdad de género”.
Las nuevas masculinidades (de)construidas pueden entenderse tanto como un motor de cambio social como una transformación superficial con un alcance limitado (Checa & Cid del Prado 2003). Kimmel (2000) destaca la necesidad de incorporar la crítica feminista y los estudios queer en su conceptualización, considerando variables como la clase social, la edad y la orientación sexual. Así, el estudio de las masculinidades debe integrarse en los estudios de género, valorando las aportaciones de los “hombres (de)construidos” en la promoción de masculinidades contrahegemónicas que favorezcan la igualdad. No obstante, a pesar del creciente interés académico en este ámbito, los estudios sobre nuevas masculinidades siguen siendo minoritarios frente a los centrados en la masculinidad hegemónica, lo que evidencia un desafío en el desarrollo de esta línea de investigación.
En la actualidad, persiste un debate dentro del feminismo en torno a las “nuevas” masculinidades, cuyos discursos son interpretados como una estrategia ambigua, en la que dichas propuestas son consideradas como respuestas a la crisis de la masculinidad hegemónica sin un verdadero potencial transformador desde posiciones poco progresistas. A partir de estas consideraciones, se propone la necesidad de abolir la propia masculinidad en lugar de crear nuevos modelos con el fin de alcanzar una sociedad igualitaria sin mandatos de género. En esta línea, Ranea Triviño (2021) considera que en las denominadas “nuevas masculinidades” subyacen las viejas y afirma que el feminismo debe siempre sospechar o desconfiar sobre aquellos varones que se autoproclaman feministas al colocarse en una posición que no suponga detonar el pacto patriarcal.
3. Metodología
Gran parte de los estudios sobre la representación de la masculinidad en los medios audiovisuales se centran en analizar su percepción social, identificar estereotipos, prejuicios y mandatos de género presentes en las imágenes. Desde la década de 1990, la masculinidad se ha diversificado como objeto de estudio debido al creciente uso de métodos y teorías aplicadas al análisis textual de lo masculino en diversos campos como la literatura, cine, televisión, publicidad y otros medios (Martín Alegre 2007). En este contexto, la televisión se erige como un medio clave para proponer nuevos modelos de masculinidad al ser un espacio que influye en la construcción de arquetipos, roles y comportamientos. Según Menéndez Menéndez y Zurián Hernández (2014), la ficción televisiva contemporánea facilita la aparición de nuevos discursos que cuestionan las bases androcéntricas y heteronormativas de los discursos mediáticos.
Junto a las investigaciones de Medina Abenoza (2015), Durán Manso (2015), Pichel Vázquez et al. (2019), Menéndez López (2023) y Del Castillo e Iturbe (2023), que abordan la masculinidad en las series de televisión españolas, la metodología propuesta por Guarinos (2013) para el estudio de personajes masculinos ofrece un análisis pormenorizado de este tipo de perfiles. A nivel narrativo, la autora se detiene en cuestiones emocionales, sociales y culturales que vehiculan la construcción de este tipo de personajes. La ficha propuesta (Tabla 1) permite profundizar en la representación de los protagonistas: Santi (Gorka Otxoa), Luis (Fele Martínez), Pedro (Fernando Gil) y Raúl (Raúl Tejón).
Tabla 1 Ficha de análisis de los personajes
| Datos de nivel de relato: el personaje como persona | |
|---|---|
| Nombre | |
| Edad | |
| Profesión | |
| Situación sentimental | |
| Registro de ítems de masculinidad | |
| Expresa sus sentimientos | |
| Cuida su aspecto físico | |
| Expresa comentarios homófobos | |
| Posee comportamiento homófobo | |
| Colabora en labores domésticas (limpieza, ropa…) | |
| Hace la compra | |
| Cocina | |
| Comparte tiempo de ocio con los hijos (si los tiene) | |
| Cuida a los hijos (si los tiene) | |
| Antepone su familia a su trabajo | |
| Antepone su familia a sus aficiones | |
| Colabora con compañeras de trabajo | |
| Ejerce violencia en el ámbito familiar/ profesional | |
| Acepta a las mujeres como superiores profesionales | |
| Alienta a la mujer en el ascenso profesional | |
| Tiene amistades femeninas | |
| Permite la toma de decisiones a la mujer | |
| Se siente superior a la mujer | |
| Cambia de actitud ante hombres o mujeres | |
| Le preocupan temas tradicionalmente masculinos | |
| Aficiones de ocio masculinas | |
| Toma la iniciativa en las relaciones sexuales | |
Fuente: Guarinos 2013, 223-226.
3.1. El universo de los Caballero
Los hermanos Caballero, Alberto (Madrid, 1973) y Laura (Madrid, 1978), son conocidos como creadores y guionistas de la serie Aquí no hay quien viva (Antena 3: 2003-2006) y La que se avecina (Telecinco: 2007-), de la que también son directores. En sus inicios, como sobrinos del productor José Luis Moreno, trabajaron en Escenas de matrimonio (TVE: 2002-2004; Antena 3: 2004; Telecinco: 2007-2009) y en A tortas con la vida (Antena 3: 2005-2006). Fundadores de la productora Contubernio Films, los Caballero han cultivado en sus proyectos cierta predilección por la comedia costumbrista española o, como ellos mismos denominan, “una crónica del tiempo que estamos viviendo” (Zárate 2023). Recientemente, han estrenado las comedias El pueblo (Amazon Prime Video: 2019-2024) y Muertos S.L (Movistar Plus+: 2024-).
Machos Alfa aparece en el catálogo de Netflix el 30 de diciembre de 2022, aunque inicialmente se había previsto como película. Con 10 capítulos por temporada (tres ya emitidas2), la serie se centra en los cambios que experimentan en sus vidas cuatro cuarentones madrileños: Santi (Gorka Otxoa), Luis (Fele Martínez), Pedro (Fernando Gil) y Raúl (Raúl Tejón). Sus creadores, que han dado el salto desde las cadenas en abierto a una plataforma con un público global como Netflix, profundizan en “nuestra propia cultura, nuestros propios hábitos y nuestras propias inercias para darnos cuenta que, de algún modo, ya no valen [...] creo que eso es lo que va a generar debate” (Bermúdez 2023). Junto a los guionistas Daniel Deorador y Araceli Álvarez de Sotomayor, se conforma un equipo paritario buscado conscientemente. La serie busca narrar “algo contemporáneo sobre algo que está sucediendo, no trata de posicionarse sino de contar, en tono de comedia realista, lo que estamos viviendo todos. Evitamos ser un panfleto profeminista o que sea una reivindicación del machirulo clásico” (Marcos 2022).
Los cuatro amigos parecen experimentar una crisis existencial, detonada bien por circunstancias laborales, familiares y/o amorosas que les llevan a cuestionar su identidad y masculinidad. Enfrentados a una nueva terminología que los obliga a una adaptación acelerada, su proceso de aprendizaje se inicia con el curso “Machirulos en deconstrucción”, dirigido por un gurú especializado. Este contexto propicia la reflexión y el debate, aunque la asimilación de estos conceptos varía según la experiencia individual de cada personaje. Por ello, mientras Alberto señala que “si algún hombre se cabrea viendo la serie, es buena señal porque le está llegando el discurso”, Laura destaca que “puede hacer reflexionar a mujeres que todavía no se han dado cuenta de lo que tienen al lado” (Palenzuela 2022).
4. “Hacerse a ese nuevo hombre que nos pide la sociedad, cuesta”
4.1. Relaciones homosociales: la amistad
La crisis de valores que atraviesan los protagonistas refuerza sus vínculos de amistad y los impulsa a cuestionar sus concepciones sobre la masculinidad. Este proceso de deconstrucción surge como una respuesta a las nuevas realidades personales y sociales, aunque persisten resistencias en la expresión emocional dentro del grupo. Santi adopta una postura reflexiva y pedagógica que genera tensiones: Luis intenta adaptarse con cierta distancia, Raúl solo exterioriza sus emociones bajo presión y Pedro rechaza abiertamente estas dinámicas por considerarlas femeninas. La necesidad de cambio los conduce a participar en el curso “Machirulos en deconstrucción”, donde Santi y Luis reconocen su machismo, mientras que Raúl expresa incomodidad y Pedro rechaza frontalmente la iniciativa, reafirmando su resistencia a la transformación identitaria. Es entonces cuando el instructor, Patrick (Santi Millán), afirma:
Tranquilos, pasa en todos los cursos, volverá. Pero lo importante es que vosotros sí que estáis aquí [...] porque habéis decidido deshaceros de los roles de la masculinidad tóxica y transitar hacia un nuevo concepto de lo que significa ser hombre. A partir de ahora sois ‘Machirulos en deconstrucción’. (1x1, “En deconstrucción”)
Los discursos sobre la nueva masculinidad propuestos por la sociedad y los medios de comunicación se distancian del modelo hegemónico tradicional, caracterizado por la homosocialidad, el falocentrismo y la dominación patriarcal (Guarinos 2013). En este contexto, los personajes de Machos Alfa emprenden un proceso de aprendizaje y autodescubrimiento que los posiciona de manera cada vez más polarizada. Su inseguridad, falta de ambición y ausencia de liderazgo se asocian con la vulnerabilidad, a pesar de mostrar un mayor compromiso con la igualdad. Santi y Luis asumen que sus valores son cuestionables y relativos, lo que no perciben como una debilidad, sino como una transformación necesaria. Ambos representan un modelo de masculinidad “igualitario, respetuoso, sensible, inteligente y capaz de cuidar de su familia sin ayuda de la mujer”, que, desde la masculinidad hegemónica, encarnan el arquetipo de “bobo amable” o “calzonazos” (López Rodríguez et al. 2013, 93).
“Las relaciones de amistad masculinas surgen en el trabajo o en la práctica de una actividad física” (Cuenca Orellana 2019, 105), pero esta ruptura se aprecia en escenas de la segunda temporada, como cuando compran juntos en el supermercado y Pedro reflexiona “ahora sí que somos hombres blandengues” (6x2, “¿Un lunes?”). Así, la evolución de Santi y Luis se contrapone a las convicciones de Raúl y Pedro, lo que supone un distanciamiento en la amistad de los cuatro. El autocuestionamiento revela su vulnerabilidad, un aspecto que no todos aceptan de forma natural, puesto que Pedro y Raúl lo esconden e ignoran para evitar una desestabilización emocional. De hecho, Raúl es el personaje más manipulable cuando está en presencia de Pedro, al que imita por su fuerte liderazgo. Su masculinidad hegemónica se detecta en su racionalidad, individualismo aun perteneciendo a un grupo de amistades, ambiciones, competitividad, liderazgo, agresividad e, incluso, manipulación y/o dominio sobre otros.
Asimismo, la homosexualidad, como trama de la segunda temporada mediante los personajes de Diego (Víctor Massán) y Rafa (Raúl Peña), representa un detonador de vulnerabilidades y cuestiona la masculinidad hegemónica de los protagonistas. Raúl, alejado de sus amigos, experimenta sexualmente con Rafa a pesar de considerarse heterosexual. De hecho, esos encuentros se repiten en la última temporada, incluida la propia boda de Raúl. El distanciamiento de este personaje con el grupo detona los celos de Santi, Pedro y Luis al percibir una posible ruptura, pero Raúl considera que con sus nuevas amistades puede hacer nuevas actividades fuera de las cañas y del pádel.
4.2. Clase social: el ámbito laboral como espacio masculinizante
La clase social se aprecia en los espacios habitacionales de los personajes, evidenciando su poder adquisitivo y estatus social. Santi y Luis residen en un piso de clase media, compartido con sus respectivas familias, aunque el primero mejora su posición al mudarse a la casa que comparte con su ex y retomar su carrera como arquitecto. Raúl, en contraste, carece de propiedad propia y depende de la ayuda de terceros hasta la tercera temporada, cuando se independiza en un apartamento céntrico con una estética industrial y elementos simbólicamente masculinos, como una mesa de billar y una zona de videojuegos. Por su parte, Pedro es el único que habita un gran chalet, reforzando su rol dentro del grupo como el representante del modelo hegemónico de masculinidad o “macho alfa”.
En el ámbito laboral, Santi, inicialmente tasador, redefine su trayectoria profesional tras su proceso de deconstrucción, influenciado por su divorcio y conflictos con Blanca (Cayetana Cabezas). En la segunda temporada, su oficina adquiere relevancia como espacio debido a su relación con la hija del jefe, cuya obsesión por obtener consentimiento expreso para mantener relaciones sexuales deriva en un malentendido que le cuesta su empleo. Luis, en cambio, se mantiene en una rutina profesional como policía local, priorizando un posible ascenso y la paternidad sobre su relación sexual con su esposa. En ambos casos, el ámbito laboral pierde protagonismo en la tercera temporada, mostrando que la situación de Raúl es la más inestable: tras perder el bar que compartía con su pareja debido a su infidelidad, se ve obligado a depender de sus amigos y posteriormente de su nuevo socio, Diego, aunque su falta de responsabilidad laboral persiste.
Pedro, el personaje más privilegiado económicamente, enfrenta una crisis de identidad tras ser despedido de su puesto directivo en una productora de televisión y ser sustituido por una mujer, lo que interpreta como una estrategia: “¿De verdad crees que voy a poner mi brillantez al servicio de una oportunista escogida a dedo para hacer un feminiwashing a la empresa?” (1x2, “Lo que te absorbe es la vida”). Su desempleo le genera vergüenza, llevándolo a fingir que renunció voluntariamente, incluso ante su pareja, Daniela (María Hervás). A medida que ella alcanza el éxito como influencer, Pedro percibe una amenaza a su masculinidad, lo que se traduce en actitudes despectivas y en la creación del curso “Reconstrucción de la virilidad”, en el que declama discursos tales como “con vuestro pene se habla, siempre está ahí, es el mejor amigo. Si descuidáis la mejor relación de vuestra vida, mal” (1x9, “El Moisés de los machirulos”). Su resistencia al cambio y su arrogancia provocan la ruptura con Daniela, quien señala: “entre tu ego y yo, ha ganado tu ego” (1x10, “O falla el temario o fallamos nosotros”). A diferencia de Luis y Santi, quienes reconfiguran su identidad en función del amor y la paternidad, Pedro se erige como defensor de los valores tradicionales de la masculinidad, posicionándose como contrapunto a los modelos deconstruidos representados en la serie.
En la segunda temporada, Pedro es contratado como director de ficción en una productora liderada por Ángela (Cayetana Guillén Cuervo), donde, en un juego metanarrativo, logra impulsar la serie Machos Alfa pese a la resistencia de sus compañeras. Su experiencia toma un giro significativo cuando se convierte en objeto de acoso por parte de Ángela, lo que le conduce al despido de esta y al propio ascenso de Pedro en la empresa. No obstante, lejos de problematizar esta situación, Pedro utiliza su promoción como una reafirmación de su estatus profesional y de su rol como “varón sustentador” (De Miguel 2015). Este comportamiento genera hostilidad en su entorno laboral, una dinámica que se intensifica en la tercera temporada con la llegada de una nueva jefa, Paz (Irene Arcos), con quien desarrolla una relación marcada por las discusiones y el sexo esporádico, colocándolo en una posición ambigua respecto al poder y la masculinidad.
4.3. Las relaciones amorosas y familiares
En la esfera privada, las relaciones amorosas desempeñan un papel central en la construcción identitaria de los personajes masculinos. Tradicionalmente, la ficción ha vinculado a las mujeres con el hogar, la familia y la pareja, asociándolas con la vulnerabilidad. Santi representa a un hombre en proceso de adaptación a las nuevas masculinidades. Su desestabilización tras la ruptura con Blanca lo lleva a enfrentarse a la dificultad de establecer vínculos emocionales en un contexto de “relaciones líquidas” - que postulara Bauman (2022) -, representadas a través de citas fallidas en la primera temporada. Posteriormente, su relación con Irene (Paloma Bloyd), escritora y activista feminista reacia al compromiso, intensifica su cuestionamiento sobre los modelos tradicionales de masculinidad. Su reflexión sobre el cambio identitario se explicita cuando afirma: “hacerse a ese nuevo hombre que nos pide la sociedad, cuesta” (10x2, “Para una vez que nos juntamos”). La serie evidencia así las tensiones y condicionantes socioculturales que sostienen el poder patriarcal en la esfera privada, tanto en el rol de esposos como en el de padres.
Luis tiene un matrimonio aparentemente consolidado, pero una vida sexual “inexistente”, como dice Esther (Raquel Guerrero). En un inicio, recurre a su doctor por una falta de testosterona, que oculta a sus allegados en tanto cree que atenta contra su virilidad. Su falta de libido provoca que Esther recurra a un amante, a pesar de arrepentirse al final de la primera temporada. Por ello, acuerdan acudir a terapia de pareja, una medida que se dilata hasta la tercera con un cierre que revela la permanencia de estos problemas. En este sentido, Pedro y Raúl se mofan de la crisis matrimonial de Luis, puesto que piensan que es fruto de su “nueva masculinidad” sin valorar los constantes intentos de la pareja por mantenerse juntos, como visitar un local de swingers para innovar sexualmente.
La infidelidad también es una cuestión que se aborda con asiduidad en el arco del personaje de Raúl. Tras tres años de relación con Luz (Kira Miró), cuya ruptura se produce ante la apertura de la pareja para experimentar con el poliamor y una infidelidad previa de Raúl, este se ve arrastrado por los celos y la desesperación. En la serie, las acciones del personaje vienen determinadas por las decisiones de Luz en su vida, acentuando no solo su dependencia emocional, sino también su sentimiento de inferioridad e inseguridades. Así, Raúl intenta buscar relaciones que provoquen los celos de ella, pero su independencia solo deriva en una mayor desesperación. En la tercera temporada y ante la decisión de Luz de probar el amor libre, ambos mantienen relaciones sexuales sin compromiso. Sin embargo, esta se compromete con Alicia (Alicia Rubio), por lo que Raúl compite afianzando su relación con Marimar (Marta Hazas) hasta el punto de casarse a pesar de su falta de sentimientos.
En cuanto a las relaciones familiares, tradicionalmente se ha representado al hombre como cabeza de familia, con autonomía y capacidad de control y decisión, una imagen que se subvierte constantemente en la serie. En la primera temporada, la paternidad es experimentada por Santi y Luis. El primero lidia con su hija Álex (Paula Gallego), siendo esta el principal motor que lo empuja a buscar pareja. En cambio, Luis tiene dos hijos pequeños en los que centra toda su atención, siendo el motivo inicial de la crisis matrimonial, enfrentándose progresivamente al despertar sexual de sus hijos. No es hasta la tercera temporada cuando Pedro también explora la paternidad, abarcando, desde su rechazo, miedos y dudas hasta la sobreprotección de Daniela. Es más, también se explora cómo Pedro siente que su virilidad es dañada cuando descubre que sufre astenozoospermia (“espermatozoides lentos o vagos”), escondiendo su esterilidad a Daniela.
5. Conclusiones
En las últimas décadas, el feminismo ha redefinido los roles de género en la ficción, fomentando representaciones femeninas alejadas de estereotipos patriarcales. No obstante, la (re)construcción de las masculinidades sigue siendo un desafío debido a la persistencia de estructuras de poder que dificultan la representación de modelos alternativos. Tradicionalmente, la ficción ha priorizado la amistad y el trabajo a la hora de perfilar personajes masculinos, relegando a un segundo plano las tramas románticas y familiares. Machos Alfa subvierte precisamente esta tendencia al situar el amor y la paternidad como ejes centrales del desarrollo de sus protagonistas. En conexión con el concepto de performatividad de género de Butler (2001), la serie evidencia cómo los personajes negocian nuevas formas de ser hombre que van más allá de los estereotipos tradicionales, de forma que puede entenderse como una crítica a la rigidez de las normas de género, y a un intento de mostrar cómo los hombres pueden reconfigurar su identidad a través de nuevas prácticas. Asimismo, se analiza la homosociabilidad masculina, consolidada desde la infancia en espacios de socialización heteronormativos, como el deporte o el alcohol, que funcionan como escenarios de intimidad y refuerzo de la identidad grupal. A diferencia de la socialización femenina, marcada por la individualidad y la sororidad como estrategia feminista, la identidad masculina se ha construido en función de la colectividad, un elemento clave en la narrativa de la serie.
Las prácticas, valores y comportamientos asociados a las diferentes masculinidades moldean a los hombres a través de la virilidad, la fuerza, el poder y la invalidación emocional. En la serie Machos Alfa, los protagonistas enfrentan una crisis al perder el control sobre sus vidas y experimentar la deconstrucción de la estructura social patriarcal aprendida, lo que genera la pregunta central: ¿quiénes son ahora después de perder su rol social hegemónico? Este cuestionamiento refleja una actitud propia de la masculinidad tóxica, caracterizada por una sensación de amenaza. La narrativa de la serie subraya que los hombres han construido su identidad en oposición a lo femenino, pero también muestra la diversidad en el abordaje de la (de)construcción de la identidad masculina. A través de la parodia, Machos Alfa subvierte los discursos sobre lo que significa “ser hombre” en la sociedad contemporánea.
Los cuatro protagonistas representan una dicotomía entre la masculinidad débil, asociada con la responsabilidad afectiva, y la masculinidad hegemónica, centrada en la realización personal a través del trabajo y la virilidad. Cada personaje encarna un arquetipo específico: Santi, el “soft man”, un hombre torpe pero bien intencionado; Luis, el “new man”, con una masculinidad protectora y cuidadora; Raúl, el “Peter Pan”, con una masculinidad infantilizada; y Pedro, el “macho alfa”, reflejo de la masculinidad hegemónica. Estos modelos se presentan como víctimas de la adquisición de derechos de las mujeres, lo que puede interpretarse como una defensa del status quo consolidado desde la masculinidad tradicional. En conjunto, estos nuevos discursos en la ficción audiovisual invitan a la reflexión sobre la necesidad de visibilizar personajes que en la ficción rompan con las representaciones estereotipadas de los varones, contribuyendo al debate académico y social sobre la identidad masculina.














